“Cómo quieren que no quememos el Palacio Pereira”



Por Iván Poduje, arquitecto

La cuña pirómana de la diputada y presidenta de Revolución Democrática, Catalina Pérez -”En Chile la vida de un pobre no vale nada. ¿Cómo quieren que no lo quememos todo?”-, no debe tomarse a la chacota. Aunque ella aclaró, indignada como es su costumbre, que lo suyo era una metáfora mal usada por la extrema derecha, lo cierto es que su partido y el Frente Amplio coquetearon con la violencia durante todo el estallido y siempre encontraron excusas para explicar ataques incendiarios.

¿Qué ocurrirá si el pueblo elige una Convención Constituyente (CC) fascista y neoliberal a juicio de la diputada Pérez? La verdad es que preocupa pensarlo. Lo mismo me pasa si la CC no es del agrado del alcalde Jadue, un admirador de los procesos chavista y cubano, que no se caracterizan por su tolerancia a la disidencia, y cuyo partido ya amenazó con “rodear” la Constituyente. Piense además que la sede de la CC será custodiada por Carabineros, que son el blanco principal de la Primera Línea y de su bancada parlamentaria, que seguramente calificará de represión criminal cualquier intento de la policía por defender este espacio de deliberación democrática.

Por estas razones, creo que es un riesgo hacer la Convención en el Palacio Pereira. Si bien se trata de un espléndido edificio patrimonial, con todas las condiciones operativas para realizar el proceso, al ubicarse en el centro histórico podría ser rodeado fácilmente por los grupos que siguen destruyendo la plaza Baquedano. Si lo hacen solo porque es viernes, imagine lo que podría ocurrir si la CC no toma las decisiones que ellos exigen a nombre del pueblo. “Cómo quieren que no quememos el Palacio Pereira si los derechos de agua siguen siendo privados”, es una cuña-metáfora que perfectamente podríamos escuchar para justificar cualquier barbaridad.

El Estado no puede permitirlo y más allá de los deseos o las frases de buena crianza, los hechos demuestran que no existe capacidad de proteger el proceso constituyente si este se realiza en Santiago, donde en cosa de horas se pueden reunir tres mil manifestantes violentos. Además, si queremos dar una señal simbólica, más que un edificio debemos pensar en el lugar donde se emplaza, y qué mejor que hacerlo en regiones, dado que la descentralización será una propuesta potente de la nueva Constitución.

Sería bueno que el lugar de la CC simbolice la ansiada diversificación productiva de Chile, cuyo futuro estará ligado a la economía del sol, el viento o minerales como el litio. Con ello, la búsqueda se acota a la zona norte, y en ese contexto territorial, creo que una locación óptima sería San Pedro de Atacama, que tiene infraestructura para recibir a los constituyentes y cuya proximidad con Calama permitirá acceder a los servicios que se requieren, reduciendo el riesgo de que se tomen la Convención para exigir los cambios que no lograron impulsar en las urnas.

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