García Márquez: biografía muestra su fascinación por el poder y el duro camino a la gloria

De pronto, cambió su expresión. La sonrisa había desaparecido de la cara de Gabriel García Márquez y se mostraba frío y distante. Gerald Martin comprendió que algo no andaba bien. "Anoche estuve vagando por los Laberintos de la literatura latinoamericana", le dijo. "Tenemos que hablar sobre El otoño del patriarca". Martin temió lo peor: en su libro Journeys through the labyrinth no hablaba muy bien de esa novela. "Creo que tú no eres el hombre para mi biografía. El otoño del patriarca es mi autorretrato: si no te gusta este libro, yo no te gusto", le dijo el Nobel.
Era 1991. Martin había viajado de Londres a La Habana para hablar con García Márquez. Tenía un contrato firmado para escribir su biografía, pero no los contactos para hacerla. Después de semanas, logró que el escritor lo recibiera. Pero García Márquez no quería un biógrafo. Después de tres horas de conversación, el novelista accedió. Con una condición: "No me hagas trabajar", le señaló.
Ahora, sin embargo, todo estaba a punto de irse al tacho de la basura. Todo porque El otoño del patriarca no era de su gusto. "¿Cómo crees que podrás escribir sobre mí?", le preguntó el escritor. Martin sólo atinó a decir: "¡Pero a mi esposa le gusta mucho!". Fue una respuesta absurda, torpe, pero efectiva: Martin sobrevivió y se convirtió en el biógrafo "tolerado".
Publicada en 1971, El otoño del patriarca no es la más popular ni la mejor novela de García Márquez. No es la obra que lo instaló como el escritor más influyente del boom latinoamericano ni la que le aseguró la posteridad. Esa es Cien años de soledad. Sin embargo, es una de las obras que acaso encierra más claves para comprender al hombre y sus obsesiones.
Escrita en la cumbre de su fama, la novela es la historia de un soldado latinoamericano sin educación que llega al poder e instala una tiranía. La figura del Patriarca simboliza a todos los dictadores, pero va más allá: es una proyección de Aureliano Buendía de Cien años de soledad y, a su vez, una representación de su abuelo, el coronel Nicolás Márquez.
Encierra también un reflejo de su patriarca particular, Fidel Castro, y del propio autor, pues recuerda la célebre frase de Flaubert (Madame Bovary soy yo): "El Patriarca, c'est moi: fama, glamour, influencia y poder, por un lado; soledad, lujuria, ambición y crueldad, por el otro", escribe Martin. "El monstruo literario que había creado y que estaba decidido a satirizar y a dejar en evidencia (pero al que posiblemente había envidiado y deseado siempre en otros) encarnaba el fenómeno en que él mismo se había convertido".
Después de casi 20 años de investigación, Martin había comprendido el sentido profundo de El otoño del patriarca. Y mucho más, desde luego. Gabriel García Márquez, una vida, es la más acabada biografía sobre el premio Nobel y su retrato más íntimo. Con el apoyo del escritor, Martin entrevistó a más de 300 personas, entre familiares, amigos y líderes políticos. De Mario Vargas Llosa a Fidel Castro. Consultó miles de fuentes y archivos. Incluso, soportó una noche de lluvia en un banco de la plaza de Aracataca, el pueblo natal del escritor: el Macondo real.
"Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta", le dijo García Márquez. En casi 800 páginas, el investigador británico intenta revelar la esfera secreta del escritor latinoamericano más popular del siglo XX. Un Dickens moderno. Gabriel García Márquez, una vida es una de las grandes novedades de la Feria del Libro y estará disponible el 3 de noviembre.
ESPERANDO A FIDEL
Después de su exhaustiva investigación, Martin se convirtió en autoridad mundial en García Márquez. Con simpatía por el personaje y admiración por su genio, entra en su vida sin eludir las sombras ni sus contradicciones. Barre los mitos que el mismo García Márquez ha sembrado y abre heridas que el escritor no quería ventilar. Las primeras están en su infancia. Si su niñez estuvo llena de magia gracias a los cuentos y supersticiones de sus tías y abuela, estuvo también cruzada por la soledad: su madre lo abandonó cuando no cumplía un año y recién la conoció a los 10. "Y Gabito jamás se sobrepondría a ello, en buena medida, porque nunca conseguiría afrontar los sentimientos que este hecho provocaba en él".
La figura más importante de su infancia fue su abuelo, el coronel Nicolás Márquez. El niño Gabriel quería imitarlo y convertirse en él, quien lo llamaba "Mi pequeño Napoleón". El coronel había matado a un hombre y en su autobiografía García Márquez cuenta una versión heroica de ese episodio. Acá el biógrafo lo aclara: se trató más bien de un lío de faldas.
Ambas figuras definirán la identidad del escritor, sobre todo en sus dos temas obsesivos: el poder y el amor, "el amor por el poder" y "el poder del amor". La guinda la pondrá su padre, el telegrafista vividor de Aracataca, el hombre que lo separó de su madre siendo bebé y que lo inicia sexualmente con prostitutas.
En sus primeros años, además, ocurre la huelga de trabajadores contra la compañía americana United Company. Un paro que acabó en tragedia, con miles de obreros asesinados. Esa fue la primera semilla del antiimperialismo de García Márquez.
Reportero en Bogotá, aprendiz de cineasta en Italia, patiperro y escritor muerto de hambre en París. Una vida que parece mil vidas. Trabaja en Prensa Latina, la agencia de noticias cubana, cuando recién triunfa la revolución. Se enfrenta con "elementos sectarios" y renuncia. Pero lo que más atesora es quedar en gracia con la revolución y, sobre todo, con su líder. Le tomará años lograrlo.
A principios de los 60 su carrera parece en punto muerto. El boom ya despegó y él se quedaba abajo. Sin embargo, en 1967, sus demonios estallan: publica Cien años de soledad y la fama, la gloria y la riqueza lo abrazan.
Tenía todo lo que había soñado, pero la fama comenzó a sobrepasarlo. Y entró en crisis. Entonces, como el patriarca de su novela, decidió manejar su imagen. Se volvió un publicista de sí mismo con el fin de lograr lo que quería. En adelante, "se convertiría en un hombre cuyo poder e influencias no se sustentarían sólo en el éxito público" de sus escritos, sino también en su talento para "moverse entre bambalinas", observa Martin.
Así hace lobby por el Premio Nobel (ver recuadro), se vuelve un activista político y consigue también su mayor anhelo: la amistad de Fidel Castro. Lo buscó por años. Fue uno de los pocos que no firmó la protesta de intelectuales por el caso Padila y en 1975 tuvo la oportunidad: fue invitado a Cuba. Recorrió el país y escribió tres reportajes amigables. Meses después fue invitado a conocer a Castro. El comandante lo hizo esperar un mes en La Habana hasta que fue a buscarlo en un jeep. Desde entonces y pese a todo, se mantiene leal a su patriarca.
Presidente de la Fundación Nuevo Periodismo y defensor de los derechos humanos, apoya un sistema sin libertades. Es una de las contradicciones de un escritor seducido por el poder, el hijo de un telegrafista convertido en estrella y genio de la literatura del siglo xx.
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