Cierre de fundición Ventanas: una decisión valiente, pero insuficiente



Por Guido Girardi, fundador de Congreso Futuro y vicepresidente ejecutivo de Fundación Encuentros del Futuro

Somos un país cuya historia está gravemente marcada por la violación a los derechos humanos por parte del Estado y la impunidad que, como sociedad, hemos permitido sobre estos hechos. La obligación del Estado es, justamente, garantizar el respeto irrestricto a los derechos fundamentales. Obligación que se extiende a las empresas públicas.

En la historia de Quintero Puchuncaví el Estado tiene un rol clave, pues es quien cambió el modelo de desarrollo de esa bahía -basado en la agricultura, la pesca artesanal y turismo-, instalando un polo industrial con una fundición (1964) y una refinería (1966) operada por la estatal Enami (actualmente Codelco) e industrias de generación eléctrica en base a carbón, operada por Chilectra (hoy AES Andes).

Las catastróficas consecuencias para la zona llegaron mucho antes que las promesas de bonanza económica. Continuas lluvias ácidas provocadas por el dióxido de azufre liberado por la fundición arrasaron con cultivos, ganado y con la pesca. Ya en 1991, la zona fue declarada saturada por anhídrido sulfuroso y material particulado. La Fundición Ventanas implementó, en 1993, un plan de descontaminación para controlar específicamente esas emisiones, pero en 30 años las políticas públicas no han sido eficaces para descontaminar la zona y letra muerta para controlar las emisiones de dióxido de azufre.

El actuar de la empresa pública vulnera el derecho a la vida, a la salud y a la educación de miles de habitantes de esas comunas. De forma permanente han pretendido negar los hechos, dilatar que se dicten normas de calidad y así seguir operando en la impunidad una estructura industrial -cuya vida útil era de 18 años y no más de 60 años-, sin contar con Evaluación de Impacto Ambiental ni tener que implementar medida alguna de mitigación, compensación o reparación del daño causado.

En 2011 una nube generada por una falla de la división Ventanas de Codelco intoxicó a 42 menores de la Escuela Básica La Greda. Desde entonces, hemos sido testigos de innumerables episodios similares, como el del 2018, donde más de 1.300 personas resultaron intoxicadas.

Desde antes de esos episodios, en 2008, hemos pedido el cierre de la planta y presentado acciones penales contra los responsables de la contaminación, también acudimos a organismos de Derechos Humanos internacionales a denunciar el daño causado a los habitantes del sector, impulsamos dos comisiones investigadoras y exigimos un plan concreto para evitar que esos episodios se repitan. También acudimos a la Contraloría, la Superintendencia de Medio Ambiente y presentamos un proyecto de ley que crea el delito ambiental para penalizar con cárcel la negligencia y desidia de ejecutivos, gerentes y funcionarios.

Es verdad que en esa zona ya no sólo operan la fundición y la refinería de cobre, sino que varias otras empresas que también son contaminantes, ante la pasividad de las autoridades encargadas de fiscalizar las medidas de mitigación. Tal como señaló la Corte Suprema, en su fallo de mayo 2019, en Quintero y Puchuncaví ha habido un notable abandono de deberes de los ministerios de Interior, Salud y Medio Ambiente de todos los gobiernos y por ello ordenó al Ejecutivo implementar todas las medidas necesarias para evitar nuevas contaminaciones.

Hoy aplaudimos la decisión del directorio de Codelco, encabezado por su presidente, Máximo Pacheco, de plantear un cronograma de cinco años para -asegurando las plazas laborales de sus trabajadores- llevar adelante el proceso de cierre de la Fundición Ventanas, tras demasiado tiempo de un accionar vergonzoso que vulnera los derechos de los habitantes de la zona.

Sin duda que la medida, respaldada por el gobierno del presidente Gabriel Boric, es valiente y avanza en la dirección correcta, pero también es insuficiente. Hoy se debe trabajar para, a la brevedad posible, descarbonizar toda la matriz energética y reemplazar los combustibles fósiles por hidrógeno verde (HV2), que es más potente y que podemos producir con cero emisiones gracias a ser el país con la mayor irradiación solar del mundo en el norte y con los vientos más potentes del planeta en el sur.

Pero la mayor oportunidad para Chile es generar un liderazgo mundial desarrollando fundiciones a hidrógeno verde que, no sólo tendrían emisión cero, sino que permitirá realizar acá el reciclaje de metales evitando que el concentrado sea llevado en barco a China en viajes altamente contaminantes y, además, recuperando el oro, la plata, el bismuto, el germanio, tierras raras y otros valiosísimos recursos mineros que hoy estamos regalando.

Se necesita un gobierno con visión, ambición y amplitud democrática, que apueste a nueva manera de concebir la actividad empresarial del Estado. Para ello se requiere un fuerte incremento del presupuesto de Ciencia, que financie la investigación y desarrollo de tecnología para dejar atrás la idea de un crecimiento a costa de las personas, como ocurre hasta ahora en las brutalmente denominadas zonas de sacrificio.

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