Por Pablo AllardMecha corta

El preestreno del ministro de Vivienda y Urbanismo de la futura administración Kast, el urbanista Iván Poduje, no dejó a nadie indiferente. Su capacidad de despliegue territorial lo tenía una mañana reunido con comités de vivienda en San Antonio y en la tarde recorriendo las ruinas de Penco. A lo que se sumó una tensa presentación en el seminario de la Asociación de Municipalidades donde fue interrumpido por un académico al cual rebatió, con su ya conocida retórica, terminando con aplauso cerrado de la audiencia. Poduje inició su presentación ironizando que le decían “mecha corta”, lo que demuestra que será un ministro con carácter, pero gran experiencia y preparación.
Lamentablemente la “mecha corta” no será la personalidad del ministro, sino que asumirá con poco margen presupuestario, alta presión social y una ciudadanía cansada de promesas.
En términos de vivienda, el Presupuesto 2026 del Minvu creció en torno al 13%, pero gran parte se destinará a transferencias y préstamos asociados a obras ya en ejecución. Se proyecta una baja cercana al 15% en nuevos subsidios -unos 30 mil menos, especialmente en los programas DS49 y DS19-, lo que reduce el espacio para iniciativas frescas en el primer año. En términos operativos, el margen para el 2026 seguirá acotado, lo que compromete la capacidad de crear el shock de oferta para los cuatro años propuesto en el programa de JAK.
A ello se suma un Plan de Emergencia Habitacional (PEH) que según el actual gobierno cierra el ciclo con 247.003 viviendas terminadas/entregadas y 95% de avance hacia la meta de 260 mil. La cifra ha sido cuestionada por algunos expertos por haber sido “inflada” con programas que no estaban en el origen del PEH. Según el ministro Montes, habría más de 118 mil soluciones habitacionales en construcción y 69 mil por iniciar, pero el problema es cuándo iniciarán si el financiamiento y la mal llamada “permisología” son inciertos.
Otro frente en deuda es la “not-reconstrucción” post incendios de Viña del Mar y Quilpué del 2024, que será inevitablemente comparada con la que tendrá que liderar JAK luego de los devastadores incendios de Penco y Tomé.
Otra herencia de Boric es el daño institucional y al sistema de colaboración entre el Minvu y el sector social. El caso “fundaciones” o “Democracia Viva” minó confianzas y golpeó la moral de equipos de las Seremi y Serviu de varias regiones, obligando a una vigilancia reforzada y a protocolos de integridad que devuelvan el orgullo de lo público. El debilitamiento de la confianza en las organizaciones de la sociedad civil dejará sin atención a muchas comunidades vulnerables que requieren de la capilaridad y cercanía donde el Estado, por capacidad o escala, no llega.
Con ese telón de fondo, los desafíos del próximo gobierno serán, además: 1) Campamentos, tomas y desalojos: Chile enfrenta 1.428 campamentos y 120.584 familias, la cifra más alta desde 1996; y el único componente del déficit habitacional que no cae. Solo 4% de esos asentamientos tiene proyectos colectivos en ejecución, y más de 200 están bajo eventual desalojo, un cóctel que tensiona a comunidades, municipios y tribunales. 2) El shock de oferta de vivienda social debe venir por la productividad: suelo, permisos y edificación acelerada. Banco de suelo metropolitano con compras anticipadas y regeneración de activos fiscales; contratos por serie con pago por desempeño y garantías de calidad; y escalamiento de arriendo temporal a precio justo en zonas bien servidas para descomprimir campamentos y allegamiento mientras maduran proyectos PEH. 3) De la “permisología” a la gestión por hitos: La nueva Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales promete reducir entre 30% y 70% los tiempos de 380–400 permisos, pero el futuro gobierno ya ha anunciado la reducción de requisitos por la vía reglamentaria. Aquí se pondrá a prueba no la capacidad técnica del futuro gabinete sino la muñeca política para implementar los cambios.
El 2026 no será el año de las grandes inauguraciones, sino el del reordenamiento inteligente: terminar bien lo que está en marcha, destrabar permisos, cuidar cada peso y preparar el salto de productividad para 2027–2028. La verdadera mecha corta que enfrentarán Poduje y JAK es desactivar esta bomba antes que estalle.
Por el bien de Chile y sus familias esperamos que ese sea el sello: transformar inversión urbana en ciudadanía viva, con gestión y obras, sin rodeos ni promesas.
Por Pablo Allard, decano de la Facultad de arquitectura, UDD
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