La muerte de un joven malabarista: reflexiones del dia despues



Por Hugo Frühling, director del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile

La muerte de un joven malabarista callejero a manos de un sargento de policía ha provocado opiniones encontradas respecto de la proporcionalidad del accionar del suboficial. Carabineros y el gobierno han aludido a que el carabinero efectuaba un procedimiento legal y de acuerdo con sus atribuciones, como si esto fuera suficiente para explicar lo ocurrido.

Cualquiera sea la determinación de la justicia, y con independencia de las responsabilidades involucradas, el resultado del procedimiento policial no puede ser peor: se segó la vida de un joven que hasta ese momento no cometía ninguna infracción grave, se produjeron incendios y ataques a edificios públicos como reacción ante lo ocurrido y se ensanchó la desconfianza hacia carabineros en la comunidad. No pretendo aquí juzgar o asignar culpas respecto de lo sucedido, sino que centrarme en aspectos a analizar el día después de lo ocurrido que requieren tomarse en cuenta para analizar procedimientos, formación y gestión policial .

Primero, la intervención policial siempre puede enfrentar reacciones inesperadas, por lo que en lo posible debe hacerse con conocimiento del contexto, costumbres y percepciones de los participantes en los hechos. Los testimonios indican que Francisco Martínez era conocido en la zona e incluso apreciado por los vecinos; nadie parecía verlo como una amenaza a su seguridad. El sargento segundo y sus acompañantes en cambio, al parecer, no habían recibido la información necesaria para efectuar el procedimiento respectivo y provenían de otra región del país. Es posible que contar con ese conocimiento les hubiera sido útil para preveer mejor lo que iban a hacer.

Segundo, frente a una situación determinada, la policía puede proceder de maneras distintas. El control de identidad preventivo no fue previsto para resolver reclamos por congestión vehicular en un semáforo. Frente a eso, es exigible que los policías utilicen las atribuciones que poseen para resolver de manera eficiente un problema. El control de identidad en ese contexto parece haber sido percibido por Francisco como el intento por privarlo de su medio de subsistencia y como una medida arbitraria y discriminatoria, dado que no se le aplicaba a nadie más y no se le hizo presente que era lo que motivaba la intervención policial.

Tercero, la situación en análisis se desencadenó en escasos minutos, por lo que hubo pocas oportunidades para modificar su curso. Sin embargo, una reflexión: médicos, profesores y policías se enfrentan de manera habitual a situaciones que si no se manejan de manera adecuada pueden escalar hacia confrontaciones de consecuencias imprevisibles con pacientes, alumnos y ciudadanos. Frente a ello, deben contar con herramientas que les permitan desescalar los conflictos, demostrar que escuchan y crear condiciones para una comunicación efectiva. Una de esas técnicas es el jiu jitzu verbal. ¿Se enseña a nuestros policías?

Por último, los otros dos carabineros no tuvieron participación alguna en los hechos ni ayudaron al sargento. No pretendo opinar sobre si les era exigible actuar de otra manera, pero surge una pregunta: ¿Entregamos a los carabineros las destrezas y la formación para que actúen con iniciativa en situaciones inesperadas o más bien los formamos para obedecer a su superior?

Hay más de lo que aparece en la superficie de este incidente de consecuencias tan lamentables.

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