Un cambio que ordena a la coalición

El diseño del cambio de gabinete acierta al haber optado por un esquema que involucra mucho más directamente a los partidos y desactiva rencillas internas en Chile Vamos.




Había mucho en juego en este cambio de gabinete, luego de que Chile Vamos se dividiera ante la reforma del 10% de los fondos de pensiones -debilitando fuertemente el liderazgo del Presidente de la República-, y cuando las rencillas internas se habían tomado el protagonismo, con sus principales partidos dando cuenta de una fuerte desafección con el gobierno. Para enfrentar esta crisis, el Mandatario optó nuevamente por una fórmula que ya había ensayado en su primer gobierno, trayendo al gabinete a parlamentarios tanto de la UDI como de Renovación Nacional, una jugada que desde el punto de vista del diseño político parece ser un acierto, en particular porque cada uno de ellos representa las distintas sensibilidades dentro de sus respectivos partidos, lo que asegura mayor cohesión y compromiso de las propias colectividades con los destinos del gobierno. Ello brinda una nueva oportunidad para que la coalición vuelva a ordenarse y sea capaz de proporcionar soporte político al gobierno, algo indispensable para asegurar estándares básicos de gobernabilidad.

Bajo el nuevo esquema, se reequilibra mejor la estructura de poder entre los tres principales partidos, con una representación proporcional a su peso político al interior del comité político. Así, la UDI recupera el Ministerio del Interior y queda además con la Secretaría General de Gobierno; Renovación Nacional asume la Secretaría General de la Presidencia y Desarrollo Social, en tanto que Evópoli, si bien perdió Interior, conserva el Ministerio de Hacienda, lo que de alguna manera supone un respaldo del Mandatario a la conducción económica que ha seguido hasta ahora el ministro Ignacio Briones.

El nuevo diseño debería, además, contribuir a desactivar el complejo conflicto interno que se vive al interior de Renovación Nacional, donde su hasta ahora presidente, Mario Desbordes, mantenía fuertes diferencias con el sector que representa el senador Andrés Allamand, además de haber adoptado una postura de constante disidencia con la conducción del gobierno. Con la llegada de Desbordes al Ministerio de Defensa, y de Allamand a la Cancillería, se facilita que el partido vuelva a encontrar un mejor perfilamiento. La vacancia que dejará Desbordes en la presidencia del partido abre la oportunidad para que las directivas de los tres partidos se renueven -el timonel de Evópoli ya había renunciado hace algunos días, en tanto que la presidenta de la UDI por ley no podrá postular a un tercer período-, un proceso que se estimaba indispensable para facilitar la necesaria reconstitución de las confianzas.

El Presidente parece haber escuchado esta vez las señales que su propia coalición le estaba enviando, para abandonar esquemas más personalistas y transitar hacia un diseño donde los partidos estén más involucrados en la gestión de gobierno, y figuras con peso político propio asuman la conducción en áreas clave, evitando así el desgaste excesivo de la figura presidencial. En cierto modo se avizora que hay una cesión de poder, algo que en general no caracteriza la personalidad del Mandatario.

Con este paso, el gobierno queda mejor posicionado de cara a la cuenta pública de este viernes, donde se esperaría que el Mandatario defina los principales ejes para lo que resta de su mandato.

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