Por Gonzalo CorderoTsunami

Un tsunami de indicaciones anticipa un diputado de la bancada PPD, no menos de dos mil quinientas. Así esperan paralizar la tramitación del proyecto de reconstrucción y reactivación económica. Además, nos cuenta con cínico desparpajo, que cualquier error que se cometiera en la tramitación de esas indicaciones daría lugar a que el Tribunal Constitucional sancionara esas fallas.
Ningún sistema de reglas funciona si quienes las aplican no actúan con un mínimo de lealtad al sentido de sus preceptos, esto ya lo sabían los romanos que desarrollaron, a partir de esta idea básica, el principio de la buena fe, no solo esencial para el cumplimiento de los contratos, sino para cualquier forma de relación humana.
La democracia no es excepción a este principio, esto lo sabemos -o debiéramos saberlo- los chilenos. Esa idea perversa, proveniente del marxismo, que ella es apenas una institución “burguesa” y “formal” a la que se puede y debe usar instrumentalmente con el fin de destruirla, estuvo en la raíz del colapso de nuestra convivencia en el siglo pasado. Por eso es tan grave este anuncio, porque demuestra que la mayoría de la dirigencia de la izquierda chilena le sigue teniendo una adhesión meramente oportunista.
Es obvio y comprensible que a la oposición no le guste este proyecto de ley, sus disposiciones apuntan exactamente en el sentido contrario de su ideario: reducir la carga, el tamaño y las atribuciones del Estado, para devolver una parte importante de las condiciones que hacen posible a la sociedad hacerse cargo por sí misma del progreso de sus integrantes.
Por años, décadas en realidad, el país ha venido caminando en la senda del estatismo y siempre sus promotores han demandado “acuerdos amplios”, han tachado de mentalidad autoritaria a cualquiera que se opusiera, o incluso se restara, a la voluntad de la mayoría expresada en las urnas.
Pues bien, este proyecto forma parte esencial de la propuesta de cambio de rumbo que José Antonio Kast le hizo a los chilenos, radicalmente distinta a la de su competidora, que proponía profundizar en la misma senda. La mayoría optó de manera clara y no lo hizo engañada. De este proyecto se podrían decir varias cosas, pero no que es “un conejo sacado de un sombrero”.
La reacción opositora, que la estrategia del tsunami expresa con claridad, entraña un cambio radical del discurso que transmitieron cuando gobernaban. Ahora ya no hay que respetar las mayorías, ya no es signo de autoritarismo oponerse a lo expresado en las urnas. Nada de eso, ahora la democracia es una versión del “todo vale”, del uso desviado y de mala fe de sus reglas, para que ellas permitan impedir la voluntad de la mayoría.
Cuando un sector no tiene la menor disposición a respetar lealmente el acuerdo fundante del pacto social, es iluso e imposible pretender que, con ellos, se pueden alcanzar acuerdos sólidos en políticas públicas. La pregunta real no es si este proyecto sobrevivirá, porque el tsunami no viene solo por él. En realidad, viene por nuestra democracia.
Por Gonzalo Cordero, abogado.
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