Vacunas: riesgos mundiales para la salud por no vacunación

Las vacunas o inmunizaciones constituyen uno de los logros más importantes en salud de las últimas décadas. Previenen 2 a 3 millones de muertes anuales, especialmente en la infancia, y podrían evitar 1,5 millones más si hubiera mejor cobertura.
La disminución en el cumplimiento de las vacunaciones ha sido catalogada como uno de los mayores peligros sanitarios de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud. Hay varias razones por las cuales se ha producido esta disminución.
Es indudable que los movimientos antivacunas alimentados por falsas noticias (post verdad) juegan un rol importante en esta omisión, sin embargo, hay otros factores que debemos destacar.
Un motivo muy común, especialmente en los países desarrollados, es la sensación por desconocimiento histórico de que las enfermedades para las cuales se utilizan estas medidas, han desaparecido o han sido controladas. Esto sucede sobre todo en la denominada "sociedad de bienestar", donde las nuevas generaciones ignoran los graves daños provocados por las enfermedades controladas por estas medidas. En la actualidad, se sabe que, a excepción de la viruela, ninguna otra enfermedad ha logrado ser erradicada a pesar de los esfuerzos realizados.
Enfermedades como la poliomielitis, sarampión y rubéola, perfectamente podrían ser erradicadas del mundo si todos los países cumpliesen a cabalidad los programas de vacunación. Sin embargo, han sido miles de pacientes y fallecidos, especialmente por sarampión en los últimos años, los que han demostrado el gran error cometido por esta no vacunación.
Otro factor erróneo es la creencia de que las enfermedades en niños sanos no provocarían complicaciones y/o muerte, lo cual es dramáticamente falso, especialmente para el caso de la poliomielitis, difteria y las diferentes formas de meningitis, patologías para las cuales existen excelentes vacunas.
Otros, plantean que los efectos adversos de las vacunas pueden ser equiparables a las complicaciones de la enfermedad y balanceando estos dos hechos optan por no vacunarlos; otro error, ya que nunca los efectos adversos superarán las complicaciones de la patología.
Se han efectuado estudios entre los grupos opuestos a las vacunas, y dejando a un lado, razones filosófico-religiosas, la mayor parte lamentablemente ha sido fomentada y alimentada por las falsas noticias. Hoy en día, todo el mundo sabe que la relación entre autismo y vacunas no existe, y los profesionales que dieron a conocer esta información en la década de los 70, fueron suspendidos y acusados públicamente de sus falsas publicaciones.
En julio de este año, se dio a conocer en cinco países el más grande estudio de seguimiento a más de 2 millones de niños hasta la adolescencia, en el cual se demuestra claramente que los desórdenes del espectro autista son provocados, en su mayoría, por razones genéticas hereditarias. Por lo tanto, se descarta en forma absoluta la participación de las inmunizaciones en esta condición.
Otros estudios revelan que la gente de un nivel cultural o profesional bien informado no deja de vacunar a sus hijos, ya que se hace asesorar y conoce los verdaderos alcances de las vacunaciones. Igualmente, la mayoría de los beneficiarios de los servicios públicos de salud, tienen fe y confianza en la información que le entregan los profesionales. Por lo tanto, los grupos antivacunas corresponden a un sector de la población que se alimentan en sus informaciones por las redes sociales, repitiendo reiteradamente conceptos erróneos sin base científica.
Gran responsabilidad corresponde a los profesionales del área de la salud el informar y combatir los mitos, idealmente con un eficiente y coordinado apoyo de los medios de comunicación. Muchos países han establecido la obligatoriedad de las vacunaciones, como un bien colectivo, para así evitar las gravísimas consecuencias y muertes que se han producido últimamente, como en el caso del sarampión.
En el caso de Chile, nos hemos caracterizado por tener un sólido programa de vacunación, incorporando progresivamente las vacunas de uso habitual. Esto ha permitido ser pioneros en el control de las enfermedades como viruela, poliomielitis, sarampión, difteria y tétanos, entre otras.
Por ahora, la globalización y el aumento de los viajes siguen siendo una amenaza permanente para quebrar estas condiciones, sin embargo nuestra salud pública ha establecido en forma oportuna las medidas preventivas para mantener a nuestra población protegida. Para que ello se cumpla, es necesario la labor conjunta de los actores de salud y los medios de comunicación.
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