Por Tatiana KlimaUn ajuste a tiempo

A 69 días de instalado, el Presidente Kast hizo el cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia. Y aunque él mismo reconoció que no era lo que tenía pensado para esta etapa, la decisión, mirada en frío, es políticamente correcta: era necesario y, sobre todo, era necesario hacerlo ahora. A diez días de la primera Cuenta Pública, el Mandatario evita llegar al 1 de junio con dos ministras debilitadas y se da la oportunidad —no menor— de reescribir el relato de sus primeros tres meses con un equipo nuevo en las áreas donde más se le había acumulado el desgaste.
Hay una autocrítica implícita que conviene nombrar. El gobierno asumió que la seguridad, su bandera de campaña, podía ordenarse con una designación de alto perfil y resultados rápidos. La ex ministra Steinert, fiscal de trayectoria reconocida, no logró encarnar ese proyecto. Lo evidente es que la salida de la subdirectora de Inteligencia de la PDI, una oficial con credenciales sólidas, fue el inicio y el fin de su gestión. Que semanas después el director de la PDI haya asumido públicamente la responsabilidad de esa decisión no modificó la percepción instalada. De ese punto no hubo regreso. El cargo demandaba otra cosa: gestión de un ministerio nuevo, conducción política, articulación con policías y fiscalías, y una vocería capaz de bajar expectativas sin parecer rendida. La vocería de Mara Sedini, en paralelo, también dejó dudas. Periodista de profesión y con participación previa en foros políticos, contaba con formación para el cargo, aunque eso nunca alcanza por sí solo. Cometió errores que frecuentemente requirieron correcciones. En el último tiempo intentó reposicionarse recorriendo regiones, buscando un nuevo aire, pero a esas alturas su credibilidad como vocera ya estaba demasiado deteriorada para una parte importante de la opinión pública.
El nombramiento de Martín Arrau en Seguridad es un movimiento exigente. Tiene capacidad de trabajo y experiencia de gestión, pero llega a una cartera donde la curva de aprendizaje no perdona. Habrá que ver si logra lo que a su antecesora le faltó: traducir gestión en percepción. La apuesta más segura es Claudio Alvarado asumiendo además la vocería como biministro. Es un Ministro del Interior con experiencia, que rara vez da pasos en falso. El desafío será que el desgaste de dar la cara todos los días no termine erosionando al director técnico político del gobierno.
Y queda el contrapunto: este cambio de gabinete también plantea un problema para la oposición, que tenía dos blancos visibles en lo performático y hoy se queda sin ellos. La tarea será mayor. Quizás pasar de una oposición coyuntural, que solo se ha focalizado en los proyectos de ley que se discuten en el Congreso y en hacer contrapuntos a ratos poco profundos con el gobierno, a articular una oposición de peso en todos los frentes, en el territorio, con los alcaldes que lo han hecho bien y que hoy están liderando o haciéndose cargo de los recortes presupuestarios que afectan principalmente los servicios de salud, seguridad y los programas sociales de cada una de sus comunas, sobre todo en las más humildes.
Por Tatiana Klima, socia directora Criteria Comunicaciones.
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