Padres e hijos futbolistas, la mejor herencia

Crecieron en los vestuarios. Sus progenitores fueron jugadores profesionales y los inspiraron para dedicarse al mismo oficio. En el fútbol chileno hay más de 20 casos.

 

Crecieron acompañando a sus padres al trabajo. Pero no iban a la oficina, ni buscaban juegos en el computador para entretenerse. Mientras esperaban el término de la jornada, pedían una pelota para evitar el tedio. Trataban de imitar  cada gesto de sus progenitores y se familiarizaban con la rutina que, años después, quizás sin sospecharlo, repetirían.

Hoy también son futbolistas profesionales. En Chile, son más de 20 los casos de quienes intentan emular la trayectoria del papá. 

Emanuel Vargas es  uno de ellos. Su padre es Sergio Bernabé, histórico arquero de la “U”. “Siempre lo acompañé. El puesto  me gustó desde chico, obviamente por lo que le veía hacer. Nunca me ha presionado. Me explica que cada paso lo iré dando con los años”, cuenta el hijo de “Superman”, hoy en Deportes Iquique. El ex golero comenta que “le hablo desde mis experiencias. Lo específico lo íbamos analizando por etapas, de acuerdo con el período que él estaba viviendo. En el puesto de arquero, los momentos son muy importantes y hay que saber manejarlos”.

Ambos aprendieron a convivir con las comparaciones. “Si es por eso, ‘Manu’ me lleva ventaja. Yo empecé a jugar con regularidad a los 26, cuando llegué a la ‘U’. El lleva tres años atajando. Debe construir su historia”, remarca Sergio. “Me comparan con el mejor Sergio Vargas y yo estoy empezando”, apunta “Superboy”.

El capitán cruzado Cristián Alvarez  es hijo de Luis Hernán, máximo artillero de un torneo nacional, con 37 goles, en 1963. No vio jugar a su padre, pero se ha interiorizado de de sus logros. “Sé bastante de su carrera. Aunque yo tenía 11 años cuando él murió, tengo claro que fue alguien importante, que dejó una marca que nadie ha olvidado. Y mientras estuvimos juntos, el fútbol siempre nos unió”, explica el “Huaso”, hermano del retirado Iván.

La experiencia del ahora iquiqueño Alvaro Ormeño, hijo del ex capitán colocolino Raúl, fue más compleja. “No quería que jugara, pero cuando me vio decidido, me apoyó. El sabía que esta carrera no es todo lo linda que parece y que no todos ganan la plata que se cree. Y, en el comienzo de mi trayectoria, me dijo que me iba a tocar la vuelta larga para llegar a Colo Colo”, explica. Pero los estímulos que recibió fueron más fuertes: “Me tocó vivir la época del 91. Pasaba metido en los camarines y concentraba con mi papá. Fue la mejor inspiración”.

OTROS CASOS
Los Rubio son, probablemente, la “dinastía” más numerosa del fútbol nacional. Los nietos del arquero Ildefonso e hijos de Hugo han alcanzado un relativo protagonismo. Hoy, brilla el Sub 20 Diego. Su hermano mayor, Eduardo, pasó por Europa y hoy juega en La Serena. Matías, ex UC, defiende a Deportes Concepción.

También existen ejemplos en que casi no hay relación entre padre e hijo, como sucede con Paulo Magalhaes y Osmar, un volante brasileño que jugó en Antofagasta el inicio de los ’80.

Hay más casos. Carlos Bechtholdt llegó a Chile a  fines de la década pasada. Entre 1997 y 2008 defendió a Audax, San Felipe, Coquimbo y Curicó. Actualmente, es el gerente técnico del equipo de la Séptima Región y entre quienes debe atender figura su hijo Franco. “Creció conociendo los códigos del fútbol. Esa, quizás, sea la ventaja de los hijos de futbolistas”, puntualiza el ex mediocampista.

El acerero Felipe Reynero es hijo de Roberto, ex capitán de la “U”. “El debutó a los 18 años y yo, a esa edad, aún estaba en la juvenil de la UC. Demoré tres años más y, aunque no me apuraba, me lo recordaba, quizás para motivarme. Nunca me hicieron sentir ‘el hijo de’, aunque los técnicos sabían quién era mi papá”, acota.

El volante de Iquique Víctor Hugo Sarabia sigue el ejemplo de su padre homónimo. “Siempre me acompañó, pero si estoy en el fútbol, es más por iniciativa mía. Nuestros juegos no se parecen en nada. El era más rústico y yo no le quito la pelota ni a mi hijo”, bromea.

 

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