Una visita inesperada: Robert Rauschenberg en el Chile de los 80

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Pionero del pop art junto a Andy Warhol y una de las figuras más irreverentes del arte del siglo XX, Rauschenberg es recordado ahora con su primera muestra póstuma en la Tate de Londres. En 1985, el artista expuso más de 200 obras en el Museo de Bellas Artes, pero su visita fue mirada con suspicacia por la escena artística opositora a Pinochet.




Su primera muestra póstuma y la más completa de los últimos 20 años. Con esas credenciales, la Tate Modern de Londres abría hace un mes sus puertas para acoger las obras de Robert Rauschenberg (1925-2008), el artista estadounidense que se inscribió en la historia del arte mundial por ser uno de los más irreverentes del siglo XX, al alejarse del expresionismo abstracto y poner la primera bandera del pop art junto a Andy Warhol. Se trata de una muestra itinerante que en mayo arribará al MoMa de Nueva York, para luego trasladarse a su sede en San Francisco: un recorrido por más de 60 años de trayectoria, donde viajan sus obras más emblemáticas como la escultura Monogram (1955-1959), hecha a partir de un animal disecado; Bed (1955), donde pintó las sábanas de su propia cama; y serigrafías que cruzaban política y escenas callejeras como Retroactive II (1964), en el que retrató a John Kennedy meses después de su asesinato.

Hace 32 años, eso sí, Rauschenberg armaría y financiaría su propio tour alejado de los polos del arte mundial. Comprometido con el tema de los derechos humanos y creyente fervoroso en el poder del arte como catalizador para el cambio social, el artista ideó un ambicioso proyecto de exposición itinerante, con el que desafiaría nada menos que las políticas represivas de la Guerra Fría. Rauschenberg visitaría 10 países donde, según su visión, la libertad de expresión había sido suprimida o alterada: en su itinerario estaba México, Venezuela, Cuba, China, el Tibet, Unión Soviética, Japón, Malasia, Alemania (Berlín Este) y Chile, que fue nada menos que su segunda parada. El proyecto se extendería, a la larga, entre 1984 y 1990.

Bautizado como ROCI (siglas de Rauschenberg Overseas Culture Interchange, pero también el nombre de su tortuga), el artista desplegó un ambicioso proyecto que contempló viajes previos para crear obras inspiradas en las naciones elegidas. A Chile, vino primero en octubre de 1984, visitó Santiago, el valle central, y el desierto: la zona de Antofagasta y la mina de Chuquicamata, donde quedó prendado del paisaje. En los lugares tomó fotos y extrajo planchas de cobre con las que elaboró piezas, serigrafías y esculturas, que luego fueron parte de la exposición que lo trajo al Museo de Bellas Artes en julio de 1985. Habían pasado sólo cuatro meses del terremoto de ese año, pero el edificio de Parque Forestal abrió con grietas y todo para acoger las 224 obras del artista desplegadas en el hall, las dos alas del primer piso y la Sala Matta, convirtiéndose en una de las mayores muestras que el museo había recibido hasta entonces.

Aunque la exposición significó de inmediato una luz en la apagada vida cultural del país, Rauschenberg no fue recibido con los brazos abiertos por toda la escena cultural: varios artistas, sobre todo los de mayor resistencia al régimen militar, como el grupo CADA y la Escena de Avanzada, no veían con buenos ojos la visita del artista estadounidense.

Así lo recuerda el artista y director del MAC, Francisco Brugnoli: "A muchos nos causó una impresión negativa. Me parecía importante que viniera a Chile en un momento en que había boicot cultural, pero lo hacía en una institución oficial (Museo de Bellas Artes), del gobierno, era extraño. Estaba su trabajo con desechos mineros que muchos leyeron como una validación de la vuelta atrás de la nacionalización del cobre. Muchos nos quedamos con un resabio amargo de esa visita". También habría una charla donde Rauschenberg debió soportar incómodas preguntas y ataques por su visita en pleno régimen militar. "Le preguntaron de todo menos de arte. De hecho me acuerdo que muchos lo interpelaban sobre un aeropuerto que la NASA iba a construir en la Isla de Pascua y el tipo no cachaba nada. Fue vergonzoso", recuerda Samy Benmayor, que recién había egresado de Arte de la U. de Chile.

"Para nuestra generación fue una exposición extraordinaria. Imagínate: poder ver y hablar con uno de los artistas más importantes del momento era increíble y él era un tipo muy ameno, amable, tenía mucho humor. El problema fue que era una época muy confusa, donde no había mucho acceso a la información, entonces las cosas tendían a confundirse", agrega el pintor.

Aunque la muestra tuvo un gran número de visitas, la cobertura de los medios de prensa fue escasa y de los pocos registros que quedan está la entrevista que le realizó Waldemar Sommer, crítico de El Mercurio, quien le preguntó sobre su obra y proceso creativo, aunque poco de su experiencia en Chile. Sobre eso, Rauschenberg destacó la geografía del país: "Es sorprendente que en un país existan estas enormes diferencias de climas, actitudes, culturas. Yo espero que las obras que he traído en mi segunda visita, inspiradas en Chile, reflejen algo de esas experiencias". señaló el artista.

La escena se enciende

Casi dos décadas después, en 2003, el autor Robert Saltonstall dejaría constancia de las impresiones del artista sobre su viaje a Chile, en el libro Robert Rauschenberg: Breaking Boundaries. "Habían soldados armados por todas partes, y yo estaba sorprendido por el sonido de los disparos en las calles", declaró el pintor quien estuvo 15 días en el país, vio el inicio de las protestas populares que se daban en las calles y cómo estas eran neutralizadas por el gobierno. Rauschenberg se dio cuenta de mucho más. "Pronto se encontró con estudiantes y activistas políticos. Con algunos se reunió en secreto en iglesias, donde le dijeron de amigos y familiares que habían desaparecido. Como resultado de estas experiencias y en contra del consejo de su personal, Rauschenberg fue por su cuenta a las afueras de Santiago y fotografió la vida cotidiana en los barrios pobres", dijo el escritor Robert Saltonstall en una entrevista de esos años.

Lo cierto es que Rauschenberg estaba consciente del efecto que podía tener su visita y por eso se esforzó en no estrechar lazos ni recibir ayuda de ninguna institución de gobierno. Ayudado por su mano derecha, el artista e historiador Donald Saff, el artista prefirió hacer contactos con figuras culturales en cada país que visitó. En Chile fue el escritor José Donoso, quien escribió un texto para su catálogo. "Nunca experimenté tanta ira sobre el proyecto de cualquier artista como sobre ROCI Chile. Las reacciones de amigos, compañeros, artistas, y otros fue la indignación absoluta de que Bob mostrara un espectáculo con Pinochet en el control", declaró Saff. "Me acerqué a él y le dije, 'El ambiente está encendido, Bob, la gente no quiere que vayamos a Chile con Pinochet. No está bien. ¿Qué quieres hacer?' y él dijo: Vamos", agregó el historiador en una entrevista a James McElhinney, en 2013.

Hace dos años la investigadora Camila Estrella se interesó en la historia de la visita de Rauschenberg a Chile y comenzó a idear un proyecto que acaba de ganar un Fondart. Con el dinero viajará a Nueva York donde se sumergirá en los archivos de la Fundación Rauschenberg. "Hizo muchas fotografías en Chile, el trabajaba en base a ellas y una de mis hipótesis es que usó algunas de esas imágenes para obras posteriores. La idea es luego generar un sitio web con la investigación y si es posible una muestra. Rauschenberg donó una obra al Estado que ahora está en la Cámara de Diputados y que no ha sido expuesta a público", cuenta Estrella. "Su visita fue sin dudas una oxigenación para el medio cultural, pero creo que muchos sienten ahora que desperdiciaron el momento", resume.

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