Por Fernando AyalaColumna de Fernando Ayala: Chile y Argentina, ¿competencia o colaboración?

El pasado 24 de junio el presidente de la república, Gabriel Boric, viajó al territorio antártico chileno, a la base Eduardo Frei Montalva, acompañado de la ministra de defensa, los tres comandantes en jefe de las fuerzas armadas, más los directores de carabineros y de la policía de investigaciones. Rápidamente tuvo que regresar por las contingencias climáticas y políticas en la zona central del país, por lo que el mensaje de lo que sería su visita no llegó al gran público y por el contrario, fue criticado por diversos sectores. El viaje a la Antártica no fue un acto improvisado sino cuidadosamente programado por los sectores militares como respuesta a la visita que efectuó en febrero pasado el presidente argentino Alberto Fernández a la Base Marambio, acompañado de una impresionante delegación que incluyó a los ministros de relaciones exteriores, defensa, educación, obras públicas, medio ambiente, más los jefes de los estados mayores de las tres ramas, un grupo de diputados y científicos. Fueron a celebrar el Día de la Antártica Argentina y a conmemorar los 119 años de presencia ininterrumpida en el continente blanco, ya que la primera base -Orcadas- fue inaugurada en 1904. Hacía 25 años que un mandatario argentino no visitaba la Antártica, por lo que Fernández aprovechó de enviar un discurso por cadena nacional a todo el país, señalando que “el crecimiento de nuestra Argentina tiene proyección hacia el Sur y visión bicontinental, y parte del desarrollo nacional depende de la defensa de sus componentes estratégicos”. Junto con anunciar la instalación de nuevos laboratorios multidisciplinarios, comunicó que reconstruirán una base a la que agregarán una pista de aterrizaje y un puerto. Concluyó expresando que era hora de cruzar la ciencia con la cultura, por lo que abrirán una sede de la Biblioteca Nacional. También envió un mensaje a Chile: “Hemos presentado, junto a la hermana República de Chile, el establecimiento de un área marina protegida en la zona de la Península Antártica”. Esta propuesta tendrá que esperar por el veto reciente China y Rusia en la reunión de 25 países que integran la Comisión del Océano Antártico.
De los 12 países signatarios del Tratado Antártico firmado en 1959, siete mantienen reclamaciones territoriales: Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido. Argentina, Chile y el Reino Unidos se disputan parte del mismo territorio. Mientras los cinco países desarrollados reconocen mutuamente sus reclamaciones, argentinos y chilenos lo hacen solo en las zonas donde no se tocan. Ningún país reconoce derechos a Chile o Argentina. Este último mantiene 13 bases en la Antártica, siete permanentes y seis estacionales, que funcionan durante el verano austral. Chile posee cuatro y cinco respectivamente, mientras que el Reino Unido dispone de dos abiertas todo el año y tres durante la época estival. Las reclamaciones territoriales de Londres abarcan toda la zona que Argentina estima suya y gran parte de la chilena. El Tratado Antártico no reconoce la soberanía de ningún Estado y actualmente está “congelado”, es decir nadie puede reclamar derechos. Por ello los viajes de los mandatarios de Argentina y Chile son solo actos testimoniales. La reina Isabel II nunca visitó la Antártica, pero el gobierno británico le dio su nombre, en 2012, al territorio reclamado por Argentina y Chile. La superficie que aspiran los chilenos es de 1.25 millones de kms2, es decir casi el doble del territorio actual. Argentina 1.4 millones de kms2, equivalente a la mitad del suyo y Reino Unido, 1.7 millones de kms2, o siete veces más de su actual superficie.
¿Será posible que el territorio que reclaman chilenos y argentinos sea consagrado un día como soberanos? La Antártica es un continente rico en recursos y libre de armas hasta hoy, regida por el Tratado como zona de paz. Es el mayor laboratorio natural de investigación científica en diversas áreas y donde los grandes países han instalado bases permanentes gracias a los recursos que disponen. Sabemos cómo actúan las potencias cuando anteponen el interés nacional. Chile y Argentina, más que competir en la Antártica, están llamados a cooperar, de manera de fortalecer las demandas si es que existen posibilidades de que algún día les sean reconocidos derechos soberanos. Una visita conjunta de los presidentes de Chile y Argentina, dentro del marco de un plan de mediano y largo plazo de cooperación científica en el territorio antártico sería un acto político de integración y daría mucha más fuerza a los derechos que son reclamados.
Por Fernando Ayala, exembajador y ex subsecretario de Defensa.
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