Controversial cambio de fecha de elecciones

Siendo necesario que los comicios se aplacen ante la gravedad de la pandemia, la autoridad sanitaria no puede eludir la responsabilidad que le cabe por no haber actuado con más decisión para evitar llegar hasta este punto.



La decisión anunciada por el gobierno en orden a postergar la próxima elección de alcaldes, concejales, gobernadores y constituyentes para el 15 y 16 de mayo, parece a estas alturas inevitable a la luz de la compleja realidad sanitaria que vive el país, cuando el número de contagios ha alcanzado cifras récord y la disponibilidad de camas críticas se encuentra en el límite. La autoridad se ha hecho eco de la petición del Consejo Asesor Covid, el Colegio Médico y otras entidades científicas, que habían recomendado no llevar a cabo los comicios el 10 y 11 de abril.

Aunque la decisión ha encontrado respaldo en la mayor parte de Chile Vamos, la oposición ha optado por colocar una serie de condiciones para dar su aprobación en el Congreso. Entre otros aspectos, ha demandado cambios en la gobernanza sanitaria y una mejor focalización en las ayudas económicas. Si bien es legítimo que la oposición mantenga una postura crítica en la forma como se ha manejado la pandemia y exija al Ejecutivo un cambio de rumbo, en las actuales circunstancias resulta irresponsable aprovechar esta coyuntura para hacer prevalecer una agenda propia.

Con todo, el gobierno no puede pretender desentenderse de la cuota de responsabilidad que le cabe en haber llegado hasta el punto en que las condiciones sanitarias se han tornado críticas. En estas mismas páginas se hizo presente hace algunas semanas que la autoridad debía hacer todo lo que estuviera a su alcance para asegurar la realización de los comicios en la fecha prevista originalmente, en especial considerando el apretado calendario electoral que espera al país durante este año. A la luz de lo sucedido, tal parece que dichos esfuerzos fueron del todo insuficientes.

Aun cuando el proceso de vacunación ha sido hasta ahora un éxito indiscutido, es posible que ello haya transmitido en la población una falsa sensación de seguridad, perdiendo el sentido de urgencia. A este “optimismo” mal entendido se suman las equívocas señales que la autoridad dio en materia de cuarentena -descartando hace apenas un par de semanas un confinamiento total en la Región Metropolitana-, la falta de proactividad para tomar medidas más estrictas con la llegada de pasajeros desde el extranjero -materia que se subsanó hace apenas unos días- o la errática política en materia de permisos para circular los fines de semana. Todo ello no solo contribuyó a generar la percepción de que la situación estaba bajo control, sino que también denota una inconveniente improvisación en medidas que resultan clave.

Por cierto que no hay cómo asegurar que la realidad sanitaria sería hoy diametralmente distinta si la autoridad hubiera llevado a cabo en forma más estricta las medidas de prevención sugeridas, pero sí parece un hecho que las indecisiones no contribuyeron a generar un cuadro sanitario más seguro. En ese orden de cosas, resulta indispensable que el Ministerio de Salud proporcione con mayor exhaustividad los antecedentes que justifican proponer las nuevas fechas en mayo, y qué medidas se van a adoptar para asegurar que esta vez existan condiciones sanitarias seguras. La población debe estar preparada para ello, ante lo cual es fundamental saber desde ya por cuánto tiempo más se extenderán las cuarentenas, los grados de restricción que tendrán los permisos, así como otras limitaciones que probablemente será necesario implementar.

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