Votaciones constituyentes



Por Paula Walker, profesora de la Escuela de Periodismo de la Usach

Todo es nuevo. Por primera vez en nuestra historia estamos participando en la elaboración de una nueva Constitución en medio de una crisis de confianza: desconfiamos de la política, las instituciones, las iglesias, los medios de comunicación, los empresarios, las tradiciones, pero también de las novedades y de un largo etc. También se ha instalado la desconfianza hacia la Convención Constitucional.

Las votaciones que vimos para elegir a la nueva mesa, y las largas votaciones que vendrán sobre el contenido de la nueva Constitución, solo nos demostrarán que no existe en el país una mirada hegemónica de las cosas. Sin embargo, algunos sectores ponen el grito en el cielo porque “se vota tanto”, “porque no se ponen de acuerdo” o “¿cómo es posible votar durante horas y no tener resultados?”. Otros sectores, con claro interés en influir en el rechazo final de la nueva Constitución, transforman esta demora en “un circo prostituyente” para influir negativamente en la opinión pública. Como es un circo (piensan) entonces la Constitución no es buena y mejor la rechazo y nos quedamos con las cosas como están. Esa es la estrategia de los sectores conservadores que se ha desplegado desde un comienzo. Desprestigiar la nueva Constitución para quedarse con la anterior, y que nada cambie.

La política es el viaje por la disputa del poder, pero no solo para tenerlo, sino para ejercerlo en pro de algo. Unos lo usan para enriquecer a su sector, otros para traer justicia a la gran mayoría que no detenta el poder. En la política se generan acuerdos, se negocia. A nadie medianamente conocedor de las prácticas políticas le puede escandalizar las negociaciones, y nadie puede creer que todo se negocia públicamente. La mirada infantil de que antes en política se hacían las cosas mal y ahora se hacen mejor no es verdad. Antes y ahora hay personas con malas prácticas, corruptas y traiciones entre amigos. Antes y ahora hay personas que utilizan su liderazgo para mejorar la vida colectiva, y no solo para enriquecerse.

La votación “papal” de la que hemos sido testigos estos días para elegir a la nueva mesa de la Convención tiene la gracia de exponer -una y otra vez- la correlación de fuerzas de un momento y los acuerdos que hay que lograr hasta reunir 78 votos en torno a un nombre. Y los obliga a negociar, a acordar, a ceder. ¿Será fructífero el infantilismo de no querer acordar nada con la derecha? ¿Si la derecha menciona un nombre ese nombre no puede ser? Los próximos meses serán de mucha política y mucha negociación, tanto para la constituyente como para el nuevo gobierno. Sobrevivirán los liderazgos capaces de lograr acuerdos para trabajar por el bien común. Esos liderazgos tan bien descritos en el diálogo del maestre Aemon con Jon Snow en Game of Thrones: “El liderazgo te traerá pocas alegrías. Pero si tienes suerte, encontrarás la fuerza para hacer lo que se deba hacer. Mata al niño Jon Snow. Mata al niño y deja que nazca el hombre”.

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