Por Alejandro JofréGuía práctica: cómo capturar los colores del otoño en una foto
Con la llegada de los tonos ocres y una luz más suave, el otoño ofrece un escenario ideal para la fotografía. Especialistas entregan claves para registrar el cambio de entorno sin la necesidad de contar con equipos profesionales.

El otoño no es solo un descenso en los termómetros o la antesala del invierno. Visualmente, es probablemente la estación más dramática del año. Los paisajes se transforman en una paleta natural de tonos cálidos, donde los cafés, los verdes profundos y los dorados alteran la fisonomía de las ciudades y los campos.
Esta media estación, caracterizada por una luz más suave y envolvente, representa una de las ventanas de tiempo más atractivas para la fotografía, tanto para quienes recién se inician como para aquellos que buscan afinar su ojo técnico.
Desde la firma Canon, José Méndez, Marketing Representative de Canon en Chile, coincide en que el ejercicio no se trata únicamente de apuntar y registrar hojas caídas, sino de aprender a observar cómo interactúan la luz, los colores y las texturas en un momento del año que es irrepetible.
Algo similar complementa Pedro Rodríguez, editor de fotografía de La Tercera. “En otoño el sol se encuentra en una posición más baja de lo normal, lo que significa que la luz suele ser cálida y suave, lo que es ideal para hacer fotos durante el día”, explica.
De la ciudad al bosque

En Chile, la geografía juega a favor del lente. Las condiciones para la captura de imágenes varían drásticamente en un par de cientos de kilómetros, permitiendo explorar distintos ecosistemas fotográficos en una misma temporada.
En la zona central, Santiago ofrece espacios de transición evidentes. Pulmones verdes como el Parque Bicentenario, el Parque O’Higgins o el Parque Metropolitano sirven como laboratorios de prueba donde los árboles urbanos comienzan a teñirse de amarillos y ocres.
Más al sur, destinos clásicos como Valdivia o Pucón ofrecen un contexto distinto: la combinación de bosques nativos con las primeras neblinas matinales, generando atmósferas densas que son sumamente fotogénicas.
Este abanico de posibilidades convierte al otoño en una temporada ideal para la fotografía amateur. No es imperativo viajar largas distancias, el cambio de estación ocurre en la plaza de la esquina.
La técnica al servicio de la observación
Uno de los principales activos del otoño es la calidad de su luz. Durante el amanecer y el atardecer -la conocida “hora dorada”-, la inclinación del sol genera una iluminación cálida y direccional. Esto realza los volúmenes, alarga las sombras y aporta profundidad a las imágenes.
“El momento para fotografiar el otoño es durante la hora dorada, que ocurre justo después de que sale el sol y antes de que se pone”, explica Rodríguez. “La luz puede ayudar a captar texturas y las sombras también pueden añadir dramatismo a las fotos urbanas y de paisajes”, añade.
Para exprimir al máximo estas condiciones sin depender de conocimientos técnicos avanzados, los expertos sugieren una serie de ideas prácticas.
7 ideas para hacer fotos durante el otoño
- Administrar la luz: el mediodía suele ofrecer una luz dura y cenital que aplana las imágenes. Privilegiar las primeras horas de la mañana o el final de la tarde garantiza colores más fidedignos y sombras más amables.
- Aprovechar la tecnología con intención: las cámaras y smartphones actuales resuelven gran parte del trabajo en modo automático. Sin embargo, forzar ligeramente la exposición o activar el modo HDR en situaciones de alto contraste puede rescatar detalles que de otro modo se perderían en la sombra.
- Cambiar la perspectiva: el hábito de fotografiar siempre de pie y a la altura de los ojos genera resultados monótonos. Probar ángulos bajos, disparar a ras de suelo buscando las hojas caídas o intentar contrapicados modifica por completo la narrativa de la imagen.
- Definir un punto de fuga o protagonista: ante escenarios saturados de colores y elementos, la mirada del espectador necesita un ancla. Es fundamental elegir un punto de interés claro: un árbol solitario, el vértice de un sendero o un transeúnte.
- Aislar los detalles: los paisajes amplios son el cliché del otoño, pero la escala micro es igual de efectiva. Acercarse a las texturas de la corteza, a las nervaduras de una hoja o a las gotas de rocío atrapadas en una rama permite un enfoque más autoral. Desenfocar el fondo ayuda a aislar estos elementos.
- Estabilidad en baja luz: a medida que los días se acortan, la falta de luz obliga a las cámaras a usar tiempos de exposición más largos. Afirmar el equipo en una superficie sólida o usar ambas manos pegadas al cuerpo es vital para evitar fotos trepidadas o borrosas.
- Buscar el contraste cromático: el otoño es cálido por definición. Para que esos tonos rojizos y dorados resalten aún más, la composición debe buscar contrastes naturales, como incluirlos contra un cielo azul despejado o superficies frías y húmedas.
Más allá del encuadre y la exposición, la fotografía de exteriores requiere tiempo. Las condiciones climáticas que a simple vista parecen desfavorables -como los días nublados, la niebla o las horas inmediatamente posteriores a una lluvia- actúan como difusores naturales gigantes, saturando los colores y eliminando sombras molestas.
El otoño, en ese sentido, premia la paciencia y la capacidad de mirar el entorno habitual con una disposición distinta.
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