Aislamiento de adultos mayores: Cómo estar presente sin poder verlos

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Aunque la cuarentena aún no es oficial, las autoridades recomiendan que nos mantengamos alejados, sobre todo de los ancianos, porque son ellos quienes representan a la población más vulnerable a las fatales consecuencias del coronavirus. Distanciamiento social que complica más a aquellos que viven solos y que, según una investigación realizada por el Observatorio del Envejecimiento de la Universidad Católica y Confuturo, representan a casi medio millón de los adultos mayores. Es decir, 460.000 personas mayores de 60 años en el país se encuentran en viviendas unipersonales.

El problema es que la soledad en la tercera edad podría repercutir negativamente en la salud, tanto en el ámbito físico como en el psicológico. Así lo explica Marta Rodríguez, enfermera con postgrado en Enfermería Gerontológica y Geriátrica, en un ensayo publicado por la revista científica española Gerokomos. "En el plano físico, se muestran con debilidad del sistema inmunológico, dolor de cabeza, problemas de corazón y digestivos, dificultades para dormir. En el psicológico, en cambio, con baja autoestima, depresión, alcoholismo e ideas suicidas. La consecuencia de la pérdida de la pareja es la que más aumenta, especialmente, la posibilidad de desencadenar trastornos psicopatológicos como la depresión o la neurosis".

¿Es posible evitar que los ancianos se sientan aún más solos en el contexto que estamos viviendo? La psicóloga de la Sociedad de Geriatría y Gerontología, María José Gálvez, asegura que pese a que a todos nos afecta el aislamiento, el desafío con la tercera edad es aún mayor porque se trata de una generación que no está familiarizada con las redes sociales y que requiere de acercamiento físico para sentirse acompañada. Sin embargo, aceptando que esto no se podrá hacer, la experta comparte algunas ideas para que la oxitocina –hormona que está directamente relacionada con la sensación de bienestar que producen las relaciones sociales– no se deje de producir.

Establecer a un cuidador principal: Esto es lo primero que se debe hacer. Lo recomendable es que haya un solo miembro de la familia que se encargue de monitorear las actividades esenciales del adulto mayor, como recordarle los horarios en los que debe tomar sus medicamentos y chequear sus comidas del día. Que sea una figura única le brindará mayor estabilidad y, además, facilitará su seguimiento. Sin embargo, es importante que el resto funcione como apoyo emocional. Que, por ejemplo, hagan turnos para preocuparse de las actividades relacionadas a la entretención. Y es que si no hay una organización de por medio, podría haber una sobre contención que termine abrumándolo o generándole ansiedad.

Elegir actividades en común: "Hay que transmitirle la sensación de que su presencia es importante en la rutina del otro, evocando el sentimiento de acompañamiento", explica la psicóloga. Para esto, una buena idea es establecer horarios en los que ambos puedan hacer la misma actividad para después comentarla, como leer algún artículo, ver alguna película, revisar fotos de algún viaje o escuchar un programa de la radio.

Crear una rutina: Aunque algunos adultos mayores suelen ser porfiados, hay que incentivarlos a respetar un horario, porque es la única manera de asegurarse de que si al cuidador le pasa algo y no puede chequear, lo más probable es que la otra persona esté siguiendo un orden. Además, a través de una rutina se garantizan algunas cosas primordiales como la actividad física –aunque sea caminar cierta cantidad de minutos en un espacio reducido- y la exposición a los medios de comunicación. "Dentro de este esquema debería ir establecido qué medios debería consumir, ya que los matinales, por ejemplo, incluyen mucha opinión desinformada que podría alertarlos. Mi recomendación es que no destinen más de dos horas a las noticias y que opten por fuentes neutras", asegura María José.

Inventar desafíos: Una buena fórmula para estimular el cerebro es que todos los días reciba un desafío que requiera de concentración, como armar un puzle, jugar sudoku o hacer crucigramas, y que ocupe al menos una hora de su día. Y luego que junte los resultados para enseñarlos cuando el aislamiento termine. "El establecer pequeños desafíos lo ayudará también a que, inconscientemente, tenga una motivación para levantarse y para que sienta que hay otra persona interesada en saber sus resultados", destaca Gálvez.

Incentivar los pensamientos positivos: "Como lo que más importa es la producción de oxitocina y la endorfina, hay que pensar todo el tiempo en cómo incentivarla. Una excelente idea es que todas las noches antes de dormirse escriban qué fue lo que más les gustó del día, aunque sea algo muy mínimo, porque eso hará que reciban el siguiente día con una disposición positiva", comenta la psicóloga.

Ser un buen oyente: Lo más probable es que la soledad y la exposición a la información harán que en algún momento la persona entre en crisis. Y es que si la situación ya es difícil para todos, lo es aún más para aquellos que saben que el coronavirus es realmente una amenaza para su bienestar. María José recomienda llamar a la calma, pero también dejar que la otra persona se pueda expresar. Que sienta que hay alguien ahí que no solo quiere consolarla, sino que también está interesado en saber lo que la inquieta. "El mayor miedo de un anciano es morir en soledad y este virus propone eso. Que nos aislemos para cuidarnos, pero que si nos contagiamos, también nos aislemos. Eso efectivamente produce un pánico en ellos. Lo primero es escuchar, pero después hay que preocuparse de cambiarles el discurso. De explicarles que están alejados por amor y que si respetamos las instrucciones todo esto pasará".

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