Por Rolf LüdersJaime Guzmán y el modelo económico

Hace 35 años y en plena democracia, fue asesinado Jaime Guzmán, probablemente el intelectual contemporáneo que mayor influencia ha tenido en la conformación de la institucionalidad que nos rige. Lo hizo como asesor del general Augusto Pinochet, como fundador y líder indiscutido de la Unión Democrática Independiente (UDI), como uno de los redactores más determinantes de la actual Constitución, como dirigente universitario, como brillante panelista en programas de televisión y como autor de numerosos escritos.
Fundador en los años 1960 del gremialismo en la Pontificia Universidad Católica de Chile, sus ideas tuvieron, entre otras, sus raíces en el conservantismo católico chileno, en la Doctrina Social de la Iglesia, en el corporativismo, y en la noción de la existencia moral pública objetiva. En ese sentido, y en materia de política económica, sus convicciones distaban aparentemente de aquellas neoclásicas y de libre mercado que, a partir de 1973, estaban implementando los Chicago Boys en Chile.
Sin embargo y alrededor de 1977, Guzmán empezó a apoyar a los constructores del modelo económico chileno y a hacer suyas las bases de la economía social de mercado que se estaba implementando en el país. ¿Cuáles fueron las razones que pudo haber tenido para ello? A mi entender estas fueron, al menos, tres.
Por un lado, el modelo estaba empezando a dar los resultados que cabía esperar de un sistema económico eficaz. La inflación se estaba controlando, se estaban creando buenos empleos, y la apertura comercial -por la amplia disponibilidad y variedad de bienes de consumo que produjo- estaba contribuyendo a generar una incipiente sensación generalizada de bienestar.
Por otro lado, el modelo económico y social que se estaba estructurando en Chile implicaba de facto la existencia de un rol subsidiario positivo del Estado, concepto que Guzmán compartía y que difería de aquél negativo que sostenía, por ejemplo, Milton Friedman. La mejor prueba de ello era la importancia que el gobierno de la época le estaban dando al combate en contra de la pobreza, liderada, entre otros, por Miguel Kast.
Final y posiblemente la razón más importante que pudo haber tenido Guzmán para dar su apoyo a la implementación de una economía de mercado en Chile, fue que la estructura institucional económica que se estaba instaurando era de tal naturaleza que dificultaría enormemente su reemplazo por una de corte marxista o centralizada.
Jaime Guzmán fue, por sobre todo, un gran político. En el tema que nos convoca, estuvo dispuesto a sacrificar, parcialmente y por ejemplo, su convicción de la necesaria existencia de una moral pública objetiva, en aras de favorecer la implementación de una economía de mercado libre y, de paso, favorecer su proyecto despolitizador, anticomunista y refundacional.
Por Rolf Lüders, economista
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