Histórico

Japón libera pacientes psiquiátricos para reducir gastos en salud

Debiendo enfrentar la deuda pública más grande del mundo, Yoshihiko Noda, trata de reducir el crecimiento de los gastos en salud que alcanzan 34,8 billones de yenes al año.

En el corredor del Hospital Psiquiátrico St. Pierre al norte de Tokio, una anciana está sentada en el piso junto a un abultado bolso marinero color pardo, con los brazos alrededor de las rodillas, farfullando que la llevan a su casa.

Empacó sus pertenencias muchas veces desde que fue internada por esquizofrenia hace más de 20 años, convencida de que alguien vendría a recogerla, dijo el psiquiatra Manabu Yamazaki, el propietario del hospital.

Su esperanza refleja la del gobierno, que quiere liberar 70.000 camas para reducir la tasa más elevada de internación psiquiátrica entre los países desarrollados, bajando sus 1,8 billones de yenes (US$23.500 millones) en pagos anuales para salud mental. Debiendo enfrentar la deuda pública más grande del mundo y la sociedad con el mayor nivel de envejecimiento, el primer ministro, Yoshihiko Noda, trata de reducir el crecimiento de los gastos en salud del país que alcanzan 34,8 billones de yenes al año.

"En lo único que piensa el gobierno es en bajar los costos médicos", dijo Yugo Miyata, que dirige el Hospital Yokohama Camellia en las afueras de Tokio. "Si los hospitales hacen salir a 70.000 pacientes en forma inmediata, debemos estar preparados para que varios miles vivan sin techo en la calle".

La iniciativa para revertir una política de aislar los casos psiquiátricos que lleva cinco décadas es poco realista porque los pacientes, en su mayoría, no tienen familiares vivos o han estado internados demasiado tiempo como para arreglárselas afuera, y debido al estigma en Japón de tener un familiar enfermo mental, según médicos como Yamazaki y Yuji Okazaki del Hospital Metropolitano Matsuzawa de Tokio.

ESCASO AVANCE
Entre 2004, cuando el ministerio de salud fijó un lapso de 10 años para la reducción, y septiembre de 2009, cuando se llevó a cabo el sondeo más reciente, el número de camas bajó nada más que 6.806, hasta 348.121. En un esfuerzo por acelerar los recortes, el gobierno este año está seleccionando a 25 hospitales psiquiátricos para un programa definitivo que les exigiría retirar por lo menos un 10% de sus camas en un plazo de tres a cinco años y establecer equipos para cuidar a los pacientes liberados en la comunidad.

La imposibilidad de vaciar las guardias muestra la dificultad que enfrenta Noda para reducir los subsidios en un país donde el peso de cuidar a un número creciente de pacientes mayores está recayendo en un grupo cada vez menor de ciudadanos en edad de trabajar. Alcanzar el objetivo del gobierno ahorraría unos 100.000 millones de yenes al año, según Ludwig Kanzler, socio de McKinsey
Co. en Tokio.

Aproximadamente uno de cada tres japoneses será mayor de 65 años en 2025, en comparación con 12% en 1990, estima la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) con sede en París. Los ancianos ocupan casi dos tercios de las camas de hospital en Japón, dijo Ocde en un informe de diciembre de 2009. La atención a enfermos mentales representa 5,2% de los gastos en salud por 34,8 billones de yenes.

En tanto Estados Unidos y Europa occidental comenzaron a cerrar los manicomios y a integrar a los pacientes en la comunidad en los años 1960, en Japón el estigma de la enfermedad mental garantizó que los 1.076 hospitales psiquiátricos del país mantuvieran una tasa de ocupación del 90%.

"Es indudable que el estigma contra las enfermedades mentales es mayor en Japón", dijo Nancy Andreasen, de la cátedra de psiquiatría Andrew H. Woods del Carver College of Medicine de la
Universidad de Iowa, que recibió la Medalla Nacional de Ciencia del Presidente en el año 2000. "Hay una tendencia a tomar a un miembro enfermo de la familia y sacarlo de la vista y esencialmente de la mente".

"El gobierno alentó a que se aislara a los pacientes mentales de la sociedad en los últimos 50 años", dijo Yamazaki, en su oficina del sexto piso de su hospital de 522 camas que reconstruyó hace cinco años por 3.500 millones de yenes. "Debería ser responsable si quiere cambiar la situación. Si dejamos ir a los pacientes, no tienen adónde ir ni qué hacer".

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