Por Joaquín TrujilloDe Tucídides con dolor

La falsa inteligencia de las ideologías, que tiende a rellenar con sus cada vez más forzadas reiteraciones, es, por eso mismo, imprudente.
Hace una década, alertado por la ignorancia geopolítica, el filósofo chileno Roberto Torretti (1930-2022) publicó una traducción comentada de pasajes fundamentales de la Historia de la guerra del Peloponeso, del historiador y militar Tucídides (c. 460 a. C. - c. 400 a. C.), un clásico ineludible para cualquier persona que se atreva a entrometerse en los conflictos entre naciones e imperios. Hizo lo mismo con el pasaje sobre la estasis de Corcira (Libro III, 82-84) y la peste de Atenas (Libro II, 47-54). Para no dejar espacio a conjeturas, Torretti tituló su traducción Por la razón o la fuerza, por si acaso a alguien había que instruirlo con peras y manzanas.
Toda traducción es siempre la reactualización de un pensamiento y una lengua. El pasaje central de aquel libro es el “Diálogo de los melios”, aquel en que los atenienses exigen a los habitantes de Melos que se sumen a su alianza en la guerra entre Atenas y Esparta (Libro V, 84-116). Los candorosos melios, que no quieren quedar mal ni con dioses ni demonios -mezcla de idealistas y cazurros-, pretenden mantener una independencia interesada.
Como si pudieran constituir un triángulo equilátero de los poderes mundiales, los insignificantes melios pretenden que Atenas y Esparta ocupen dos de sus vértices y ellos el tercero restante. Esa opción no está en el menú y los atenienses, tras varios intentos, convencidos de que estos aliados de segundo orden quieren hacer del conflicto una oportunidad para volverse un objeto del deseo, deciden tratarlos como a enemigos.
Su pasaje más famoso en la traducción del chileno dice:
“El razonamiento humano despliega la justicia cuando los que están siendo juzgados tienen igual fuerza; pero cuando unos sobrepasan en fuerza, ellos mandan todo lo posible y los inferiores no los contradicen” (5.89). Es la frase que la paráfrasis del sentido común occidental ha resumido como: “Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Una lección de Realpolitik.
La neutralidad es un tesoro que pocos pueblos y religiones son capaces de alcanzar. Para lograrla, hacen falta conductas claramente no oportunistas. Alegarla es posible, pero requiere una exactitud de joyero y una tradición de precedentes bien afirmados.
La historia no se repite y, a veces, como la poesía moderna, ni siquiera rima. Sin embargo, hay en ella tramos de analogías que podemos llamar discretas. Muchos politólogos internacionales han intentado deconstruir o reducir a su mínima expresión estas analogías del clasicismo occidental apelando a experiencias o rebuscamientos que son extravagantes. Y lo son porque no han logrado incorporarse a la imagen que Occidente tiene de sí mismo, como esos libros apócrifos que orbitan el canon desde hace miles de años. Eso es lo que se llama confundir la cultura general ya divulgada con las huellas que ha dejado el intento por divulgar la subcultura de la ideología propia. Tucídides no está obsoleto.
Por Joaquín Trujillo, investigador CEP
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