Histórico

La Crespita vence por KO

En un año, Carolina Rodríguez pasó de ser una anónima boxeadora a una figura reconocida por todos. Dos veces campeona del mundo, este mes fue el momento de fama de la púgil. Y para todo Chile.

La vida trata bien a Carolina Rodríguez. No como cuando está arriba del ring, donde recibe golpes de sus rivales (menos de los que da ella, lo que es en cierto modo positivo), ni cuando busca apoyo; aunque la exposición que ha ido ganando en los últimos meses le ha abierto puertas.

Es esa misma proyección mediática la que ha hecho disfrutar a la boxeadora de sus mejores momentos. Claro, también es un tema de resultados. Desde ese 31 de agosto de 2013, cuando ganó el título mundial de la WIBA en categoría gallo en Constitución, la Crespita ha ido en un ascenso sostenido, tanto por lugares como por apariciones.

Tal como en 2013, en agosto era el momento de dar el salto. Apuntó alto, quería cumplir su sueño. "Me encantaría pelear en Santiago", decía en mayo. Claro, recibía el cariño en Chile, pero peleaba en condiciones que no eran adecuadas para una campeona del mundo. En la Séptima Región, por ejemplo, combatió en una carpa que se instaló al medio del Estadio Municipal de Constitución.

Había que subir el nivel.

Santiago era la meta.

El Polideportivo del Estadio Nacional, flamante recinto que albergó parte de los Juegos Sudamericanos de marzo, tendría una velada larga de ocho combates y un plato de fondo, con una chilena campeona del mundo de boxeo femenino, algo inusual en el deporte nacional.

Pero la Crespita lo consiguió. Cuatro años de trabajo duro se veían recompensados con el aplauso del público que llenó el gimnasio y que vibró con cada golpe. Ante la colombiana Dayana Cordero, Rodríguez inició sus 15 minutos de fama, delante de los casi cinco mil espectadores, de la ministra del Deporte, Natalia Riffo, de los directores del Comité Olímpico, del director del Area Sociocultural de La Moneda, Sebastián Dávalos, y de otros anónimos que seguían la pelea por televisión.

El camino siguió después, pero ahí, entre el cotillón y la invasión de gente al ring, Rodríguez tocó el techo. Nada mal para alguien que en 2010 tuvo su primera cita como boxeadora profesional.

En un entorno complicado, como La Pincoya, Crespita salió a combo y patada limpia, además de hacer caso. "'Si escuchas balazos, escóndete en una casa'. Eso me enseñaron mis papás desde chica. Y yo obedecí, escuchaba balazos y corría a esconderme", recordaba cuando Rodríguez repasó con La Tercera sus inicios.

Aunque estudió para ser contadora, la actividad física pudo más. Llegó al kickboxing para eliminar una figura que la acomplejaba. "Cuando chica era gordita, sedentaria, pesaba 90 kilos. Después que me titulé entré a un gimnasio y conocí a Claudio Pardo", decía Rodríguez.

Fue Claudio el que la llevó por el camino competitivo. Y si el kickboxing no daba mucho en Chile, sería el boxeo. La elección demostró ser la correcta, luego de cuatro años de carrera, 14 peleas ganadas sin derrotas ni caídas y dos títulos mundiales en el bolsillo, con cinco defensas exitosas totales.

Y aunque le ofrecieron nacionalizarse mexicana para seguir su carrera, con mayor apoyo y crecimiento profesional, ella es chilena. "Mi corazón siempre va a ser chileno, a pesar de que yo salga con la bandera de otro país", apuntaba.

Chile la sigue apoyando. En agosto comenzó ese idilio masivo entre el público y la Crespita, cuando las masas que no seguían el boxeo conocieron a una mujer que, a puro coraje, con guardias bajas para atraer a la rival y combinaciones de golpes certeros, surgió.

Y ella es feliz con esto. No se molesta en firmar autógrafos, sacarse fotos, posar con los puños cerrados en alto, hacer sombras a una cámara que quiere una imagen suya o simplemente dar una nota. Lo hace con una sonrisa, con modestia y humildad.

La Crespita Rodríguez ya piensa en otras metas. Estuvo en Las Vegas, intentando cerrar una pelea para unificar cinturones. Es que el hambre de ganar es más, porque para eso peleó desde chica. Para ganar y salir adelante, para seguir con el cariño de la gente. "Pelear es un beneficio para Chile. Todos están orgullosos de mí", asegura.

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