Opinión

Matthei y Romero: ¿almas gemelas?

Nunca ha sido fácil la convivencia al interior de las derechas. Mal que pese, su trayectoria revela un persistente ánimo faccioso, inversamente proporcional al anhelo de unidad que suele expresar su electorado. Los ejemplos históricos son múltiples, desde la mezquindad que impidió la llegada del doctor Cruz-Coke a la primera magistratura a mediados del siglo pasado hasta la tensa división entre RN y la UDI en las postrimerías del régimen de Pinochet. No obstante, el Chile posdictadura también ha conocido episodios más virtuosos, sobre todo ante coyunturas adversas o decisivas, como el plebiscito del 4 de septiembre de 2022 o el reciente balotaje que llevó a José Antonio Kast a La Moneda.

De ahí que resulte sorprendente e incomprensible la dinámica autodestructiva que han protagonizado durante las últimas semanas Agustín Romero y Evelyn Matthei. Mientras el país y el gobierno enfrentan desafíos titánicos —una acumulación de crisis diversas, con la emergencia laboral ya disputando el triste trono a la situación de inseguridad—, el diputado republicano y la excandidata presidencial de Chile Vamos parecen empecinados, cada uno a su modo, en confirmar a sus detractores la peor cara de la política. Aquella donde el cortoplacismo y una distorsionada concepción del interés propio predominan sobre cualquier otra consideración.

Desde luego, los partidarios de uno y otra encontrarán fácilmente argumentos para cuestionar la conducta de su adversario del momento. Porque ese es el problema: ninguno ha estado a la altura de sus graves responsabilidades. ¿O acaso alguien podría sostener que las constantes diatribas de Matthei en los medios contra el gobierno están a la altura de una exministra, exparlamentaria y exalcaldesa con casi cuatro décadas de experiencia política? ¿O que las declaraciones altisonantes y hostiles de Romero —o la fallida acusación constitucional contra Grau que él y otros empujaron con frenesí— contribuyen al clima que requiere el oficialismo? La paradoja es manifiesta: con sus actitudes Romero y Matthei se retroalimentan mutuamente, en perjuicio del ambiente que necesitan el presidente Kast y las derechas para desplegar su agenda.

En sus respectivas tribus podrán invocar múltiples excusas para la conducta de cada cual, desde el maltrato (injusto) que recibió Chile Vamos en el marco de la reforma de pensiones hasta la manera (injusta) en que se caricaturizaba a JAK en campaña como un referente “peligroso”, “extremo” o “ultra”. Pero es precisamente esa lógica la que hoy carece de sentido: el presidente Kast gobierna con una base de apoyo amplia —desde Demócratas hasta el Partido Republicano—, incluyendo un ministro de Interior de la UDI y un ministro Segpres de Renovación Nacional. Guste o no, el destino del gobierno compromete a todos esos partidos.

Y, por lo mismo, aunque es indudable que La Moneda tiene una especial responsabilidad en generar las condiciones que favorezcan una mayor cohesión del oficialismo, nada justifica ni las faltas de respeto de Romero a sus aliados ni la deslealtad de Matthei con sus correligionarios. Siempre es posible rectificar, pero en las últimas semanas ambos han mostrado ser almas gemelas y —todo hay que decirlo— no caracterizadas por la grandeza.

Por Claudio Alvarado R., Director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES).

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