Por Rafael SousaAprobación presidencial, semana uno

Las encuestas políticas dejaron de ser solo un termómetro de la opinión pública. Hoy pueden tener un efecto casi plebiscitario, notorio en la selección de candidatos y en la posición de los actores frente a políticas públicas controvertidas, desde reformas tributarias hasta los “retiros”. Con una escena fragmentada e incumbentes indiferentes a las ideas rectoras de partido, estos instrumentos se han constituido en verdaderos organizadores del poder, para gobiernos y oposiciones. Es probable que la disposición colaborativa de Chile Vamos hacia el gobierno sea condicionada al desempeño del Presidente en las encuestas, y que la oposición encuentre unidad ante una eventual caída de la aprobación presidencial, abriendo la perspectiva de volver a ser mayoría y volviendo pequeñas las diferencias que hoy parecen insalvables. Con muchos simpatizantes pero sin socios, las encuestas serán especialmente sensibles para esta administración.
En estos días se publicaron cuatro mediciones relevantes con resultados disímiles: Criteria, Pulso Ciudadano, Cadem y UDD. Las dos primeras arrojan una aprobación cercana al 47% y las dos últimas, en torno al 58%. Para evaluar qué sería un buen resultado para el gobierno es necesario fijar una vara interpretativa. O dos. Esto es, comparar este arranque con el de sus antecesores y ponderar la aprobación a la luz del capital electoral reciente (58% en segunda vuelta y 51% sumado por los tres candidatos de derecha en primera vuelta). El 47% sería razonablemente positivo en perspectiva histórica y algo menos respecto del respaldo electoral. En ese caso, al gobierno le convendría revisar la tesis de que la amplitud del triunfo significa un mandato para implementar íntegramente el programa y prescindir de una coalición más amplia. Una aprobación en torno al 58% sería una señal de respaldo sólido, que sostenida en el tiempo generaría un “efecto amén” entre socios y opositores. Otros antecedentes merecen atención: la menor aprobación entre jóvenes, segmento crítico en la estabilidad social (17 puntos menos que el total, según Cadem); el aumento del optimismo, con 45% diciendo que Chile va en la dirección correcta (mejor cifra desde 2019); y el 48% de optimistas respecto del futuro de la economía, dimensión fuertemente asociada a la aprobación presidencial.
A favor del actual gobierno está el hecho de que sus primeros pasos han seguido el interés mayoritario en torno a la seguridad, en contraste con el anterior, cuyo arranque incluyó gestos ligados al estallido, la Convención Constitucional y al fin del estado de excepción en el sur. En lo inmediato, su desafío estará en mantener la expectativa ciudadana en seguridad, lo que requiere evidenciar que va en la dirección correcta más que alcanzar prontamente resultados estructurales, que inevitablemente demorarán. También dar una narrativa social a su agenda económica, tributaria y laboral, evitando el encuadre “pro empresa” y “conflicto de interés”.
Por Rafael Sousa, Socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP.
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