Paula

Altas temperaturas y salud mental: por qué nos afectan más a nosotras

Las olas de calor que hemos vivido con intensidad este verano, no solo generan malestar físico, también traen efectos para la salud mental. Diversos estudios advierten que, por factores biológicos y sociales, las mujeres podrían enfrentar un impacto psicológico más intenso cuando hay calor extremo, especialmente en contextos de sobrecarga y desigualdad.

Cuando el calor se vuelve insoportable, no solo suda el cuerpo. También se acorta la paciencia. Dormimos peor, nos cuesta concentrarnos, cualquier mínimo problema se siente más grande de lo que es. Y no es solo una percepción: la evidencia científica muestra que las altas temperaturas pueden afectar la regulación emocional, aumentar la irritabilidad e incluso agravar cuadros de ansiedad y depresión.

Así lo confirma un artículo publicado en The Lancet, en el que se observó que en días con temperaturas extremas aumentan las consultas en servicios de urgencia por causas relacionadas con salud mental. Esto ocurre porque el calor extremo altera el sueño, clave para mantener el equilibrio emocional. Cuando el descanso no es óptimo, disminuye la tolerancia a la frustración y se intensifican las reacciones. En paralelo, la deshidratación y el agotamiento físico pueden amplificar la sensación de malestar psicológico.

Si bien el impacto es generalizado, las mujeres podrían experimentar efectos psicológicos más intensos y esto no es casual. Una revisión publicada en BMJ Global Health advierte que este impacto se observa especialmente en países de ingresos medios y bajos, donde influyen tanto factores biológicos como desigualdades estructurales.

¿Las razones? Son múltiples.

Por un lado, existen variables hormonales. En etapas como el síndrome premenstrual, el embarazo o la menopausia, cuando se presentan cambios en la regulación térmica y emocional, el calor puede intensificar síntomas como irritabilidad, ansiedad, insomnio o sensación de sobrecarga. En la menopausia, por ejemplo, los bochornos y las alteraciones del sueño pueden verse exacerbados por temperaturas elevadas, amplificando el impacto psicológico.

Por otro lado, los estudios también destacan factores sociales: las mujeres siguen asumiendo una mayor carga de cuidados y trabajo doméstico. En contextos de calor extremo, esa sobrecarga se vuelve aún más exigente, tanto física como emocionalmente, especialmente en hogares con menor acceso a climatización o espacios adecuados de descanso.

Para Verónica Aliaga, psicóloga clínica, experta en bienestar y docente de ADIPA, “las mujeres tenemos una mayor carga mental a nivel doméstico. No solo nos regulamos emocionalmente a nosotras mismas, sino que también regulamos emocionalmente a otras personas”, lo que acentúa el impacto del calor en el estado de ánimo.

Cuando el malestar deja de ser circunstancial

Sentirse más irritable o cansada en días extremadamente calurosos puede ser una reacción normal. Sin embargo, es importante observar señales de alerta: insomnio persistente, crisis de ansiedad, aumento significativo de conflictos o pensamientos autolesivos.

Aliaga hace énfasis en que si el malestar causado por el calor persiste, “es súper importante pedir apoyo profesional, pero también podemos tomar medidas desde la casa para prevenir. Entre ellas es importante hidratarnos y tener una buena rutina de sueño".

Esto es fundamental ya que el calor nocturno es uno de los principales detonantes del deterioro emocional. Dormir mal durante varios días consecutivos impacta directamente en el estado de ánimo, la concentración y la capacidad de autorregulación, ya que el mal dormir desequilibra las hormonas, lo que provoca que el cortisol (la hormona del estrés) aumente.

Las mujeres tienden a sufrir más insomnio que los hombres, lo cual sumado a la alta carga mental que poseen (trabajo remunerado, crianza, cuidados), puede traducirse en mayor irritabilidad, sensación de desborde y conflictos interpersonales.

Por eso, la psicóloga destaca que, además del cuidado físico, es crucial cuidar la salud mental. “Algo importante también es bajar las exigencias. De repente las mujeres somos bien autoexigentes con nosotras mismas, no nos tratamos bien y ahí tenemos que ser más compasivas y si nos vemos muy sobrecargadas, es necesario pedir apoyo”, añade.

El calor, por sí solo, no genera un trastorno mental, pero puede actuar como un factor que desregula o agrava condiciones previas.

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