Las dos caras de los huelguistas mapuches

Audiencia de preparacion de juicio oral en caso de comuneros mapuche en huelga de hambre.
Temuco, 27 de septiembre de 2017 Se realiza audiencia de preparacion de juicio oral en caso de comuneros mapuche que se encuentran en huelga de hambre. Camilo Tapia/Aton Chile

Antes de ser acusados por la quema de una iglesia evangélica en la Región de La Araucanía y antes de la huelga de 116 días, los hermanos Trangol y el lonco Alfredo Tralcal eran integrantes de una comunidad mapuche al sur de Temuco, marcada por la tranquilidad de sus habitantes. Quienes los conocieron cuentan que la vida de cada comunero estaba dedicada a la agricultura y estaban lejos de cualquier activismo político. Esta es la historia de los cuatro implicados en el "caso Iglesias".




Unas pocas horas de vida. Ese era el alarmante diagnóstico que los médicos le habían dado a Benito Trangol Galindo (34) tras 116 días en huelga de hambre. El comunero mapuche presentaba una arritmia cardíaca que lo tenía con serio riesgo vital. Tenía dificultades para comunicarse, la piel seca y los labios partidos. A veces parecía quedar sin mucha conciencia y ya no podía mantenerse en pie. El resto de los detenidos en prisión preventiva por su presunta participación en la quema de una iglesia evangélica en un sector rural de la comuna de Padre Las Casas, ocurrida el 9 de junio del año pasado (los hermanos Benito, Ariel y Pablo Trangol, junto a Alfredo Tralcal Coche) también estaba con un deteriorado estado de salud, producto de la misma huelga, pero con un diagnóstico más positivo. Tenían mareos y estaban débiles, pero, según los especialistas, podían resistir un poco más. La Corte de Apelaciones de Temuco había autorizado a los cuatro para recibir asistencia médica de parte de Gendarmería en el Hospital Intercultural de Nueva Imperial.

La situación no era fácil.

Los cuatro comuneros mapuches, sus familiares y abogados viajaron a Santiago el 29 de septiembre para reunirse con el ministro del Interior, Mario Fernández, quien horas más tarde anunció que el gobierno iba a retirar el carácter de terrorista en su querella.

En la Región de La Araucanía, el anuncio fue celebrado por todos. "Les doblamos la mano", decían los familiares de los cuatro detenidos. Horas más tarde, aceptaron bajar la huelga de hambre que mantuvieron por más de 100 días. A pesar de la noticia, igual había incertidumbre en los cuatro comuneros mapuches. Sabían que el anuncio del gobierno era sólo un pequeño paso en una larga disputa judicial para demostrar que ellos no tenían nada que ver con el llamado "caso iglesias".

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Lo que pasó la noche del 9 de junio del año pasado está señalado en las acusaciones que el gobierno y la fiscalía hicieron ante los tribunales. Ahí se sostiene que cuatro individuos ingresaron a la Iglesia Evangélica del Señor en medio de un culto al que asistían 15 personas. Los encapuchados irrumpieron en el lugar rompiendo las ventanas, lanzando objetos inflamables, disparando al aire y esparciendo bencina mientras amenazaban y desalojaban a la gente que estaba en el lugar. El incendio se propagó de inmediato, destruyendo todo el inmueble. Los individuos, que estaban ocultos bajo pasamontañas y vestían uniforme de tipo militar, según se lee en la acusación, habrían escapado en una camioneta Chevrolet, propiedad de Alfredo Tralcal, dejando dos panfletos en el lugar.

Uno de los testimonios más importantes para la fiscalía es el de una mujer que a esa hora estaba al interior del templo junto a sus dos hijos y su esposo. Según sus palabras, a ella la habrían amenazado de muerte si es que no salía del inmueble. "O te escapas o te mueres", le dijeron. Esta persona fue la última en salir del templo y trató de increpar a los atacantes. "Le dije que tuviera misericordia, que no me matara. Que como él quemaba templos, él se iba a quemar en el infierno", recuerda. Acto seguido, el individuo disparó al suelo.

En el momento en que la mujer salía del templo junto a sus hijos, cuenta que se tropezó con una de las bancas y para no caer pasó a llevar a uno de los encapuchados, quien habría perdido el pañuelo que cubría su rostro en medio del forcejeo. "Te caché", le dijo la mujer. Los otros atacantes la procedieron a encañonar con armas de fuego en la espalda, mientras el aludido se volvía a tapar el rostro. Esa mujer, horas más tarde, reconoció ese rostro en uno de los cuatro comuneros detenidos.

En la comunidad evangélica que sufrió el ataque hoy reconocen que desde ese día viven con mayor temor y piden que "no se olvide que nosotros somos las víctimas y no los cuatro terroristas". Sus miembros cuentan que los niños que fueron testigos del violento hecho han bajado sus calificaciones escolares y han tenido cambios en sus conductas, debiendo ser tratados por especialistas para superar el trauma.

El testimonio de la mujer cobra un valor importante para la fiscalía, pues es parte de las pruebas que sustentan la teoría del atentado con carácter terrorista. Además, según fuentes cercanas a la investigación, la organización que tuvieron los cuatro acusados y que atacaran mientras quedaba gente dentro del templo serían dos argumentos claves para sustentar la tesis del atentado terrorista. El delito también destaca por el lenguaje utilizado y por el espíritu de atacar la libertad de culto.

Las mismas fuentes reconocen que tienen la sensación de haber quedado solos tras el anuncio del gobierno para retirar la querella amparada en la Ley Antiterrorista. De todas maneras, son enfáticos en señalar que cuentan con pruebas suficientes para demostrar la culpabilidad de Alfredo Tralcal y los hermanos Benito, Iván y Pablo Trangol, además del carácter del delito. Entre las evidencias, la más clara es una mochila encontrada en la camioneta, la que contenía pasamontañas y municiones del mismo tipo que las balas que quedaron en el sitio del suceso. Además, se encontró material genético en las máscaras que había en la mochila en el auto, lo que indicaría su uso reciente. Además, al momento de ser detenidos, horas después del incendio, los cuatro imputados vestían ropa de color negro, coincidiendo con lo que habían denunciado los testigos.

La defensa de los cuatro imputados ha entablado varios argumentos para desestimar lo acusado por la fiscalía. El principal punto tiene que ver con la calificación del delito como un acto terrorista, lo que ha permitido la utilización de testigos protegidos y la demora en la entrega de antecedentes que faculten realizar una contrainvestigación. En el caso de Alfredo Tralcal, por ejemplo, dicen que aún no está demostrado que el lonco hubiese estado en el lugar de los hechos, más allá de haber sido encontrado en su camioneta en horas posteriores junto a los hermanos Trangol. Otra tesis de la defensa es que las balas halladas en el auto no habrían estado en el bolsillo de ninguno de los imputados y no tendría material genético al que pudiera relacionarse. Además, dicen que la detención de los cuatro comuneros, dos horas y cuarto después del delito y a siete kilómetros del sitio del suceso, no habría sido en flagrancia, por lo que no sería necesaria la prisión preventiva.

Sin embargo, en la defensa no han querido explicar públicamente qué hacían los cuatro comuneros juntos en la camioneta a esa hora de la noche, vestidos todos de negro, ni el lugar en el que estaban los detenidos a la hora del suceso.

"Nosotros no estamos pidiendo que se les deje sin medidas cautelares", dice la abogada de Alfredo Tralcal, Pamela Nahuelcheo. "Lo que estamos pidiendo es que cese la prisión preventiva y se sustituya por un arresto domiciliario en base a la cantidad de tiempo que ha pasado. No puede ser que después de un año y cinco meses sigan encarcelados sin una condena".

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Alfredo Tralcal (46) es un conocido lonco de la comunidad mapuche de Lleupeco, ubicada en Camino Tres Cerros, una localidad a pocos kilómetros de la comuna de Padre Las Casas, en el corazón de la Región de La Araucanía. Padre de tres hijos, Tralcal siempre dedicó su vida a la crianza de animales y al cultivo de trigo, avena y hortalizas en su casa.

También vendía leña de manera informal a distintos compradores que conocía en Temuco. Su vida siempre fue el campo. Les enseñó a sus hijos la cultura mapuche, pero ellos se fueron a vivir a Temuco y Santiago. Toda la familia se reunía constantemente con sus padres en el campo durante los fines de semana. Hasta ser detenido, Alfredo vivía junto a su esposa y una nieta que iba a clases en un colegio rural.

El rol del lonco consiste en ser el jefe o la cabeza de la comunidad, siendo un cargo que incluye aspectos políticos, administrativos y religiosos. Una de las actividades más importantes que Tralcal debía realizar año a año en su comunidad era la celebración del guillatún, una de las ceremonias religiosas más importantes en la cultura mapuche, pues implica una conexión con el mundo espiritual para pedir por el bienestar y la unión de la comunidad. También debía hacerse cargo del We Tripantu, la celebración del año nuevo mapuche. "Ahora que está detenido no pudo organizar nada. Está muy apenado por eso", dice Cristián Tralcal, hijo del comunero.

Quienes conocen el ambiente al interior de ese territorio señalan que ahí viven varias familias mapuches y que nunca han visto posturas radicales de sus miembros respecto del conflicto mapuche. Sin embargo, la comunidad Lleupeco fue allanada por carabineros el 11 de enero de 2013, días después del atentado incendiario que produjo la muerte del matrimonio Luchsinger Mackay. Los uniformados encontraron armas en el lugar. Posteriormente, Luis Tralcal Quidel fue uno de los 11 detenidos por ese caso, además de ser investigado por otro atentado a un vehículo de la empresa Tur-Bus y por sus lazos con la Coordinadora Arauco Malleco (CAM). Él sería familiar de Alfredo Tralcal, aunque sus conocidos han negado dicho parentesco. Los Tralcal son enfáticos al señalar que Alfredo nunca manifestó ideas a favor de los actos violentistas ni expresó simpatías con grupos de reivindicación de territorio.

Según la familia de Tralcal, los miembros de la comunidad en la que vivía Alfredo se ha mantenido al margen de las marchas, actos y rituales que otras personas han realizado a favor de la causa de los cuatro detenidos. "Nosotros solo queremos que se haga justicia", dicen.

La historia de la familia Trangol, según sus conocidos, es similar. Un grupo de cinco hermanos dedicados a la agricultura y a la crianza de animales que vivían a pocos kilómetros de los Tralcal, en el sector Camino Tres Cerros. Por lo mismo, ambas familias se conocían perfectamente, aunque no eran amigas. Cercanos cuentan que uno de los hijos del clan murió en un confuso incidente en Santiago, del cual los Tralcal no hablan mucho. El resto de los hermanos, Ariel, Benito y Pablo, quienes están detenidos, además de Sonia y Reinaldo, vivían en distintos lugares de Padre Las Casas. Casi todos en zonas rurales. Se trata de una familia con fuerte apego a la religión. Ariel Trangol era evangélico y asistía regularmente a culto. De hecho, uno de los testimonios más fuertes que tiene la fiscalía en contra de los Trangol es la declaración de un testigo que dice haber reconocido a Ariel a través del pasamontañas el día del incendio, porque lo había visto en otras ceremonias evangélicas. El resto de los hermanos era católico. Los Trangol eran fieles practicantes de la cultura mapuche, participando de todas las ceremonias espirituales que se realizaban en su comunidad. Quienes los conocen señalan que siempre fueron un clan tranquilo. En la defensa de los Trangol añaden que la postura de los hermanos durante toda la huelga de hambre se ha basado en exigir un juicio justo, pero ninguno ha expresado la reivindicación del territorio mapuche como un punto clave en sus posturas.

"Todo eso viene de afuera, de gente que se está moviendo por su liberación", dicen cercanos.

En el sitio del incendio se encontraron dos panfletos alusivos al grupo Weichan Auka Mapu, quienes también han reivindicado otros 30 atentados incendiarios. Los menajes decían: "Cristianismo: cómplice de la represión al pueblo mapuche, libertad machi Fca. Linconao, Weichan Auka Mapu" y "Libertad machi Fca. Linconao, desde la inquisición hacia Mendoza-Kollio, el cristianismo es fuente odio y racismo, Weichan Auka Mapu".

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El pasado jueves 5, los cuatro comuneros implicados en el incendio del templo evangélico fueron trasladados por Gendarmería desde el Hospital Intercultural de Nueva Imperial hasta el Centro Penitenciario de Temuco. El viaje incluyó enfrentamiento entre los uniformados y mapuches que consideraban que la acción era injusta, pues, según ellos, los detenidos aún estaban con un complicado estado de salud. En la cárcel, el lonco Alfredo Tralcal y los hermanos Trangol deberán seguir esperando hasta fin de año, fecha estimada para el inicio del juicio, para intentar demostrar que ellos no participaron en el delito incendiario.

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