Escenario abierto

Ayer se reunieron los dirigentes del Frente Amplio y Chile Digno.




Por Paulina Vodanovic, Presidenta de Horizonte Ciudadano

Estas semanas, hemos visto hechos que nos recuerdan que en política un año es una eternidad. Son hechos ambivalentes, de consecuencias impredecibles aún. Lo único cierto es que se ha configurado un nuevo escenario político, cada vez más abierto y donde es muy difícil hacer proyecciones.

Tenemos un país que sigue atento a las claridades que le corresponde al gobierno entregar. Primero, respecto del control que se pueda hacer de la pandemia, con una vacuna que devuelve la esperanza, salvo por el número irrisorio de dosis. Segundo, respecto de la situación económica, con algunos signos económicos positivos pero que siguen acompañados de la inexplicable ausencia de una política de recuperación económica, efectiva y con una hoja de ruta clara. Si bien la población sigue pacientemente esperando que concluya el año para dejar atrás profundos dolores, ya hemos comprobado que la paciencia tiene un límite.

En lo estrictamente político, tal vez lo más relevante ha sido la solidificación de nuevas alianzas y acercamientos. La derecha extrema y la centroderecha están acercando posiciones en torno a una defensa común del modelo de sociedad imperante, con lo cual pueden ser exitosas en bloquear las fuerzas transformadoras en la Convención Constitucional y en una buena cosecha en las elecciones municipales, regionales y presidenciales. La oposición se está aglutinando cada vez más claramente en dos grandes bloques. Está por un lado la alianza del Frente Amplio y Chile Digno, que parece apostar a canalizar el descontento social en las urnas y en las calles. ¿La gente los verá con un prisma distinto al que usa para evaluar a la clase política y a la élite? Está por verse. Por otro lado, Unidad Constituyente puede robustecer una alternativa de transformación con gobernabilidad al crear entendimientos con el referente naciente de ex integrantes del Frente Amplio e independientes. Aunque esos entendimientos no se conviertan en un acuerdo político-electoral, pueden responder a la demanda de ver un trabajo conjunto en torno a cuestiones centrales de la nueva Constitución y del proyecto político que debiera articularse para su correcta instalación en un próximo gobierno. ¿Será el polo socialdemócrata el punto de convergencia para ponerlo en práctica? La respuesta se empezará a escribir en los próximos días.

No es fácil saber con certeza cómo reaccionará el pueblo soberano frente a estas opciones del escenario político. Es muy probable que la derecha logre gran parte de sus objetivos. En cuanto a la oposición, ninguna calculadora da una suma favorable para quienes quieren dejar atrás la herencia de Pinochet estando dispersos (dispersión que el partido Humanista puede incluso acrecentar). La paradoja de esta división es que puede transparentar las posturas. Quién sabe si con la materialización de dos bloques sea más fácil buscar puntos de encuentro acotados, pragmáticos, en la convención constitucional y en ciertos contenidos del programa presidencial. Todo es posible con un escenario tan abierto.

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