Promesas, crecimiento y productividad

Inversión




Por Rodrigo Fuentes, profesor titular UC y académico del Instituto de Economía UC

¿Por qué el Presidente Boric plantea la ilusión de un crecimiento de al menos un 4% para el PIB de tendencia? Porque Chile requiere de mayores recursos si se desea ir en asistencia de los más desposeídos. Sin crecimiento, la agenda social se unirá simplemente a esa larga lista de promesas que el poder político no ha cumplido a lo largo de los años.

Hablo del poder político, porque esto va más allá que un gobierno de tal o cual color, porque también depende de la oposición política a ese gobierno colaborar en la realización de esas buenas políticas. Sin embargo, es más rentable hacer zancadillas que colaborar, lo cuál ha sido la tónica de los últimos años en política.

Mientras, la agenda social está al borde del acantilado. Malas políticas producto de apuros de corto plazo o por miopía de los encargados de proponerlas y aprobarlas pueden llevar a que el cumplimiento de todas las metas sociales sea solamente una utopía.

Podemos dejar el producto de la economía constante y buscar nuevas formas de repartirlo vía una reforma tributaria y sistemas de subsidios. Alternativamente podemos modificar la forma de repartirlo, pero creo que el camino es hacer que la torta sea más grande. Pero una reforma tributaria que eleve y/o imponga nuevos impuestos no necesariamente recauda más. Se requiere que la base de impuestos aumente, lo cual se puede hacer como parte de la reforma, pero la recaudación final dependerá de lo que pase con el crecimiento económico. Más actividad económica genera más recaudación por IVA y por impuesto a la renta, las cuales son las principales fuentes de financiamiento del gobierno.

Por eso no es extraño que en la reciente cuenta pública el Presidente Boric planteara la idea de lograr que la productividad vuelva a crecer a 1,5%, lo que llevaría a un aumento de la tasa de crecimiento del producto tendencial de 4% por año. Pero no es fácil incrementar la productividad en esa cifra, más aún cuando ese promedio es sobre un período de 20 años (1990-2009), donde los 10 primeros se creció a una tasa histórica e inusualmente alta de 2,6% mientras que los siguientes 10 años dicha tasa solamente fue de 0,5%.

Para llegar al 4% de crecimiento de producto de tendencia es necesario que la tasa de inversión sea de 24%, que fue justamente el promedio de 1990-2009. Debemos tener claro que si la inversión no es al menos de 24%, con crecimiento de productividad de 1,5% no se alcanza el número de 4% de PIB. Estas estimaciones nos enseñan que existe una compensación entre el crecimiento de la productividad y la tasa de inversión.

La productividad incluye la adopción (sí, no solamente hablar de innovación) de nuevas tecnologías y mejoras en eficiencia. La inversión por su parte es muy sensible a la incertidumbre, la cual es inherente a la actividad productiva y depende de algunas variables que políticos y emprendedores no controlan; por ejemplo el clima, si una pandemia o un desastre natural interrumpirá las cadenas de suministros, o una guerra en otra latitud afectará el precio de los insumos.

Pero hay variables que los formuladores de política sí controlan y que afectan a la incertidumbre: regulaciones de ciertos sectores y mercados, sistemas y niveles impositivos, riesgo de expropiaciones y sus condiciones, entre otros.

Hay que dejar de lado esa discusión ideológica de que la inversión solamente sirve para el enriquecimiento de pocos. La inversión genera crecimiento, empleo, actividad y, no menos importante, recaudación fiscal. Si no somos capaces de generar políticas que incrementen la productividad e inversión, las buenas intenciones de mejorar la situación de los más necesitados quedarán en eso, en buenas intenciones.

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