Reavivando la memoria

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Desde las 15.00 horas comenzó a congregarse gente en la explanada del museo.



En ciencias sociales se denominan "coyunturas críticas" a aquellos fenómenos o eventos que logran generar una inflexión en las tendencias y el curso de las cosas, condicionando de manera importante el futuro. El golpe de Estado en Chile contra el gobierno de Salvador Allende, la posterior brutal dictadura de diecisiete años y la gesta de haberla derrotado en las urnas, fueron eso, un momento determinante de la historia donde la vida de millones de personas y de un país, cambiaron para siempre.

Varios eventos inesperados de las últimas semanas nos han hecho evidente cuan presente está el pasado y lo relevante que es preservar la memoria de los lugares y los símbolos como patrimonio de una comunidad, para aprender de los errores y horrores de nuestra historia. En efecto, en distintas dimensiones y con distintas reacciones la memoria se volvió a hacer presente como hace mucho no ocurría en Chile a partir del fallo de la Corte Suprema que dejó en libertad condicional a cinco imputados por delitos de lesa humanidad (como si se pudieran equiparar a delitos comunes); los recientes cuestionamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la decisión; el anuncio de la oposición de iniciar una acusación constitucional contra los ministros que tomaron la decisión; unido a la destitución del recién nombrado ministro de cultura, Mauricio Rojas, por sus dichos contra el Museo de la Memoria; el multitudinario evento de desagravio frente al museo y, anterior a todo ello, el impacto que causó Alejandro Goic al tomar la decisión de abandonar el un set de televisión para no compartir lugar con una de las más fervientes defensoras de la dictadura (que tiene, curiosamente, espacio en un canal de televisión abierta) acuñando la frase "no me da el alma, no me da el corazón", recordando a sus amigos muertos en manos de agentes del Estado.

Esa memoria se ha hecho presente a través de un debate público intenso que, por una parte, ha aglutinado principalmente a la oposición social y, en menor medida, a la(s) oposición(es) política(s), que no tiene dos posiciones ni matices frente a la defensa irrestricta a los derechos humanos. Por otra parte, estas mismas circunstancias han hecho evidentes las contradicciones sobre estos espacios de la memoria y el "contexto" que tiene el oficialismo, a casi 45 años que ocurriera el golpe de Estado.

Pensando en el futuro y lo determinante que es nuestro pasado, es de esperar que estos debates no se acallen al pasar los días. En poco más de un mes se cumplirán 30 años del plebiscito de 1988, para unos, una gesta democrática sin precedentes, para otros, el comienzo de una transición que hizo demasiadas concesiones al dictador. Mientras este es un asunto que la mayor parte del oficialismo mira desde la vereda del frente porque no tiene protagonismo que reclamar, para las actuales oposiciones es un tema de la mayor trascendencia porque determina sus juicios sobre el país que hemos construido y las confianzas respecto al futuro que queremos delinear.

En tal sentido, que nuestra memoria reviva y se haga presente para resignificar el futuro, constituye una oportunidad. Convocarnos a ese ejercicio es sano y democrático.

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