Opinión

Triunfo de Kast: por ahora más alternancia que clivaje

Triunfo de Kast: por ahora más alternancia que clivaje

A un mes del triunfo de José Antonio Kast, ¿qué explica este resultado? Hasta ahora, las explicaciones más recurrentes han sido dos: la consolidación de un nuevo clivaje político y la irrupción de los votantes obligados. Poco espacio ha tenido, en cambio, una explicación más simple y consistente con el comportamiento electoral reciente del país: la alternancia.

La hipótesis de la alternancia no es nueva ni sofisticada, pero tiene una virtud: conversa mejor con la evidencia acumulada de los últimos años. Chile ha vivido un ciclo político marcado por la rotación del poder, donde el voto funciona más como castigo al gobierno y a las élites de turno que como adhesión a proyectos de largo plazo. Así, el triunfo de Kast puede leerse como un nuevo capítulo de una dinámica pendular.

Esto no implica negar la presencia de otras variables, sino ordenarlas jerárquicamente, situando a la alternancia como marco estructurante. Entre ellas, el debate sobre los clivajes políticos, que surge porque durante más de tres décadas la política chilena estuvo ordenada por uno particularmente robusto: autoritarismo vs. democracia. Desde 1990, todos los presidentes compartían haber sido votantes del “NO” en el plebiscito de 1988, un eje que mostró gran durabilidad, incluso en contextos adversos para la continuidad como la estrecha elección de Ricardo Lagos el 2000.

Visto así, el triunfo de Kast da cuenta de la pérdida de centralidad de ese clivaje histórico, pero no alcanza para afirmar la existencia de uno nuevo. La idea de un eje refundación vs. restauración -asociado al estallido social de 2019 y al Rechazo de 2022- es una hipótesis plausible, pero que solo podrá evaluarse con el tiempo.

El voto obligatorio y la entrada masiva de nuevos votantes constituyen el segundo factor mencionado. Es indudable que cambió la composición del electorado al incorporar a millones que antes no votaban, pero de ahí a concluir que estamos frente a un electorado conservador hay un salto. El segmento de los votantes desafectados muestra más bien baja fidelidad política y alta sensibilidad al sentido común dominante. De hecho, encuestas muestran que este votante —obligado si se quiere— apoyó el estallido social en sus inicios y luego no; que una mayoría habría votado Apruebo en el plebiscito de entrada y luego votó Rechazo; que se inclinó por Boric más que por Kast en 2021 y en 2025 optó por Kast antes que por Jara.

Es aquí donde la alternancia vuelve a ganar centralidad. Las últimas elecciones han estado marcadas por esta lógica, donde el voto opera como mecanismo de sanción más que como expresión de identificación duradera. Desde esta lectura, el triunfo de Kast se entiende mejor como expresión de una demanda por alternancia y castigo, antes que como el inicio de un nuevo orden político estable.

El desafío del nuevo gobierno será romper esa inercia. En un escenario de volatilidad y desconfianza, ello exigirá resultados concretos capaces de modificar una lógica que hoy parece dominar el comportamiento electoral chileno.

Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

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