Opinión

Reacción excéntrica

Ministra Carolina Arredondo Dedvi Missene

El festival “Excéntrico” -que se desarrolló en enero en Valparaíso- se ha convertido en un autogol para el gobierno, no tanto por el hecho en sí, sino por la tardía y excéntrica reacción de las autoridades. Igual que con el pase cultural, actuaron tarde y con temor.

El festival en cuestión es de “cine para adultos” -o cine pornográfico- y contempló 19 funciones, bajo el concepto “Pasión y Exceso”. El corazón de la muestra fue la sección “Nuevo Porno Chileno”, dedicada, según se explica, “a visibilizar y fortalecer la escena nacional contemporánea de pornografías críticas y alternativas”. El festival, dicen sus organizadores, sería una instancia para “cuestionar el estigma de la creación de pornografía, reivindicando su valor artístico, político, terapéutico, libidinal, pedagógico y comunitario”.

Reparos a la pornografía hay muchos, y no solo desde sectores conservadores. Los hay, desde luego, desde el feminismo (por el trato dado a la mujer en esas películas, como un objeto de consumo sexual) y por el muy nocivo consumo de pornografía en menores de edad, a la que tienen acceso en sus teléfonos. Pero en una sociedad democrática, libre y plural, cada adulto decide en qué destina su tiempo y, salvo que se transgreda la ley o se dañe a otros, el Estado no puede prohibir que adultos vayan a ver películas pornográficas “críticas y alternativas”.

El punto de la polémica es que el festival “Excéntrico” fue financiado a través de un Fondo de Fomento Audiovisual por alrededor de 60 millones de pesos.

El debate público, entonces, no es acerca de las pornografías “críticas y alternativas”, sino sobre si el Estado debe financiarlas.

Y cuando surgieron cuestionamientos al respecto, la ministra de las Culturas, en vez de contestar directamente y cerrar el tema, lo ha ido evadiendo sostenidamente.

Durante varios días la ministra Carolina Arredondo no dijo nada, como si no fuera obligación de una secretaria de Estado el rendir cuentas y contestar preguntas de la prensa. Luego, frente a la presión, se decidió a hacer un tuiteo.

Sin embargo, tampoco enfrentó la polémica de fondo, sino que se refugió en explicaciones procedimentales.“Las autoridades políticas no evalúan fondos en cultura, justamente para que estos no dependan de la mirada política del gobierno de turno”, dijo.

Agregó que “algunos vienen a cuestionarlo todo para intentar quitar recursos y justificar recortes en cultura”.

Que los fondos no los deciden los ministros es verdad (y está bien que la adjudicación de fondos no dependa del gusto del gobierno o ministro de turno). También es evidente que la oposición está escalando esto más de la cuenta.

Pero ambos puntos -que la responsabilidad puntual es de un comité y que la oposición está usando esto políticamente- no obstan para que ella de todos modos deba hacerse responsable políticamente, tanto por los procedimientos como por sus resultados, además de dar una respuesta clara y oportuna a la pregunta de si le parece bien o mal que el Estado gaste sus limitados recursos culturales en financiar un festival de cine pornográfico. De si aquello se aparta o se apega a los lineamientos y visión cultural de su gobierno.

Eludir el punto central que debía responder, manteniendo una parálisis-ambigüedad sobre la materia, no es baladí. Daña no solo a su atribulado ministerio, sino al gobierno en general, pues ha regalado en bandeja al nuevo oficialismo la imagen -que se repetirá ad eternum- de que este es un gobierno woke que dilapida recursos públicos financiando proyectos de cine pornográfico.

Reitero: el festival “Excéntrico” puede existir en una sociedad libre y plural como la nuestra. Jamás es el rol del Estado censurar. Pero sí es rol -y deber- del Estado priorizar bien el gasto de recursos limitados y de financiamiento público, es decir, con los impuestos de todos y todas las chilenas.

Por este episodio no solo ha habido críticas desde la UDI o republicanos. La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, cuestionó el sentido de destinar fondos públicos al financiamiento de eventos de contenido pornográfico. “Hay muchos artistas en nuestro país que requieren apoyo. (...) ¿Cuál es el sentido cultural real de aquello?”, dijo en Tele13 radio.

¿Por qué le cuesta tanto a la ministra decir algo así? ¿O piensa que hay allí un aporte cultural que amerita gastar 60 millones de pesos? ¿No hay, acaso, otras prioridades, nacionales y culturales, que representan lo que este gobierno cree que debiera financiarse?

La incomodidad y la tardanza de hablar del tema deja mal a la ministra y ya ha escalado hasta al presidente. El silencio revela dificultades para conectar, desde el progresismo, con el más básico sentido común de la ciudadanía. Y, de no enmendarse, sentará mal precedente para poder criticar al próximo gobierno si es que financia, con fondos públicos, proyectos e iniciativas que, desde otra óptica, también puedan parecer “excéntricos”.

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