Opinión

Un país es su archivo

Crédito foto: Universidad Diego Portales

Conservar vestigios del pasado implica tomar decisiones. Cada sociedad define qué guarda de sí misma y qué deja disponible para el futuro. En esa operación se juega una parte importante de la memoria colectiva, porque un archivo no conserva tan solo las huellas de un relato individual, también hace posible que una comunidad vuelva sobre su propia historia.

Bajo ese principio trabaja Archivos UDP en la Universidad Diego Portales. Su labor consiste en preservar fondos documentales y fotográficos, investigarlos, describirlos y hacerlos accesibles para investigadores, estudiantes, docentes y público general. A partir de esos materiales, Archivos UDP desarrolla libros, exposiciones, actividades académicas y proyectos de difusión que permiten nuevas formas de lectura sobre la historia cultural y política del país.

En un país, la historia y la cultura se leen desde sus archivos. Un fondo presidencial permite observar cómo se toman decisiones de gobierno y qué disputas cruzan una democracia en un momento determinado. Un archivo de prensa muestra cómo una época se narró a sí misma, qué hechos se volvieron noticia, qué voces participaron en la esfera pública y qué imágenes acompañaron el imaginario colectivo. Las cartas, fotografías y manuscritos de escritores, artistas e intelectuales permiten entrar en zonas menos evidentes de la creación, allí donde se advierten los entretelones de una obra.

Los archivos no entregan jamás una versión cerrada del pasado. Obligan, más bien, a leer con cuidado la realidad que habitamos. En un presente dominado por la inmediatez y la espectacularización de la experiencia, los archivos introducen otra temporalidad, pues exigen un trabajo atento a la materialidad de los documentos y a los contextos que permiten interpretarlos.

Cuando los archivos se abren, el pasado deja de pensarse como un terreno estático y la historia entra de nuevo en discusión. Esa discusión necesita pluralidad y rigor, porque ningún archivo clausura el sentido de lo ocurrido. Sin documentos, la memoria pública queda a merced de la pura opinión.

Por Alejandro Arturo Martínez, director general de Estudios Generales, Archivos y Cultura UDP.

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