La evacuación vertical frente a tsunamis debe ser una opción en Chile

Gracias al incansable y silencioso trabajo desarrollado durante años por investigadores nacionales e internacionales –que lograron combinar información obtenida a partir de registros históricos, datación de depósitos de sedimentos dejados por tsunamis pasados, y simulaciones matemáticas de escenarios de inundación– hoy es posible conocer con mayor precisión la real dimensión del gran terremoto de Valparaíso ocurrido en la madrugada del 8 de julio de 1730.
Se trata del último mega-terremoto de subducción que ha afectado a la zona central de Chile, con una magnitud estimada entre 9,1 y 9,3, que fue además acompañado de un devastador tsunami que inundó amplios sectores del actual plan de Valparaíso y zonas bajas ubicadas en el entorno del estero Marga-Marga en Viña del Mar.
Hoy también sabemos gracias al trabajo colaborativo de científicos e ingenieros, que en promedio algún lugar de Chile será afectado por un terremoto de magnitud 8 o superior cada 10 años. Además, las investigaciones de paleotsunamis, nos han mostrado que los mega-terremotos con magnitudes cercanas a 9, tendrían en Chile un ciclo de recurrencia promedio de entre 400 y 500 años.
Si bien, estas estimaciones tienen gran incertidumbre debido a los pocos registros disponibles para sismos de gran energía, este nuevo conocimiento nos permite avanzar hacia una evaluación del riesgo de terremotos y tsunamis más precisa, en línea con lo que el país requiere para planificar mejor su desarrollo urbano y territorial. Al mismo tiempo, que incorporar criterios de seguridad, mitigación y resiliencia, en la priorización por ejemplo, de inversiones en infraestructura crítica, líneas vitales, desarrollos industriales y productivos.
Los resultados de estos trabajos de investigación nos llaman entonces a responsabilizarnos y a responsabilizar a quienes nos representan en instancias de toma de decisiones, para estar mejor preparados frente a un escenario como el que ocurrió hace 289 años en Chile. Uno de los temas críticos y urgentes de abordar, es la incorporación de normativas y protocolos para evacuar verticalmente en casos en que las distancias a zonas seguras sean difíciles de alcanzar en tiempos estimados de arribo de un tsunami. Existen experiencias internacionales en los que edificios públicos han sido diseñados o adaptados especialmente para este propósito, o bien se han generado incentivos y condiciones para que condominios o asociaciones de propietarios privados puedan implementar protocolos de evacuación vertical en forma segura.
En Chile existen buenos estándares de construcción sismo-resistente desde donde sustentar una alternativa como ésta, pero habrá que revisar dimensiones técnicas, legales, y también culturales, antes de su implementación práctica. Sin embargo, las complejidades para la evacuación frente a tsunamis diagnosticada en algunas ciudades costeras por el trabajo de investigadores de nuestro CIGIDEN, requieren de que esto sea revisado en el país con urgencia.
El conocimiento entrega poderes y responsabilidades, y más asustarnos o paralizarnos frente a la certeza de que en el futuro viviremos otros eventos como el de 1730, debemos prepararnos todos los días a nivel individual, colectivo, normativo e institucional. Las nuevas formas de conexión entre los científicos, los tomadores de decisión y la ciudadanía, son también una excelente forma de sustentar y acelerar estos procesos.
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