La fortaleza de Ferrobadminton

La dureza que imponía en la cancha el defensa central Carlos Carmona lo llevó a ser protagonista de Barrabases, la historieta creada por Guido Vallejos. En un partido, el personaje Carmono trancaba y hacía volar por los aires a Pirulete…

Carlos Alfonso Carmona Albanez nació el 18 de marzo de 1931 en Ovalle (cumplió 85 años). Medía 1,74 metros y pesaba 75 kilos. Hijo de ferroviario, estudió mecánica en la Escuela Industrial de Ovalle y a los 16 años ingresó a ferrocarriles: “Trabajaba en la maestranza, reparaba locomotoras a vapor y tenía que acarrear 20 metros los fierros al hombro. A esa edad jugaba con adultos en canchas de tierra, me crié así, chico contra grande, y había que ser fuerte”, me cuenta en su hogar de Rancagua.

En el Nacional Amateur de 1949, reforzó al dueño de casa, La Serena, lo pusieron de back derecho, marcando al wing, y se tituló campeón junto a Ramiro Cortés. Al año siguiente, Ferrobadminton lo trajo a prueba, jugó en la reserva y en agosto de 1952 hizo su estreno en primera división ante Universidad de Chile: “El titular era Luis Zamorano y se lesionó. Me tocó marcar al centrodelantero Passeiro (José Fernández), ganamos 2-0 y ya no salí del equipo”.

En mayo de 1953, Luis Tirado lo citó a la selección nacional para la visita de Inglaterra y fue suplente. Después, integró el plantel que sumó dos vicecampeonatos sudamericanos seguidos: Santiago 1955 y Montevideo 1956: “El titular fue el Tano Almeida, gran defensor y más rápido”.
Tuvo su oportunidad en los Juegos Panamericanos de México 1956 y allí enfrentó a Perú y México. De pocas palabras, compartió la habitación con Carlos Huerta y Ramón Climent, también callados: “Julio Martínez escribió que éramos una conspiración de silencio”.

A su rudeza, pronto Carmona agregaría una especialidad: los tiros libres violentos. “Una tarde en San Eugenio, Cua-Cuá Hormazábal, de Santiago Morning, le convirtió un tiro libre a Raúl Coloma. Fue un gol raro, porque la pelota bajó después de pasar la barrera. Entonces empecé a practicar y practicar para meter el chanfle y mi conclusión fue que si le pegaba al balón en el centro, justo sobre la mitad de arriba, hacía la comba. Un año marqué nueve goles (1960), en otro siete (1961) y en otro cinco (1962)”.

Convirtió goles de mucha distancia, en diagonal al arco. Una tarde en Viña del Mar, se aprestaba a ejecutar un tiro libre cuando Eladio Rojas lo provocó: “¡Saca tu puntazo, huaso!”. La dinamita de Carmona venció al arquero Ricardo Contreras y los compañeros le dijeron a Eladio: “¡Ahí sacó el puntazo el huaso!”.

También pateaba los penales, pero dejó de hacerlo cuando falló dos sucesivos: “El primero fue ante Miguel Nasur, de Palestino. En el arco norte del Estadio Nacional, la pelota se estrelló en el palo derecho y rebotó hasta la puerta de la maratón… El segundo, fue en Quillota y otra vez pegó en un poste”.

En 1963, Ferrobadminton le regaló una medalla por 12 años en el club; vistió su camiseta hasta 1964. Dejó la maestranza de San Eugenio, sección frenos de aire, y trabajó en Codelco, Rancagua, donde se pensionó. Para no perder la costumbre, tiene un torno en su casa.

¿Un gol? “A Misael Escuti, de Colo Colo, partido nocturno, arco sur, tiro libre, fue en los descuentos y significó el 4-4 (diciembre de 1962)”.

¿Un rival difícil? “Manuel Muñoz, por su velocidad”.
De sus duelos rescató dos adversarios leales: “El Peta Fernández (Santiago Wanderers y Palestino) y Carlos Campos (Universidad de Chile). Con el Tanque sacábamos chispas y me decía: ‘¿Cómo estamos para otro choque, Carlitos? ¡Echémosle no más!”.

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