Por Alejandro JofréBad Bunny y una carta de amor urgente en medio del Super Bowl
El show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl LX no fue solo un concierto abreviado. Presentado por Apple Music y escoltado por Ricky Martin, Lady Gaga y el chileno Pedro Pascal, el músico puertorriqueño ofreció un artefacto visual y un discurso político sobre la identidad latina frente a más de 170 millones de espectadores.

Hay una imagen que lo resume todo, una postal que no debería existir pero ahí está: una mesa de dominó y una hilera de cañas de azúcar instaladas sobre el pasto sagrado de la NFL.
Anoche, en el Super Bowl LX, Bad Bunny dio un breve repaso en clave de mix por sus canciones más señeras, pero acabó montando una verdadera instalación sobre migración, sueño americano y esa extraña forma de soledad que solo conocen los que han tenido que irse de casa para ser alguien.
En algo así como “el evangelio según Benito”, el llamado “Conejo Malo” apareció en medio de un cañaveral vestido de blanco impoluto, acaso como un novio que llega tarde a su propia boda.
El show arrancó con Tití me preguntó y acabó en fade out con Bad Bunny rodeado de gente coreando DtMF.
El setlist fue un ejercicio de efervescencia por el perreo -a la altura de Yo perreo sola y los trozos de VOY A LLeVARTE PA PR, Party y EoO- y la memoria selectiva.
Sobre el arreglo de cuerdas de MÓNACO, por ejemplo, el boricua habló mirando a cámara a los más de 170 millones estimados de espectadores: “Porque nunca, nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías de creer en ti. Vales más de lo que piensas”.
Frente a millones de ojos, literalmente, soltó los primeros compases de NUEVAYoL frente a una escenografía de La Marqueta, el mercado neoyorkino que hace casi un siglo funcionó como punto de encuentro para la diáspora puertorriqueña.
En el tándem El apagón/LO QUE LE PASÓ A HAWAii, la letra se volvió denuncia. Acompañado de un Ricky Martin de 54 años -que parece haber hecho un pacto con el diablo-, la canción dejó de ser un reclamo sobre playas gentrificadas para convertirse en un himno de resistencia.
“Mejor se siente ser de aquí”, gritaba Bad Bunny, y en la pantalla se proyectaban imágenes de familias boricuas. Era un recordatorio de que Puerto Rico sigue siendo una herida abierta.
Luego vino el momento del choque cultural controlado. La versión salsa de Die With A Smile protagonizada por Lady Gaga fue, tal vez, uno de los puntos más altos de la noche.
Ver a la diva del pop estadounidense intentando seguirle el paso a una clave de son caribeño fue la metáfora perfecta del 2026: el inglés ya no es el idioma oficial del entretenimiento.
También operó como un guiño directo a la música de DtMF, donde la nostalgia por lo análogo intenta sobreponerse en un mundo de algoritmos.
En ese momento, la cuenta de la NFL posteó: “The world is dancing” (el mundo está bailando).
El peso de la corona
El estadio enloqueció para BAILE INoLVIDABLE. La canción, que en el disco suena como una despedida melancólica, en vivo se transformó en la celebración de una boda.
Un matrimonio latinoamericano, donde un niño se queda dormido en las sillas de los invitados, tomó por sorpresa el centro del espectáculo.
Para la breve CAFé CON RON, Benito se movía entre bailarines con sombreros de pava, esos que usaban los campesinos boricuas, los jíbaros, antes de que la isla comenzara a exportar música para las masas.
Fue un gesto de arqueología cultural: traer al campesino colonial al centro del espectáculo más estadounidense de todos.
Para el cierre, Bad Bunny le recordó a los 70 mil espectadores en Santa Clara que “América” no termina en el Río Bravo. Por eso nombró a toda Latinoamérica comenzando por Chile.
El regreso de “La Casita” y la Nostalgia de DtMF
El show también contó con la presencia de un chileno estelar. En “La Casita” el actor Pedro Pascal fue disimulado por la transmisión oficial, pero no pasó desapercibido para las redes sociales.
Fiel a su estilo, el “Conejo Malo” escondió otras referencias que van desde lo más íntimo de su discografía hasta críticas sociales de alto calibre.
El escenario principal fue una evolución de su residencia en Puerto Rico y su álbum ganador del Grammy, Debí Tirar Más Fotos (DtMF), como un gran videoclip coreografiado hasta el más mínimo detalle.
La casita blanca utilizó una estructura que recordaba a las “paris de marquesina” (fiestas de marquesina) típicas de la isla.
Ricky Martin apareció sentado en una de las icónicas sillas blancas de plástico, un guiño directo a la portada del disco DtMF.
Entre los bailarines, hubo escenas cotidianas de la isla, como un puesto de piraguas (hielo raspado), otro de manicura y personas jugando dominó, elevando la cultura de barrio al escenario más grande del mundo.
Mensajes políticos y de identidad
Ante la tensa situación de la política migratoria en Estados Unidos durante 2026, Bad Bunny fue sutil pero contundente.
A los guiños a la diáspora puertorriqueña, sumó un mensaje masivo en las pantallas que decía: “The only thing more powerful than hate is love” (Lo único más poderoso que el odio es el amor) y sostuvo un balón de fútbol americano con la frase “Together we are America” (Juntos somos América), reafirmando que los latinos son parte integral del país.
La presencia de árboles de flamboyán y múltiples banderas de Puerto Rico fue una referencia a la Ley 53 de 1948 (Ley de la Mordaza), que en su momento prohibió mostrar la bandera boricua.
Pero el momento en que quizá entró una mugre al ojo fue el encuentro de Benito con su “yo infantil”. Bad Bunny le entregó su Grammy a un niño en un pasaje que samplea a Un Verano en Nueva York de El Gran Combo, reforzando el tema nostálgico de infancia que encajó perfecto con el gesto.
En redes, la confusión dio forma a un mito improbable y no confirmado: muchos vieron en ese niño a Liam Ramos, el menor ecuatoriano convertido en símbolo migratorio tras ser detenido por el ICE.
Fue un golpe de efecto mordaz: mientras el estadounidense promedio movía la cabeza al ritmo del dembow, Bad Bunny le estaba refregando en la cara una historia de origen y sueño americano.
Colaboraciones con sentido
Uno se pregunta qué pensaría un granjero de Iowa al ver a Lady Gaga en modo “Salsa edition”. No fue un featuring al azar. Interpretaron una versión en salsa/merengue de Die With A Smile como guiño a la versatilidad del género.
Si me apuran, tal vez haya sido una respuesta a quienes critican que el español “no se entiende”, demostrando que el ritmo es universal.
Por su lado, Ricky Martin cantó LO QUE LE PASÓ A HAWAii, una canción de Benito que critica la gentrificación en Puerto Rico comparándola con lo sucedido en Hawái.
La imagen era decidora: tener a la que quizá sea la máxima estrella del “Latin Explosion” de los 90 cantando un tema de protesta actual cerró un círculo generacional.
Al final, quedó la sensación de que el espectáculo no fue para la NFL. En ese enorme videoclip de trece minutos que fue el Halftime Show, Bad Bunny “leyó” una carta de amor urgente para los que, como él, saben que la patria es un lugar que se lleva en la maleta, aunque la maleta esté llena de discos de platino.
El espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón de Benito Antonio Martínez Ocasio -como decía el gc del comienzo del show- ya está disponible completo en Apple Music.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE











