Por Pablo Retamal N.Claudio Bravo: la travesía para traer de vuelta a Chile los cuadros robados del maestro del hiperrealismo
Tras 32 años desde su última gran muestra en el Bellas Artes, la familia del pintor y el gestor Benjamín Le-Beuffe revelan el plan para exhibir su colección privada en Chile. Una iniciativa que busca reconectar a las nuevas generaciones con el virtuosismo de un artista que alcanzó la gloria en el extranjero, pero que nunca cortó el vínculo con su origen.

Claudio Bravo Camus murió haciendo lo que más le gustaba, literalmente. El 4 de junio de 2011, mientras daba vida a un cuadro, el pintor hiperrealista se desplomó en su casa de Tarudant, Marruecos. “El murió pintando”, recuerda a Culto su hermana, Ana María Bravo, “Pilia”, como la conoce todo el mundo: “Es un cuadro alargado, de una cortina roja, que no estaba terminado. Quedó con un rayón, porque Claudio cayó, luego llamaron a los médicos. Él había donado un hospital maravilloso que había diseñado él, que incluía una mezquita. Yo no estaba con él, estaba enferma. Murió del corazón, él no se encontraba bien. Tiempo antes me llamó por teléfono y me dijo ‘me estoy encontrando fatal’”. Tenía 75 años.
Desde ahí, fue Ana María quien se hizo cargo del patrimonio de su hermano artista, pues este aún mantenía una colección personal. “Para sus casas, él se quedó con lo mejor que tenía, sus mejores cuadros. No los quería vender. Un año antes de fallecer hizo su testamento, me nombró heredera universal de todos esos cuadros más los que estaban en la galería Marlborough, en Nueva York, para vender”.
Hoy, 15 años después de la muerte del reconocido artista nacional, la idea de Pilia y de la familia Bravo es que ese patrimonio invaluable pueda volver a Chile, su país de origen y del cual se marchó siendo joven para residir en España y luego en Marruecos, desde 1972. La última gran muestra de su obra fue una recordada exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1994, que convocó cerca de 180 mil personas (cifra récord para el organismo), ocasión en la que además donó un cuadro y unas litografías a la institución.

“Yo quisiera llevar los cuadros a Chile porque me gustaría que los vieran los chilenos”; dice Pilia. Para ello, se encuentran trabajando junto al gestor cultural Benjamín Le-Beuffe. “Estamos viendo la opción que algunas obras vengan a Chile y poder exhibirlas. Estamos en conversaciones, no hay nada cerrado en concreto todavía. Estamos hablando con museos y galerías importantes. La idea es mostrar a este artista que ha sido poco visto en nuestro país. Es de los artistas más importantes que tenemos, la gente conoce la obra de (Roberto) Matta y yo creo que Claudio necesita ese espacio en nuestro país”, comenta a Culto.
“Queremos hacer una gran muestra, queremos devolverle al país esta obra. Además, la familia está pensando en dejar alguna parte del legado acá, dejar algo en exhibición. En eso estamos trabajando”, asegura Le-Beuffe. Los detalles finales de cómo se llevarán a cabo tanto la exposición como el resguardo de lo que se quede en Chile se comunicarán más adelante. ¿Cuándo ocurriría todo esto? “Lo ideal sería finales de este 2026 o a inicios del próximo año -dice Le-Beuffe-. Esperamos que el plazo sea un año, no más que eso”.
Por su lado, Isabel Bravo, sobrina del pintor, comenta que el interés por la obra de su tío es tal que incluso otros artistas le han preguntado por ella. “Hay mucha gente más joven, de 30 o 35 años, que quiere a Claudio Bravo. Muchos pintores que ahora están pintando hiperrealismo dicen ser sus discípulos, por ejemplo, (Guillermo) Lorca, a él le encantaría tener obras de Claudio, Se me acercó para comprar. La gente joven lo conoce muy bien. Hay gente que se fascina con él”.
“Claudio está en muchos museos de Nueva York, Alemania o Francia -asegura Pilia-. Es un pintor muy conocido fuera de Chile, está en sitios importantes, lo han comprado los grandes coleccionistas, entonces me gustaría que en Chile lo conocieran un poco más, por eso queremos llevar los cuadros al país. Ya hubo una exposición que tuvo mucho éxito, pero se olvidaron del personaje. En vida no me comentó, pero yo creo que a él le hubiera gustado que se hiciera una exposición de sus cosas en Chile”.

-¿Recuerda cómo fue el momento en que Claudio le dejó sus obras?
- Me dijo ‘Te los voy a dejar a ti y lo que quede en otros sitios’. A mí me pareció un regalo tan enorme que dije voy a hacer una fundación, porque esto me apabullaba. Pero no fue idea de él hacer una fundación. Al final no se hizo, es mucho trabajo, ya no tengo ganas de estar luchando y luchando.
“Llevar una fundación la verdad es que es un trabajo gigantesco -señala Benjamín Le-Beuffe-, requiere de mucha energía. Yo creo que lo importante es traer la obra a Chile, volver a darle el reconocimiento que merece, han pasado 32 años de la última muestra, es harto, hay una generación completa desde ese tiempo. Debemos mostrar esta obra maravillosa. Más allá de la fundación lo importante es volver a tenerlo, y quizás más adelante hacer algo con las obras que van a quedar acá e inspirar a los que vienen. Me parece que eso es lo que debe hacer un artista”.
“Yo lo único que quiero es que se le conozca más en Chile -dice Pilia-, que la gente sepa quién era. Por eso tengo ganas de llevar la colección a Chile. A mi ofrecen ahora llevar sus cuadros a Milán, hay un Palazzo muy importante que quiere hacer una exposición de él. Pero a mí me gustaría llevarlos a Chile para que lo reconozcan y sepan quién es, porque en Europa ya es muy conocido”.

“Fue una estafa”
Pero llegar a este momento no fue fácil. Si las cosas hubiesen seguido un cauce más o menos corriente, Pilia habría tenido las obras de su hermano, las habría guardado y probablemente ya las hubiese expuesto en Chile. Sin embargo, los hechos ocurrieron de otra manera, más dramática.
“Cuando murió Claudio, en 2011, yo estaba muy enferma y le pedí a un amigo que me ayudara a hacer una fundación. Como yo no pude controlarlo al estar enferma, eso no se hizo nunca y los cuadros fueron robados para ser vendidos”, cuenta Pilia. “Este personaje era una persona de mi confianza, que me iba a ayudar con la fundación. Me fue engañando mientras yo estaba enferma, con mucha quimioterapia, muy complicada. No me pude ocupar como debía haberlo hecho, porque no estaba bien. Él se aprovechó de eso para venderlos y yo me fui quedando con pocos cuadros”.
Durante 11 años, el tiempo que Pilia estuvo en tratamiento, este asesor fue llevando los cuadros a la galería Marlborough, en Nueva York, que era con la que trabajaba el propio artista, para venderlos. Eran los cuadros de la colección privada de Bravo. “Los vendió muy baratos, para hacer dinero rápido. Los vendió a un precio menor del que pedía la galería porque quería deshacerse de ellos”, comenta Pilia.
“Fue una estafa -agrega Pilia-. Me da tanta rabia que la verdad no quiero ni acordarme del tema, ha sido muy pesado todo esto, porque (este sujeto) aprovechó mi enfermedad. Luego, mi marido estuvo muy grave y mientras eso fue así tampoco podía estar encima. Claro, aprovechó esos momentos para vender los cuadros. Fue muy difícil por la desilusión de una persona que yo pensaba que era mi amigo y que me estaba ayudando, pero estaba haciendo esto”.

Ya recuperada, y dándose cuenta de lo ocurrido, Ana María emprendió los pleitos legales necesarios para poder recuperar la obra de su hermano. “En Madrid y en Nueva York se hicieron juicios, y así Pilia pudo recuperar parte del legado de Claudio”, comenta Isabel Bravo. “La historia de Claudio se cuenta hasta el 2011 y luego se afirma que Bashir (su asistente) es el representante de Claudio. Queremos que en Chile se entienda que la única persona que puede hoy representar a Claudio es Pilia. Hoy día, en términos legales, para todo el mundo ella es la dueña de la colección personal de Claudio, más todos los derechos de autor y todo lo que se haga en referencia a su pintura. Además es la única persona que puede expertisar cualquier obra”.
Pilia asiente y complementa: “En Madrid siempre me llaman para expertisar, porque de repente puede salir algún cuadro falso, me ha tocado verlo en alguna subasta”. De hecho, Isabel Bravo asegura que uno de los cuadros robados y vendidos fue justamente el que Claudio Bravo se encontraba pintando al momento de fallecer. “Lo llevaron a Nueva York, otra persona lo terminó de pintar ahí y lo vendieron a una galería”.

Hipnosis en el taller
¿Quién era Claudio Bravo? Nacido en Valparaíso en 1936, creció en la zona de Melipilla, y desde pequeño mostró interés y aptitudes descomunales para la pintura. “Pintaba desde niño -cuenta Pilia-. Antes de ir al colegio ya pintaba cosas de niños en las paredes, el Pato Donald, todo lo que veía y le llamaba la atención lo pintaba. Pidió que le dejaran un cuarto para él, y se veía desde pequeño cómo iba creciendo y cómo iba evolucionando su pintura. Ya en esa época estaba impresionado con Dalí, pintó Cristos en las paredes. Desgraciadamente, esa casa fue demolida durante la Unidad Popular. Estuvo en el Colegio San Ignacio, era un pésimo estudiante pero le hacia un dibujito al profesor y pasaba de curso”.
En las vacaciones, su padre lo ponía a trabajar en el campo familiar de Melipilla. “Él decía que quería ser pintor -relata Pilia-, mi padre decía que los pintores se mueren de hambre, que por ningún motivo. Quería que fuera ingeniero, cualquier profesión, menos pintor”. Solo la intervención de un sacerdote del colegio logró torcer la mano del tozudo progenitor y finalmente accedió a que Claudio estudiase pintura en el taller del pintor Miguel Venegas, por las tardes, mientras aún realizaba su escolaridad con los jesuitas.
Con los años, Bravo desarrolló una carrera en Europa, pero nunca se olvidó de su maestro. “Una vez volvimos a Chile, Claudio fue a ver a Miguel Venegas, quien ya estaba muy mayor. Le dijo: ‘Hoy la clase la voy a hacer yo, si no te importa’. Y muchos pintores que estaban estudiando con Venegas preguntaron si se podían ir a Marruecos a seguir pintando con Claudio. Uno de ellos fue Ricardo Maffei. Tuvo muchos alumnos, hartos españoles”.
A pesar de ser un pintor cotizado y famoso, Pilia comenta que Claudio Bravo nunca olvidó sus orígenes en el campo, y de hecho más de alguna de esas enseñanzas usó para sus pinturas de animales. Una de ellas aún la hace reír al recordarla. “En el campo le enseñaron a hipnotizar las gallinas para que se quedaran quietas, él las hipnotizaba y así hacía que las gallinas posaran. Yo nunca supe hacerlo, pero él sabía hacer ese tipo de cosas. Pintó una serie de animales, que son unas litografías. Éramos hermanos pero también muy amigos”.
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