Por Ricardo AbuauadEl enfermo de Chile

Es cierto que el futuro Minvu enfrentará varias crisis heredadas de la situación del país y la mala gestión de los últimos años: acceso a la vivienda, campamentos, reconstrucción del incendio en el sur, la de los otros incendios cuyas promesas no se cumplieron, y un largo etcétera. Pero hay una urgencia antigua, vergonzosa, de la que alguien tiene que hacerse cargo alguna vez (y esta columna es una invitación a que ese alguien sea el gobierno entrante): la debacle de Valparaíso.
A mediados del XIX, el zar llamó al Imperio Otomano el “enfermo de Europa”. Luego el Reino Unido, España, Irlanda e Italia recibieron sucesivamente ese calificativo. Territorios difíciles de recuperar, y, sin embargo, todos ellos encontraron una salida a sus crisis. En Chile tenemos desde hace tiempo nuestro propio “enfermo”: con un patrimonio magnífico pero deteriorado, Valparaíso luce decadente, pobre, sucio, con fuga de inversiones y puestos de trabajo, una sombra triste de lo que alguna vez fue.
Pero muchas ciudades que han enfrentado crisis las han resuelto, y hay buenos ejemplos. Escribo este texto desde Lisboa, comparada muchas veces con Valparaíso por su puerto, sus construcciones sobre los cerros y su resiliencia frente a terremotos, incendios y tsunamis. Hasta ahí llega la comparación; hoy la diferencia es enorme. Luego de años en los que estaba muy por debajo de las otras capitales vecinas, Lisboa es hoy una urbe limpia, amable, con uno de los mejores espacios públicos del continente. Por 6ª vez el “Mejor destino de escapadas urbanas de Europa” de los World Travel Awards, la “Mejor ciudad Patrimonio de la Humanidad” y el “Mejor destino de negocios” en 2024 -si bien tiene un muy difícil acceso a la vivienda-, esta ciudad espléndida es el resultado de planes concertados, acciones con foco claro y gestión. Nada de eso ha tenido Valparaíso, ni ahora, ni tampoco en los años anteriores. Sin embargo se puede, y Lisboa es un ejemplo.
¿Hay proyectos para Valparaíso que anuncien cambios? Sí, pero esto ya ha ocurrido antes. Este texto es un recordatorio de que el nuevo gobierno no puede olvidar esta decadencia indigna de un patrimonio Unesco. Aprovechando esta tribuna, he escrito esta misma columna, con variantes, cada vez que una nueva autoridad competente en este tema asume o cumple un ciclo en su cargo. Obviamente, no han tenido efecto alguno. La magnitud del desafío es nacional, y la recuperación debería ser una prioridad desde la Presidencia. El futuro ministro Poduje conoce bien el tema, y además le importa: ha trabajado en proyectos de gran envergadura en la ciudad y la región, y en estudios de reconstrucción, monitoreo y riesgo en ese territorio. Y así como este texto es un recordatorio de la deuda que tenemos con Valparaíso, lo es también del hecho de que, tarde o temprano, con las autoridades que asumen en marzo o con las que lo hagan en el futuro, alguien con la decisión necesaria asumirá esta tarea y dejará una huella. ¿Será este el momento para el “enfermo de Chile”?
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB, profesor UC
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