Opinión

¡Qué viva la microeconomía!

Jorge Quiroz. Foto: Diego Martin de Aton Chile. Diego Martin

Alguna sorpresa causó la nominación de Jorge Quiroz como ministro de Hacienda, y coordinador de algunos ministerios sectoriales, además, no venía de la academia ni del Banco Central. Fue el rol coordinador que tuvieron Sergio de Castro (QEPD) y Hernán Büchi, al momento de la gran liberalización de la economía chilena, y que abrió paso, luego de la crisis cambiaria de los 80 a los gloriosos 30 años que en poco tiempo nos podrían haber puesto al nivel de Portugal, y por lo cual nos aceptaron en la OCDE tempranamente.

Bajar los aranceles aduaneros del 100% promedio a solo 10% requirió valentía y audacia. No solo se enfrentaron a los economistas tradicionales (escuché en un seminario a don Sergio Molina decirles: “Muchachos, van a desgarrar el tejido empresarial de Chile”, a lo cual Ernesto Silva (QEPD) le contestó: “de eso se trata don Sergio”), sino también a la Sofofa y a la CPC de aquellos años. Al amparo de los aranceles del 100%, de los intereses fijados por debajo de la inflación, y a encajes bancarios monstruosos, se crearon verdaderos imperios industriales que negociaban cuotas, facilidades tributarias y precios en forma muy cómoda para ellos, pero fatal para Chile.

Fueron de verdad revoluciones microeconómicas. Las más difíciles, las “macro” no eran fáciles, pero eran muy evidentes: gasto fiscal y control de la emisión monetaria. Hoy Chile no tiene los problemas macroeconómicos brutales de Argentina ni del resto del vecindario, pero tras 20 años de regulación y sobrerregulaciones, no logramos despegar, y a este ritmo pillaremos a Portugal con suerte, a fines del 2070. Tenemos un problema serio en nuestra microeconomía, que se llama “permisología” e incertidumbre regulatoria.

Por eso es bueno tener esta “nueva ola” desregulatoria en manos del ministro con más poder, y que desde ahí -coordinadamente- se realice la ardua tarea de sacarnos de esta maraña que nos ahoga. También es bueno que los ministros sectoriales, que también participarán en esta aventura liberadora, sean afines al ministro de Hacienda. Y es genial que ese ministro -a través de su larga experiencia laboral- conozca al detalle cómo funcionan los diversos sectores de la economía. Eso puede ser menos académico, pero es de verdad “tener calle”, que no se aprende en las aulas, ni en el Banco Central. Será una tarea homérica: al amparo de tanta regulación se han armado verdaderas industrias y carreras profesionales (lo de los arqueólogos no deja de ser notable), y como siempre, hay grandes empresas que superaron las barreras regulatorias, que no quieren cambios. Incluso algunas, en su momento, las alentaron para impedir la entrada de competidores, y lo seguirán haciendo.

Solo puedo aplaudir este posible huracán desregulatorio. Desearle mucha fuerza al ministro, mucho “cuero duro” y arrojo para enfrentarse no solo a una burocracia anquilosada, sino a los intereses creados por la regulación, a las ONG (completamente desreguladas) y a cierta judicatura que todavía no entiende para dónde va la micro.

Por César Barros, economista

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