Jorge Pellicer: "Las opciones de los futbolistas chilenos jóvenes se acotan"

Autor: La Tercera

El DT de Audax Italiano, club vivero de la última Roja, es uno de los técnicos nacionales más exitosos de los últimos 10 años, con dos títulos de liga chilena, uno venezolano y la Copa Chile. Tiene una visión crítica acerca del desempeño de los directivos, a quienes les reprocha su postura cortoplacista, sobre todo respecto del trabajo con juveniles.

“A los 24 años sufrí una hepatitis muy potente, con niveles de transaminasa altísimos, de tres mil y tantos. Me tuvo en cama durante dos meses”. Fue uno de los momentos más duros en la vida de Jorge Pellicer, hoy entrenador de Audax Italiano, de 48 años. Tanto, que dos temporadas después decidió retirarse del fútbol, cuando defendía a Unión Española. Con apenas 26 años, el volante central formado en Audax se convertía en un caso raro entre los jugadores profesionales.

Fue, sin embargo, una opción consciente: “Antes de la enfermedad, mis capacidades atléticas eran otras, con buen desplazamiento, buen salto, rápido y bastante resiste, por el puesto. Y después de eso fue muy difícil volver a ser el mismo. Me costaba entrenar, ya no corría como antes. Había subido ocho o nueve kilos. Quedé sano, pero decidí iniciar otro camino, que tenía que ver más con la dirección que con la ejecución; me resultó bien”, explica sobre una situación casi desconocida en el medio. 

Tan bien le resultó su opción que en sólo una década como entrenador de primeros equipos suma dos coronas nacionales y una venezolana, además de una Copa Chile y “las semifinales con la UC en la Copa Sudamericana 2005”, específica, con claro orgullo. 

¿Se preocupó por este cambio obligado? 

No, no viví esa angustia, porque durante la práctica del fútbol profesional, de los 18 a los 22 años, me encargué de estudiar en la UMCE (ex Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile). Por lo tanto, el qué hacer no era un fantasma, un drama, para mí. Tenía mí camino más o menos cifrado y sólo se anticipó una situación que en algún momento iba a venir. Y la verdad es que lo agradezco, porque me permitió tener un bagaje muy amplio antes de asumir una situación de gran responsabilidad en la alta competencia. 

¿Cómo se expresó ese bagaje? 

Bueno, es un camino de diez años y con satisfacciones importantes y eso a uno lo gratifica tremendamente. Trabajé mucho, desde escuelas de fútbol hasta las inferiores de Universidad Católica. Hay todo un camino de gran experiencia en distintas edades y niveles de competición. 

¿Cuáles han sido las ventajas de este camino que parece largo? 

La ventaja se logra a partir de comenzar muy joven. La gente piensa que tengo mucho más edad, pero es porque ya sumo diez años dirigiendo a nivel profesional. 

¿Esperaba que, después de todos estos años, en el fútbol chileno hubiera una mayoría de entrenadores nacionales en Primera División (13 de 18)? 

Los medios me destacaban, en algún momento, porque era el único entrenador chileno que había ganado un título desde 2007. Y fue dura la batalla y afortunadamente en esa final, contra Unión Española, nos enfrentamos dos entrenadores chilenos; yo la gané (con Huachipato) y el otro (José Luis Sierra) se quedó con el siguiente campeonato, por lo cual esos hechos palpables, latentes, fueron los que revirtieron esa tendencia. Si no hubiéramos sido campeones nuevamente dos técnicos nacionales, hubiera sido muy difícil que se revirtiera todo. A partir de ahí se dio vuelta la tortilla, con un renacer hacia el reconocimiento de los entrenadores chilenos. 

¿Siente que esta nueva generación, con Sierra, Fuentes, Tapia, Salas es como una continuación de su experiencia aislada? 

No, para nada. Al final hay ciertos patrones comunes. Y además estamos en la misma década y yo tuve la ventaja de comenzar antes. A mí me parece que fue súper difícil poder instalar este cambio de perspectiva en el medio chileno, pero al final estamos todos en la misma generación. 

A propósito de entrenadores nacionales, Mario Salas realizó una gran labor en la Sub 20 y ahora el asunto tuvo un final muy distinto… ¿Cuál es su análisis? 

No sé, no puedo responder eso. Me parece que un proceso, especialmente en jóvenes, no puede estar encabezado por tres personas hasta llegar a su fin. Me parece que ya hay un yerro ahí, pero lo digo desde el sentido común; no lo digo desde la práctica. No me referiré a un proceso que terminó mal. 

Más allá de Salas o de Hugo Tocalli, muchos apuntan al número de extranjeros en los primeros equipos como una causa básica de la falta de desarrollo de los jóvenes. ¿Concuerda con eso? 

Sin duda. Tengo entendido que fue una vuelta de mano hacia una disposición sindical, gremial, de los futbolistas nacionales. Inscribir a siete extranjeros e incluir a cinco en cancha es, sin duda, un exceso. Fue una respuesta inadecuada, porque a la larga trae una merma en el desarrollo del futbolista nacional, aunque en algunos casos el espectáculo tenga un perfil un poco mayor. Las oportunidades de los futbolistas chilenos jóvenes se acotan. 

Los directivos, podría decirse, se dispararon en los pies… 

No lo he dicho yo, pero puede ser una buena imagen la que propone. Por eso es muy importante que la experiencia pare al manejo de las situaciones del fútbol. Y hay muchas decisiones que se toman y acerca de las cuales la gente no ve un impacto inmediato, pero que sí lo tiene en el mediano plazo. De una industria de un país, como es el fútbol, hay cosas que se deciden y que a mediano o largo plazo tienen un efecto negativo. Fue una reacción que, a la larga, a mi parecer, no le trae buenos frutos al fútbol chileno. 

¿Qué tan malo ha sido el cambio del formato de las competencias de menores? 

Me parece otra mala decisión. Los medios de comunicación tienen razón cuando plantean que a veces la organización del fútbol ve el trabajo en inferiores más como un lastre, como gasto que como una inversión. Cuando se toman esas decisiones se cae en la postura que hablábamos hace unos momentos: de determinar políticas que van a repercutir en el mediano y largo plazo de una forma pésima, sólo para establecer un resguardo de la tesorería de la ANFP. Eso no va por el camino correcto. 

¿La división en zonas le quita competitividad? 

Creo que los torneos del fútbol joven deberían tener un  nivel de competitividad importante a partir de las cuatro divisiones mayores, desde juvenil hasta la Sub 15. Siempre jugándose cosas a nivel institucional, porque habla de volcar recursos hacia el desarrollo de esos planteles y que surja la posibilidad de nutrir a jugadores de su plantel profesional. Y no instalarse en las rejas de San Carlos de Apoquindo, del Monumental o del CDA a esperar a aquellos jugadores jóvenes que son desechados por esos clubes. Cada institución tiene que realizar su propio proceso de formación. 

¿Qué le dice, en este escenario, su experiencia en clubes de tradición formadora, como la UC, Huachipato y Audax Italiano? ¿Se siente eso en el primer equipo? 

Católica tiene una base muy profesional en la formación, con muy buenos resultados. Llegué a la UC a la Sub 16 y me empapé de todo el sistema, experiencia que luego vertí en el primer equipo. En el caso de Huachipato no es tan formador como la gente cree, porque lo suyo obedece al atractivo que genera entre los jóvenes de la zona, por lo que siempre le llegan los mejores de la zona. No tiene una prolijidad tan grande en la formación, sino que aparece como, pero no lo es tanto. Audax sí es una institución muy consistente en ese sentido, pues debe hacer frente a una competencia muy grande de la U, Colo Colo, Católica, Unión… A mí me tocó trabajar mucho con los chicos de Huachipato, que siempre son los mejores de la región. Me tocó impulsar a Martín Rodríguez, a Vilches, a Véjar, todos estos muchachos que hoy están siendo titularísimos. Varios de ellos debutaron con Arturo Salah o conmigo y luego Mario Salas les dio un muy buen curso, haciéndolos madurar definitivamente; se sujetó en ellos y ellos le dieron muy buen resultado. 

¿Cuál era su expectativa cuando asumió en Huachipato? 

A Huachipato llegué solo, sin conocer a nadie, y logré instalar una idea que condujo a que el club lograra resultados que no tenía desde hace casi 40 años. Y otros logros que pocos equipos chilenos pueden exhibir, como victorias y empates ante Gremio y Flamengo en Brasil. Somos de los pocos equipos chilenos que se instaló con esos resultados. El gran mérito de eso es haber llegado solo a hacerme cargo. Conozco a Marcelo Rosemblat allá, quien era una herencia de Arturo Salah como preparador fisico. Ahí es donde empezamos a hacer equipo y hasta hoy trabaja conmigo. 

Fue más fácil, entonces, considerando su cercanía técnica con Salah… 

Ojo, lo que pasa es que con Arturo Salah yo nunca coincidí en cancha. Él no sabe de mi trabajo como técnico y yo no sé cómo es el suyo. Nosotros compartimos otro tipo de cosas, porque yo fui director deportivo del centro deportivo que Arturo tenía con Manuel Pellegrini y Humberto Lira. Eso nos hizo convivir mucho a Manuel, a Arturo y a mí durante tres o cuatro años y por eso nos relacionan tanto, pero la conexión con el juego no es directa, no ha existido, aunque la amistad y el respeto perdurarán.  

¿Cómo vio el torneo pasado, considerado por algunos como uno de los mejores de los últimos años? 

Bueno, sin duda. En el torneo pasado todos estábamos peleando por algo, con nosotros (Audax) luchando por salir del fondo, pero al mismo tiempo con posibilidades de ingresar  a la liguilla de Copa Libertadores. Y si Unión no gana en El Salvador en el último partido, Audax habría ingresado… Desde ese punto de vista fue un campeonato que te exigió de principio a fin y, además, estuvo la inserción de un equipo de mediano poder, como Wanderers, que se metió en la pelea por el título, tal como Huachipato, como Everton con Nelson Acosta, como el mismo Wanderers con Garcés u O’Higgins con Berizzo. Eso siempre es un condimento, que en la peleas de campeonato se meta un club poco habituado a lucha por los títulos. 

¿Y en términos individuales o técnicos? 

Lo vi interesante, bueno, desde el punto de vista de la competición, de la calidad futbolística, considerando que la gente no debe olvidar que los mejores de Chile están fuera del país, están en Europa o Brasil. Y hay que ir renovándose, surgen nuevas figuras y ahí han ido apareciendo Valencia, desechado de la U que explota en  Palestino; o Valenzuela, en una situación pare cida, jugadores de tremendo talento, porque es un agrado verlos jugar. Hace dos o tres años, me preguntaron a quién podía mencionar como un talento emergente. Y dije con mucha convicción; Martín Rodríguez, de Huachipato, pese a que nadie lo conocía, aunque Arturo Salah lo había hecho debutar. Su proyección lo lleva a ser un jugador del más alto nivel. Ojalá no se estanque con sus lesiones o frustraciones. Y él es un ejemplo de que el fútbol siempre se va renovando. 

En términos puntuales ¿cómo fue recibida la convocatoria de cuatro jugadores de Audax a la Selección? 

Con tremendo orgullo… Hace mucho que Audax no tenía cuatro convocados a la Selección. Vegas, con 18; Valdés, con 20; Bryan Carrasco, con 24 años y Juan Cornejo, con la misma edad. Es fantástico, además, porque el promedio de los audinos es de 21,5 y eso provoca  una perspectiva muy positiva de lo que se está haciendo y una conexión con el fútbol moderno leída en Audax Italiano también… Si Sampaoli se lleva cuatro jugadores de acá, es porque los ve cercanos en términos conceptuales, atractivos, del perfil de la Selección y que van a ser útiles.

 

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