Me enamoré de un hombre casado y no me eligió a mí

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En el 2017 me separé de mi marido después de haber estado juntos durante 14 años. Nos casamos muy jóvenes y él había sido mi único pololo. Y recién hace unos años me di cuenta que la vida se me estaba pasando por delante y yo no había conocido ni hecho lo suficiente. Decidí, después de darle muchas vueltas, ponerle fin a nuestro matrimonio. Una decisión que habría tomado antes de no haber sido por nuestra hija. En ese contexto, que fue muy difícil y doloroso para los tres, un día apareció Marcelo. Yo estaba hablando con una amiga en una fiesta y lo divisé a lo lejos. Su sonrisa y sus ojos me llamaron mucho la atención y le pregunté a mi amiga qué sabía de él. En ese minuto lo último que me interesaba era conocer a alguien, pero era muy de mi tipo y sentí una atracción instantánea por él. Mi amiga me contó que se había casado recientemente y con eso bastó para descartar la opción.

Dos meses después me lo encontré en otra fiesta y se me acercó cual Ross de la serie Friends cuando trata de conquistar a la mujer que trae el delivery de pizza y le hace preguntas muy incómodas. De hecho, en un afán por tratar de evitarlo, me paré un par de veces para ir al baño. Pero me siguió y fue cada vez más insistente con sus preguntas. Quería saber de mí, si estaba casada, si tenía hijos. Yo, por mi lado, no quise dar muchos detalles porque no le quería contar que estaba separada. Me fui a mi casa esa noche y me di cuenta que me había gustado hablar con él.

A los pocos días hablamos por Whatsapp y decidimos juntarnos en un bar. Ambos estábamos muy nerviosos pero la cita fluyó increíblemente. Hablamos de nosotros, de nuestras vidas. Me confesó que la noche de la fiesta había quedado fascinado conmigo y quería conocerme. Yo le pregunté por su mujer y me dijo que ya no existía la chispa de antes y que estaba desencantado. De a poco, y esto lo analizo ahora, fui cayendo en su red. Ahora pienso que jamás me volvería a meter con un hombre casado, pero en ese minuto, por falta de experiencia y amor propio, enganché mucho con una persona que terminó por no retribuirme de la misma manera. Soy consciente de eso, pero durante el año y cuatro meses que estuvimos juntos, realmente pensé que llegado el minuto, él me iba a elegir a mí.

Así fuimos dando paso a una relación no convencional y, si bien al principio parecía estar todo bien, yo empecé a querer más. Había algo de adrenalina y emoción al principio, por el tema del secretismo, pero con el tiempo ya no me acomodaba que sus tiempos para mí fuesen restringidos y con límites de horario. Nos veíamos cada cierto tiempo, solo en lugares específicos. A veces salíamos a comer –una vez vimos a un amigo pero él no alcanzó a vernos a nosotros–, pero en su mayoría las juntas eran en espacios cerrados. Y claro, al principio fue todo bacán, porque realmente había una conexión profunda a nivel espiritual, sexual, y de conversaciones, pero después de un rato yo solo quería poder juntarme con él cuando quisiera, de manera espontánea. Hay mujeres valientes que pueden verse cada 15 días, pero a mí no me estaba resultando eso. Me di cuenta que yo quería a alguien que estuviera ahí, incluso respetando mis tiempos y mis espacios, pero que estuviera. Y él, si bien me decía que me quería, realmente no lo estaba. Era una época en la que yo, además, me sentía muy sola. Mi hija ya era adolescente, pololeaba y yo estaba sintiendo el síndrome del nido vacío. Quería estar acompañada de verdad.

Aún así, decidí esperar y jugármela para que me eligiera, porque yo realmente sentía que me iba a elegir a mí. Pero ahora me doy cuenta que en verdad estaba luchando sola. Y que él tampoco nunca me había dado a entender del todo que me iba a elegir. Era una persona cómoda y su decisión la tomó en base a eso.

En ese año y cuatro meses que estuvimos juntos, en el que yo lloré casi todas las noches, mis amigas y mis familiares me decían que lo soltara. No entendían cómo yo, siendo una persona inteligente, estaba enganchada de alguien que no dejaba a su mujer. O cómo yo esperaba que él estuviera conmigo. O cómo yo seguía pensando que él me iba a elegir a mí. Pero yo, incluso sabiendo esto de manera inconsciente, solo me sentía bien cuando estaba con él, porque cuando estábamos juntos sentía que el mundo se detenía. Entonces buscaba excusas para seguir viéndolo, incluso cuando ya se veía venir. Fue tan así que un día, hace unas semanas, decidí terminar para ver cómo reaccionaba él. Para ver si me buscaba. Contrario a lo que esperaba, me dijo que él no podía darme lo que yo quería y que, por ende, me iba a dejar ir. Ante esa frialdad, finalmente, decidí dar vuelta la página. Cualquiera fuese el costo de eso. Porque cuando alguien te quiere, y esto es algo que yo no supe hasta hace poco, hace todo por ti. Y él no tenía los cojones para hacerlo.

Llevo un par de semanas en esto y no voy a mentir, me ha costado muchísimo. Mis amigas me dijeron que lo bloqueara pero yo no pude de inmediato, porque me encantaba releer nuestras conversaciones. En un minuto le escribí para saber cómo estaba, esperando que él también tuviese la genuina duda. Me respondió al día siguiente. Le pedí que me explicara cómo lo hacía para olvidar tan fácilmente y me dijo que para él también había sido difícil pero que encontraba que no era ni el minuto ni la manera de hablarlo. En ese mismo instante decidí que era hora de bloquearlo. Ya no quería seguir mendigando amor cuando claramente ahí no había amor para mí.

Es muy difícil no ser elegida. Es muy fuerte cuando realmente crees que eres la primera opción pero termina no siendo así. Yo al menos sufrí mucho. Pero finalmente opté por el amor propio. Creo que es un proceso largo y que me va costar, pero he sufrido tanto que ya me quiero sanar. Oportunidades, de hecho, no habían faltado. Aparecían pero yo cerraba las puertas. Muchas veces me obligué a salir con otros, pero terminaba hablando de Marcelo y arruinando las citas. Mientras estuviera encapsulada en eso no servía de nada buscar a otros. Tenía que estar sana antes. Y por eso ahora quiero estar conmigo. Y hablar de esto. Siento que venimos de una generación en la que las mujeres han sido postergadas y recién ahora nos estamos empoderando en las relaciones de pareja. Y ese es mi mensaje para todas las que se han sentido así. Cuesta, pero se puede. Se tiene que poder.

Jen Salazar (41) es relacionadora pública.

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