Las claves para entender a Michael Haneke
El cineasta austriaco ganador de la Palma de Oro en Cannes, es uno de los realizadores más exigentes y complejos de los últimos años. Examinador implacable de las perversiones de la sociedad, ha construido una trayectoria no apta para estómagos débiles.

"En los filmes de acción, la violencia está representada de forma que el espectador la pueda consumir, pero la violencia en la realidad no es consumible". esta es una de las frases con que el cineasta austriaco Michael Haneke gusta de definir su cine, el que ha sido una constante exploración por el lado menos "civilizado" de la condición humana, donde la violencia y el sexo ha sido sus estandartes.
Cineasta meticuloso, riguroso hasta el extremo y de una gran densidad conceptual, Haneke ha hecho una notable trayectoria explorando la representación de la violencia tal y como la entendemos más allá del show, y sus imágenes son un inquietante muestrario de todas las abyecciones que nos rodean como sociedad. Ahora, con la Palma de Oro conseguida ayer en Cannes por Das weiße Band, Haneke cierra un discurso con una aproximación al mal más representado de todos: el que dio origen al nazismo.
Conocido en Chile por La profesora de piano y Caché (escondido), el cineasta austriaco ha ganado fama por exponer estas taras con una aparente neutralidad que más de una vez ha generado desconcierto por la crudeza de sus historias y la ausencia de juicio moral. Al respecto, ha dicho que "el cine americano manipula de la misma forma, pero no deja al espectador la posibilidad de pensar en lo que está viendo".
Con una larga formación en la televisión, Haneke estudió a fondo la esencia del formato desde una óptica filosófica, apuntando con los años a una crítica al trabajo de domesticación de realidad que esta genera. Su primer filme fue El séptimo continente, en 1989, y ya para 1992 obtuvo su primer gran éxito de crítica: Benny's video. En este filme, un niño de familia burguesa aasesina a su novia sin razón aparente y filma el crimen, y luego envía un video a su padre, donde realidad y ficción se superponen permanentemente.
El trabajo del director lo lleva a exponer al espectador a sensaciones extremas con el fin de hacerlo reflexionar sobre lo que está viendo. Eso es lo que realiza en Funny games, una de sus cintas más populares y que incluso tuvo un remake hollywoodense dirigido por el mismo y protagonizado por Naomi Watts y Tim Roth. En esta cinta, una familia acomodada es asaltada por una pareja de jóvenes donde nuevamente se expone una controversial exhibición de la violencia entendida como representación.
Pese al éxito en festivales, el cine de Haneke generaba polémica por la abierta explicitez de su manipulación, y su gusto obsesivo en retratar la pobredumbre de la burguesía europea. Luego de Code Inconnu, donde examina la violencia que late tras el problema de la inmigración en Europa, Haneke se consagra con el filme que lo puso en el firmamento global: La profesora de piano. Isabelle Huppert encarna a una profesora de música enfrentada a pulsiones sexuales devastadoras, que derivan en la pornografía y el sadomasoquismo.
"Cuando un tema es tratado con cierta intensidad, siempre hay gente que se escandaliza y se siente casi humillada. Si una película tiene fuerza emocional, siempre habrá gente que se sienta shockeada, molesta o tocada. Y al hacer mis películas, también lo espero", dijo a propósito del filme, cuyos actores fueron premiados en Cannes y el mismo se llevó el gran premio del jurado.
Luego de una inmersión en el cine de ciencia ficción (La hora del lobo), Haneke se encontró a sus anchas en su película más conocida, Caché (Escondido), donde volvió a desmenuzar la materialidad de la imagen y lo que esconde/representa. esta vez, en torno a un periodista literario de éxito que comienza a recibir en su casa unos terroríficos videos que muestran la propia casa siendo observada por un ojo invisible. El argumento seudo policial lleva de la mano del cineasta austriaco a caminos opuestos, donde hay una incómoda conclusión en torno a la relatividad moral en que vive la clase acomodada (en este caso, de todo el mundo), donde hay una completa insensibilidad por todo lo que está más allá (ya sea hambre, violencia, guerra) y que vive anestesiada por los medios de comunicación. Más implacable que nunca, Haneke afirma que existe la culpa sólo por el hecho de vivir en una sociedad acomodada y eso tiene un costo. Sin ningún tipo de implicancias ideológicas, el austriaco vuelve a poner en el tapete los defectos más profundos de las sociedades, y reflexiona como pocos lo han hecho con una ferocidad que nunca está dramatizada, sino que es producto de la simple observación de un mundo que a sus ojos, está más cerca de la ruina que de ninguna otra cosa.
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