Histórico

Nuevo barco de la Patagonia permite observar a las ballenas del Estrecho de Magallanes

<img height="16" alt="" width="60" border="0" src="http://static.latercera.cl/200811/193728.jpg " /><br /> Hace sólo dos meses se inauguró el Forrest, un barco para 20 pasajeros que nos acerca a estas gigantes del sur de Chile.

Cuesta entender por qué Carlos III es tan poco conocido si es, lejos, el mejor lugar para ver ballenas en todo Chile. Hasta ahora sólo una empresa ofrecía llevar pasajeros a esta isla, ubicada en el Estrecho de Magallanes, pero ahora se suma el M/N Forrest, un barco de 27 metros de eslora, recién restaurado para el turismo y que realiza una travesía que no deja de sorprender en sus tres días de duración. 

Nos embarcamos en Isla Riesco, a unas dos horas de Punta Arenas. El Forrest no pretende ser lujoso, pero sí tiene la ventaja de ser muy cómodo, con una cubierta amplia, un comedor donde pueden ir sentadas 40 personas y camarotes confortables para 20.

"Tenemos mucha suerte porque el día está perfecto para navegar", nos dice nuestro guía Francisco, mientras comenzamos la navegación hacia el sur por el Seno Otway. Lo cierto es que acceder a todos estos lugares que recorre el Forrest no es fácil ni cerca. Pero se agradece, porque en el viaje sólo se aprecian parajes donde casi no ha intervenido el hombre y otros totalmente inexplorados y salvajes. Nada artificial interrumpe el contacto con el entorno y su fauna, a excepción, por supuesto, de la embarcación que nos permite navegar estas aguas.

Después de almorzar, entramos al Canal Jerónimo y pasamos toda la tarde en cubierta contemplando espectaculares bosques, montañas y glaciares colgantes. A nuestro paso nos acompañan albatros, petreles, cormoranes y uno que otro pingüino que sorprende por sus habilidades en el agua. Muy por el contrario a la imagen torpe que uno tiene de estas aves en tierra.

Tras unas seis horas de navegación, las sirenas del barco anuncian que vamos entrando al mítico Estrecho de Magallanes. Cada embarcación que entra al estrecho debe anunciarse por una cuestión de seguridad y tradición. Las sirenas resuenan por, al menos, un minuto y nuestra expectación es evidente. Ya estamos en zona de ballenas, así es que todos nos concentramos en ver alguna señal. Pasan varios minutos hasta que Carlos Olavarría grita: "¡Ahí, ahí! ¿Lo vieron? Un soplo en el horizonte". Carlos es científico del CEQUA (Centro de Estudios del Cuaternario) y trabaja identificando estas ballenas hace ya varios años. El barco y los científicos tienen un convenio de cooperación, así es que somos afortunados de tenerlo a bordo. No sólo porque es el mejor "localizador" de ballenas, sino porque nos empapa de excelente información.

Se sabía que las ballenas jorobadas migraban por el Pacífico desde las aguas cálidas de Centroamérica, donde se reproducen, hasta los gélidos mares antárticos, donde cada verano se alimentan. Pero, un grupo de científicos chilenos descubrió que algunos ejemplares eligieron las aguas de la Isla Carlos III para alimentarse año tras año. Es decir, migran juntas desde la línea del Ecuador, pero por alguna razón aún desconocida, unas pocas deciden quedarse en el Estrecho de Magallanes, mientras el resto sigue hasta la Antártica. Suceso que convierte a esta zona en el único sitio del hemisferio sur donde se alimentan ballenas jorobadas fuera del continente blanco.

En este lugar se han registrado unas 100 ballenas jorobadas, que son bastante fáciles de ver,  y no una sino varias, aunque obviamente el avistaje no se puede garantizar. Debemos recordar que las jorobadas casi fueron llevadas a la extinción en la época de la caza ballenera. Por eso, hoy verlas saltando, comiendo y jugando en pleno Estrecho de Magallanes emociona. Es imposible no impresionarse al ver un animal de 17 metros de largo y 40 toneladas de peso nadando con tanta calma y resoplando con tanta fuerza a sólo un par de metros de nuestro barco.

En el año 2003 se declaró este lugar como la primera Área Marina Protegida de nuestro país y se bautizó Parque Marino Francisco Coloane, en honor al escritor nacional, amante de estas tierras.

SIGUIENDO LOS PASOS DE FITZ ROY
La aventura del Forrest continúa a la mañana siguiente, cuando partimos rumbo a Seno Ballena para visitar a otro gran coloso de estas aguas: un glaciar. Nos subimos a los zodiac para quedar frente a frente al Glaciar Santa Inés. La masa de hielo se ve imponente y realmente sobrecoge cada vez que cruje y cae un bloque. Arriba sobrevuelan un par de cóndores y a nuestro lado el silencio es interrumpido por los sonidos de las cámaras que nunca se detienen, porque cada vez que cambia un poco la luz por el movimiento de las nubes, el glaciar da un nuevo rostro con colores que van cambiando del blanco al azul intenso.

Luego del célebre ritual de un buen whisky con hielo milenario, volvemos a embarcar y regresamos al sector de Carlos III. Esta vez nos acercamos al islote Rupert para ver sus colonias de lobos marinos y pingüinos de Magallanes. Nos quedamos poco rato, pero nadie reclama, porque estamos entusiasmados con lo que viene.

Ese día temprano nos habían hecho una pregunta, mientras veíamos el mapa de la ruta: "Queremos recalar en este punto, bajar los zodiac y ver si hay algún paso caminando para llegar a este lago. Se llama La Botella y nunca hemos ido. ¿Quieren ir?". La respuesta de todos fue evidente. ¿Quién no quiere sentirse como un verdadero explorador? Y justamente ésa es una de las novedades de este barco: explorar, recorrer y salirse del itinerario establecido para entrar a otros lugares. Claro, obviamente cuando las condiciones del tiempo y seguridad lo permiten. La idea es identificarse con el capitán Fitz Roy, quien recorrió estas costas a principios del siglo 19 a bordo del barco Beagle.

Llegamos a destino y comenzamos a caminar lentamente. El lago es lindo, pero nos encantamos mucho más con lo que vemos a nuestro paso: cipreses, canelos, coigües, coicopihues y un verdadero bosque en miniatura, repleto de líquenes, musgos e incluso unas pequeñísimas plantas carnívoras que comen insectos. Regresamos hambrientos, pero más que satisfechos por la expedición.

El tercer y último día comienza con un ingrediente extra: lluvia. Pero provistos de trajes para el agua salimos nuevamente a caminar, esta vez para ver una laguna y una fuente de agua termal que apenas fueron descubiertas en un viaje anterior. Hace un poco de frío, pero vamos todos felices caminando bajo la lluvia. Algunos exploran con lupas los bosques en miniatura. Otros no soportan la tentación y deciden darse un chapuzón en las heladas aguas de la laguna sin nombre. Otros sólo miran. Pero sea como sea, estar en esos lugares inexplorados reconforta. Nos hace sentir un Hernando de Magallanes, un Fitz Roy, un Charles Darwin. Un explorador en pleno siglo 21.

GUÍA DEL VIAJERO
- Barco Forrest

La temporada de ballenas jorobadas va de diciembre a abril. El barco tiene habitaciones dobles y cuádruples que van desde los $552.000 con todo incluido. Pero como esta es la primera temporada, existe una promoción para chilenos de $ 400.000 (salidas todos los viernes de marzo y abril)Información al f. (61) 613 933. www.expedicionfitzroy.com

- Recomendaciones
El barco cuenta con buena calefacción, así es que no hay problema en usar ropa liviana. Para las excursiones es indispensable usar bototos resistentes al agua, gorro y una capa térmica (chaqueta y pantalón). En el barco proporcionan trajes plásticos resistentes a la lluvia.

- Chile libre de caza
Según la Ley Nº 20.293, en Chile se prohíbe dar muerte, cazar, capturar, acosar, tener, poseer, transportar, desembarcar, elaborar o realizar cualquier proceso de transformación, así como la comercialización o almacenamiento de cualquier especie de cetáceo que habite o surque los espacios marítimos de soberanía y jurisdicción nacional.

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