El Flaco Ildefonso Rubio

Autor: La Tercera

En la década de los 50, se dijo que Rangers contrataba a sus arqueros por metros, en alusión a la estatura de los argentinos Walter Berhends y Arturo Rodenak, cada uno sobre 1,90 metros. En la década siguiente, los piducanos ficharon a Ildefonso Rubio, de 1,85 y 78 kilos, y al transandino Luis Carrizo, la Chancha Voladora, de 1,88.

Ildefonso Rubio Espinoza nació el 22 de marzo de 1939 en Tomé. Es primo de la cantante Cecilia, la Incomparable. Cumplió 78 años (“pero represento 77”, bromea en Rancagua, donde está radicado hace dos años). “El nombre se debe a mi tío Ildefonso, que fue fusilado en la guerra civil española. Muchas veces escribieron Idelfonso, pero no me preocupó porque todo el mundo me llamaba Flaco”.

Rubio practicaba básquetbol y se inició como arquero en el Lord Cochrane penquista a los 17 años. De ahí pasó a Rangers en 1961 y ese mismo año debutó. Defendió a Lota Schwager en tres temporadas (desde 1973 a 1975), volvió a Rangers en 1976 y se retiró al año siguiente. “Fueron 16 años en Primera división y uno solo en el Ascenso (1977). Y jugué en la Copa Libertadores 1970”.

¿Quién fue su ídolo? “Misael Escuti, de Colo Colo. Extraordinario por su elasticidad. Los otros arqueros que admiré: Roberto Rojas, Mario Osbén y Juan Olivares. ¿Si me gusta Claudio Bravo? Totalmente”.

¿Cuál es su partido inolvidable? “Tengo dos: uno bueno y uno malo. El bueno, frente a Colo Colo en el Estadio Nacional, empate 1-1 y atajé muchísimo (septiembre de 1961). El malo, ante Universidad de Chile, también en Ñuñoa. Ganábamos 2-0 y en el segundo tiempo, el Tanque Carlos Campos me convirtió seis goles, los cuatro primeros de cabeza, y perdimos 6-2 (octubre de 1961)”.

¿La jugada que siempre le recuerdan? “Le detuve un penal a Colo Colo, en el Estadio Nacional (minuto 87). Dos minutos más tarde, el árbitro inventó otro penal y mi entrenador, el uruguayo Adolfo Rodríguez, como protesta me ordenó que le diera la espalda al pateador (el mismo Víctor Zelada). Fue gol y después el Tribunal de Penalidades sancionó a Rodríguez (septiembre de 1966)”.

Las manos de Rubio no parecen de arquero. “Se nota en el meñique derecho y en el anular izquierdo que están un poco deformes. Las lesiones más serias fueron en la clavícula izquierda y en el tobillo izquierdo, esto último por una patada del Canilla Díaz, de Coquimbo Unido. Nunca tuve preparador de arqueros y jugaba sin guantes. La primera vez que los utilicé se debió a una gentileza de Manuel Astorga, del Ballet Azul, que me facilitó un par”.

¿Pudo ser golero de Universidad de Chile? “Sí, en 1959 se conversó de un préstamo y fui a la banca en un amistoso en Chillán. El titular fue René Pacheco”.

En 1971 estuvo en los planes de Colo Colo. “Qué bueno que lo menciona. Tengo guardado el recorte. El año anterior había hecho muy buena campaña en Rangers y los dirigentes de Colo Colo estaban molestos con el Loco Araya, con quien después compartí en Lota Schwager. Allí también lo hice con el Gato Osbén”.

¿La mayor goleada en contra? “Siete goles. Perdimos 7-2 con O’Higgins en Rancagua (agosto de 1972) y tres veces me anotó el brasileño Pío da Silva, quien el año anterior había sido mi compañero en Talca”.

¿Una atajada? “En el estadio Santa Laura le paré un penal arriba a Leonel Sánchez, de Universidad de Chile (mayo de 1964)”.

¿La mejor virtud del Flaco Rubio? “Los reflejos. Hasta hoy. Si paso a llevar algo, un vaso por ejemplo, alcanzo a atraparlo en el aire antes de que caiga”.

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