Por Gael YeomansNo fomentemos la trampa
Por Gael Yeomans, Convergencia Social
La idea de ponerle un tope a la reelección de distintas autoridades, tanto municipales como parlamentarias, busca responder a la crisis de representación que existe en nuestro país. Fue la ciudadanía la que nos empujó a aprobar esta norma en el Congreso y por eso es importante respetar el fondo del asunto, sin pasar a llevar el espíritu de la ley, como lo ha planteado Chile Vamos durante esta semana.
Permitir que los alcaldes que hayan cumplido el límite a la reelección postulen a otros municipios, significa aprovecharse de la letra chica y aferrarse al poder. “Una vez hecha la ley, hecha la trampa”, reza un viejo dicho popular, pero llegó la hora de terminar con este círculo vicioso, abriendo la política hacia aquellas personas que han sido históricamente subrepresentadas y excluidas.
Pienso principalmente en las mujeres, es cosa de revisar las estadísticas y ver que solo hay 41 alcaldesas en los 345 municipios del país. Es decir, solo un 16% de la población es gobernada por mujeres, situación que afecta de la misma manera o incluso peor, a las disidencias sexuales y los pueblos originarios.
Cuando aprobamos esta legislación lo hicimos pensando en la posibilidad de abrir condiciones que permitan la emergencia de nuevas lideresas, así como el surgimiento de liderazgos provenientes de todos los sectores que han sido excluidos de la arena política.
Bajo este escenario, es un deber de todas las personas que nos encontramos en cargos de representación, impedir que los alcaldes o cualquier otra autoridad, pasen a llevar el límite a la reelección, porque nos estamos jugando la renovación de la política, una demanda que cuenta con un amplio respaldo ciudadano.
Proteger nuestra democracia es aún más importante en tiempos de crisis, porque ahí es cuando se juega su sentido, permitiendo que la sociedad se encuentre en ella y la utilice como un vehículo para canalizar sus necesidades, opiniones y diferencias. Es justamente ahora cuando hay que incorporar a estas nuevas voces, aprovechando que las personas se encuentran más deseosas de participar y fiscalizar a sus representantes.
Es cierto que la ciudadanía no participa necesariamente desde los espacios tradicionales de la política, pero lo importante es que ha aprendido -en un proceso que se arrastra desde octubre- que cuando se involucra en la toma de decisiones logra avances que antes eran impensados, como limitar la reelección, permitir el retiro del 10%, aprobar el postnatal de emergencia o abrir el proceso constituyente.
Estos avances benefician a nuestro país y le dan la oportunidad de enfrentar la crisis fortaleciendo su democracia, permitiéndole el protagonismo a aquellas personas e ideas que no se encuentran en los espacios de poder, abriendo un diálogo leal a las expectativas ciudadanas. Pero para que esto funcione, lo importante es que la voz de las mayorías sea respetada, de lo contrario todo tipo de confianza sobre nuestra democracia se va a diluir y podemos terminar fácilmente una deriva autoritaria.
Esto es lo que nos estamos jugando con el límite a la reelección. Por eso es que hoy llamo al gobierno, a la derecha y a todas las fuerzas políticas, a respetar el espíritu de esta ley, a respetar la voluntad de nuestra ciudadanía, a respetar a las mujeres y todas las voces que merecen un espacio en un momento tan crucial como el que estamos pasando.
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