
Columna de Patricio Morales: No más minorías mayoritarias

El resultado del 17 de diciembre deja atrás dos intentos de cambio constitucional. En resumen, nada que celebrar y un desperdicio político para los que anhelábamos un nuevo pacto social para Chile. En ambos procesos constituyentes donde los extremos de izquierda y derecha lograron ganar los procesos electorales, sus discursos de rabia conectaron con un país desorientado por la energía que liberó el estallido social. Estos sectores extremos, que siempre fueron minoría, quedaron en una posición mayoritaria. A su vez, quedaron a cargo de liderar una expectativa democrática, no solo un espacio de democracia procedimental, también en términos culturales de responder a la concepción democrática de lo que los chilenos y chilenas entienden de esto. Es decir, no solo imponer una mayoría circunstancial, también llegar a acuerdos y reformas que se hagan cargo de una unidad y una trayectoria histórica nacional. Hacer un país desde cero o pensar que el país se adaptará a una concepción ideológica única, fue un error trascendental. “Rechazo” y “En contra” fueron preferencias mayoritarias por esto último.
Los electoralistas y encuestas de la plaza cifraron a los electores en tres bloques. Las y los jóvenes entre 18 y 24 años y las y los adultos mayores de 54 años que manifestaron una inclinación muy marcada por el “En contra”. Y el bloque entre 34 y 54 años donde el “A favor” posee una preponderancia.
Lo anterior establece un desafío y una responsabilidad vital para la centroizquierda en Chile. El bloque entre 34 y 54 años fue un espacio donde los gobiernos de la Concertación construyeron un liderazgo y una sintonía que se ha perdido. Un sector social que no se mueve solo de esperanzas, y donde descansa una sicología y un pragmatismo distinto. No es un espacio abierto al cambio, porque sabe que puede perder lo que le ha costado conseguir. Es un espacio que difícilmente sintonizará con un proyecto que no se tome en serio el crecimiento económico, el empleo y la seguridad. Ese estado de ánimo de resignación y agobio social se debe romper con una narrativa distinta, y por sobre todo, por un propósito de país que invite a un futuro moderno, serio y responsable; donde también cabe el pluralismo y la tolerancia. Si Chile quiere alcanzar el desarrollo no puede ser un espacio de identidades inconexas, sin una unidad nacional. La energía de las políticas de genero o las necesidades medioambientales no deben colisionar, ni menos aleccionar a hombres y mujeres de entre 34 y 54 años. Los proyectos liberales, socialdemócratas y progresistas del mundo desarrollado lograron saltar esta valla.
Si seguimos creyendo en la derecha o la izquierda como ejes ordenadores de las preferencias políticas, esta será la gran disputa de la centroderecha y la centroizquierda. Mostrar vocación de mayoría real, sin prácticas de barras bravas y con la sapiencia democrática de que construir unidad no es un acto procedimental, que la democracia no es una cancha en disputa, es un espacio productor de diversidad y tolerancia.
Por Patricio Morales, cientista político y ex presidente del Partido Liberal
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