Histórico

Los nuevos oficios en tiempos de crisis en Venezuela

En medio de la escasez que reina en el país, se ha ampliado la red de comercio clandestino, lo que ha generado nuevas "profesiones": venezolanos que cobran por guardar puestos en las largas filas, el comprador de productos y contrabandistas de alimentos, conocidos como "bachaqueros".

Krisbell Villarroel, joven caraqueña y madre soltera de dos niñas de cinco y un año, comienza su día a las dos de la madrugada. Esta es la hora "ideal" para quedar bien ubicada en algunas de las largas filas que se forman afuera de los supermercados, farmacias y panaderías en distintos puntos de la capital venezolana.

En estos lugares, Krisbell, citada por la agencia France Presse, compra productos que luego revende a sus clientes, quienes además de la mercancía, le pagan por el tiempo invertido. No es la única que lo hace, sino que es parte de los llamados "hace colas" o "coleros", que a raíz de la escasez, decidieron convertir en un verdadero oficio una tarea que se ha vuelto insoportable en los últimos meses en Venezuela: comprar alimentos básicos.

Detrás del desabastecimiento y la escasez, se ha tejido una red de comercio clandestino: oficios nacidos de la crisis que le "garantizan" al ciudadano común productos de la canasta básica. Estas transacciones, que se realizan al margen de los controles del gobierno, son cada día más populares y también necesarias.

El desabastecimiento se ha acentuado progresivamente desde que el gobierno de Hugo Chávez aplicó controles a los precios en 2003. Venezuela sufre la escasez de casi un tercio de los bienes básicos, una inflación de 64% en 2014 y una recesión económica que no tiene muy buen pronóstico. Para un país que obtiene el 95% de sus divisas del crudo, la abrupta caída del petróleo y los pocos resultados de la gira del Presidente Nicolás Maduro por los países de la Opep, sólo han servido para agravar la situación.

Como Krisbell, hay "coleros" que cobran por los alimentos que compran y el tiempo invertido. Otros, en cambio, sólo "guardan puestos" en las largas colas y cobran por eso. Varios dueños de restaurantes ya tienen dentro de su staff un "colero" que se dedica exclusivamente a suplirles de los productos necesarios para sus menús.

Según contó a La Tercera el historiador Alvaro Graterol, de la Universidad Central de Venezuela, en los supermercados y comercios se producen dos filas. La primera es para adquirir los productos que están en escasez: leche, harina, azúcar, café y pañales. La segunda es para  cualquier tipo de productos y en general no hay que esperar para eso. Pero para los productos que son escasos hay que ser pacientes: hasta nueve horas es necesario pasar dentro de una serpenteante fila que muchas veces rodea las cuadras de los comercios.

LOS BACHAQUEROS

Además de los coleros, que compran para sus propios clientes, o simplemente guardan puestos en las filas, están los bachaqueros. Estos contrabandistas de comida compran sólo los productos que más escasean y luego los venden al triple o más de su valor en el mercado negro.

Operan con mayor intensidad en el estado de Zulia, que por ser fronterizo, es más propenso al contrabando, ya que los productos son revendidos en el centro de Maracaibo o son llevados como contrabando hacia Maicao, en Colombia.

Los dueños de los supermercados tienen que lidiar  no sólo con la molestia de los clientes por las interminables filas, sino que también con los bachaqueros, que de manera organizada arrasan con el stock de productos básicos, para lucrar.

"Aquí lo que llega lo arrastran de una vez, luego lo venden afuera", comentó a La Tercera la gerente de uno de los supermercados Centro 99 de Maracaibo, quien no quiso exponer su nombre y que explicó que estos trabajan en grupos grandes. "A veces hay familias completas involucradas", comenta.

"Lo peor es el comportamiento del cliente, insultan a los trabajadores. Es horrible, estresante se queda poco. Agreden a los trabajadores porque estos no pueden garantizarle su compra. Ya nadie quiere trabajar en supermercados", sostiene la gerente del Centro 99.

"Aquí (en Caracas) ya hay presencia de grupos antimotines cuando llega la mercancía. En Altamaria tienen, varios días, grupos de 50 o más militares en la plaza a manera preventiva", acota Graterol.

El historiador también explica que las clases bajas son las más perjudicadas con la escasez. "Los estratos medios  pueden acudir a los bachaqueros o siempre tienen algún contacto que los ayude a conseguir los casi inexistentes desodorantes, afeitadores y demás. Los más pudientes no tienen este problema en ningún momento. Simplemente exportan o ponen a sus empleados a hacer la cola por ellos", concluye.

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