Iván Witker

Iván Witker

Académico Facultad de Gobierno, Universidad Central

Opinión

Ingeniosidades pentecostales en América Latina


A partir de lo que ocurre en Brasil, y menor medida México, se puede constatar que el crecimiento de las iglesias pentecostales latinoamericanas es exponencial. Claves parecieran ser la cercanía con el mundo popular, extensas redes con centros de culto, disciplina y un contagioso fervor musical, que aglutinan de manera similar a las añejas canciones de protesta. Otro tanto aportan el descrédito del catolicismo, la debacle de los partidos de izquierda y el rescate del discurso valórico basado en argumentos más tradicionalistas.

En el caso brasileño, se asiste además a la increíble sagacidad política de Edir Macedo, líder de la Iglesia Unificada del Reino de Dios, quien en 2003 tuvo la bendita ocurrencia de formar el Partido Republicano Brasileño y pactar con el Partido de los Trabajadores (PT). Abrió, así, las puertas de sectores reticentes al entonces incombustible candidato Lula. Macedo puso al empresario pentecostal José Alencar como compañero de fórmula y el éxito fue total. Su imperio mediático y su iglesia crecieron de inmediato a dimensiones colosales, llegando a los 10 millones de fieles en todo el mundo. De paso construyó un templo de 100 mil metros cuadrados en Sao Paulo, a cuya inauguración en 2014 llevó a la agnóstica Dilma Rousseff (y a otros importantes líderes PT, como el posterior candidato Fernando Haddad). Este singular matrimonio de conveniencia acabó hace un año por los casos de corrupción Odebrecht y Mensalao.

Otros linces son los pentecostales mexicanos, cuyo diminuto Partido Encuentro Social, apoyó a López Obrador a cambio de ciertas cuotas de poder y compromisos valóricos. De paso, obtuvieron 55 asientos parlamentarios. La edénica historia partió en 1982 en Guatemala, donde el primer pentecostal, Efraín Ríos Montt se hizo con el poder dando un golpe de Estado.

Luego, en 1990 en Perú, la Iglesia Cristiana y Misionera se integró a la coalición Cambio 90 y obtuvo 14 diputados y 4 senadores. Su pastor, Carlos García y García fue Vicepresidente de Fujimori.

Hace dos años, la secta pentecostal, Instituto Evangélico, llevó al poder en Guatemala al pastor Jimmy Morales; esta vez por vía electoral. En tanto, en abril de este año, en Costa Rica, el predicador y cantante pentecostal, Fabricio Alvarado, ganó la primera vuelta, pero perdió el balotaje.

En Ecuador, la Federación Evangélica (mayoritariamente indígena y pentecostal) presta fuerte apoyo al Presidente, L. Moreno. Mientras, en Colombia, se opusieron al plebiscito sobre el acuerdo de paz con las FARC y luego su partido, llamado MIRA, apoyó con entusiasmo a Ivan Duque como presidente.

En la actualidad se estima que cerca del 20% de los latinoamericanos son pentecostales. En sus pastores ha hecho carne el concepto “teología de la prosperidad”, opuesto a la excéntrica “teología de la liberación”, católica, de Leonardo Boff y Frei Betto, tan en boga en los 60 y 70. Sin embargo, comparten una irresistible atracción por el poder.

La irrupción pentecostal en la política latinoamericana es exitosa, aunque se observa todavía poca articulación entre sus diversas expresiones.

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