Columna de Juan Ignacio Brito: Veto (otra vez) a La Tirana



Resulta increíble que la autoridad amenace sancionar e inicie sumarios sanitarios a raíz de que el templo de La Tirana permaneció abierto el pasado sábado 16 de julio, cuando se celebró la fiesta religiosa popular por excelencia del Norte Grande. Yendo incluso contra la opinión del gobernador provincial, el Ministerio de Salud había prohibido por tercer año consecutivo los festejos en honor de la Reina del Tamarugal.

Recién el 24 de junio, luego de un llamado de la ministra de Salud, el gobierno comunicó la medida, que generó desazón en la Mesa de Coordinación de La Tirana 2022, compuesta por representantes de la Iglesia, grupos de baile y autoridades. El seremi de Salud indicó que “el nivel central” argumentó motivos sanitarios: el temor a que las aglomeraciones al interior del templo provocaran contagio de enfermedades respiratorias y sobreexigieran la red asistencial de la región. Pese a que, desde marzo, la Iglesia Católica había realizado preparativos para el retorno de los peregrinos tomando resguardos que minimizaran la posibilidad de contagio, el obispo de Iquique, Isauro Covili, acató la disposición y pidió “encarecidamente no subir al santuario”.

Días después, en el Estadio Tierra de Campeones de Iquique, la escuadra local recibió a Santiago Wanderers. Según Estadio Seguro, Deportes Iquique es el equipo de Primera B que más público llevó durante el primer semestre, con un promedio de 5.330 espectadores por partido. ¿Nada de prohibiciones ni llamados de la ministra ahí?

Debido a lo tardío del aviso y al fervor religioso contenido, en La Tirana ocurrió lo inevitable. Tal como predijo frente al seremi el alcalde de Pozo Almonte durante la reunión en que aquel dio a conocer la determinación de la ministra de Salud, los fieles se rebelaron ante una decisión que, una vez más, violaba sus derechos fundamentales y les impedía venerar a la Virgen. Ejerciendo la libertad religiosa consagrada en la Constitución y ratificada por el Poder Judicial durante la pandemia, desobedecieron una orden inicua y votaron con los pies: al menos cinco mil personas llegaron hasta la explanada del Santuario de Nuestra Señora del Carmen en La Tirana a renovar su devoción por “la Chinita”, con bailes, cánticos y oraciones elevadas al cielo.

Impotentes ante una realidad que los sobrepasó, los fiscalizadores del gobierno anunciaron la apertura de un sumario por incumplimiento del aforo y la no publicación de este en las instalaciones del templo. Al revelar la decisión de prohibir las festividades, el seremi había solicitado dar este año un “respiro” a la red asistencial. Quizás sin quererlo, evocó las palabras del exobispo de Iquique, Guillermo Vera (hoy en Rancagua): “El santuario y la fiesta de La Tirana son lugares donde respira el alma”.

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