Por Constanza PalmaHasta un billón de dólares anuales: terminar con la brecha en salud femenina podría significar un aumento en la economía mundial
Las mujeres viven más que los hombres, pero viven peor. Esa es la paradoja que revelan dos informes recientes elaborados por el McKinsey Health Institute (MHI) y el World Economic Forum. Publicados en 2024 y otro en 2025, ambos coinciden en que la brecha existente en la salud femenina sigue siendo un problema a nivel global y su costo no solo es humano, sino también económico.

Por décadas, la salud de las mujeres ha sido tratada como un asunto secundario, un territorio lleno de diagnósticos tardíos, dolor normalizado y enfermedades poco investigadas. Hoy, el informe Cerrar la brecha de salud de las mujeres: una oportunidad de un billón de dólares para mejorar vidas y economías (2024), y su actualización publicada en 2025, muestran que invertir en superar esta brecha no solo podría sumar años de vida para ellas, sino también impulsar la economía mundial.
Según el informe, al sumar el impacto de todas las enfermedades que afectan de manera desigual a las mujeres, se pierden anualmente 75 millones de años de vida saludables en el mundo. Abordar este problema mejoraría su calidad de vida y, como consecuencia, generaría efectos positivos en la sociedad: mejores condiciones de salud para futuras generaciones, mayor productividad y, en definitiva, crecimiento económico.
El informe revela que una mujer pasa, en promedio, nueve años de su vida con mala salud, muchos más que un hombre. Ese deterioro impacta directamente en su participación laboral, su productividad y su capacidad de generar ingresos. Además, la mitad de estos años ocurre durante la edad laboral, lo que significa menos participación económica y un círculo que arrastra también a sus familias. En Chile, los datos muestran que las mujeres padecen enfermedades un 28% más de tiempo que los hombres.
Daniela Paredes, presidenta de la Sociedad Profesional para la Investigación de Resultados y Economía de la Salud (ISPOR), analiza esta situación y señala que “la mujer tiende a aguantar más el dolor para no perder su trabajo o no verse negativamente afectada en su entorno laboral”.
El informe también identifica nueve condiciones representativas de esta brecha. Varias de ellas afectan la salud a lo largo de la vida: no son mortales, pero reducen de forma significativa la “salud útil”. Entre ellas destacan: menopausia, síndrome premenstrual, migraña y endometriosis.
Esto es importante porque el problema de la salud de las mujeres no se trata solo de mortalidad. Muchos sistemas de salud continúan priorizando enfermedades con alta letalidad, dejando en segundo plano aquellas que deterioran la calidad de vida y provocan discapacidades.
En el caso de las enfermedades que afectan la esperanza de vida, el informe menciona el cáncer de cuello uterino y el cáncer de mama. Aunque el cáncer de cuello uterino es menos frecuente que el de mama, causa más de 350.000 muertes al año. Reducir la brecha en su diagnóstico y tratamiento podría sumar 10 mil millones de dólares al PIB mundial cada año.
El cáncer de mama, en cambio, es el cáncer más común entre las mujeres y provoca alrededor de 670.000 muertes anuales. Si se cerrara la brecha en su atención, se podrían agregar 8.700 millones de dólares al PIB mundial cada año.
El costo económico de ignorar el problema
Los informes advierten que la brecha de salud femenina se traduce directamente en menor crecimiento económico. La salud está estrechamente vinculada a la productividad, a la participación laboral y al desarrollo de una sociedad y la evidencia es clara: el crecimiento económico de los últimos 70 años ha ido de la mano de la entrada masiva de las mujeres al mercado laboral. Ignorar su salud es, en la práctica, frenar el progreso.
En esa línea, el informe de 2024 plantea que tomar medidas para enfrentar la brecha de salud de las mujeres podría impulsar la economía mundial al agregar, al menos, un billón de dólares para el año 2040. Esto se traduce en un aumento del 1,7% en el PIB per cápita promedio generado por las mujeres. En el caso de Chile, esta cifra se traduciría en un crecimiento de más de $4 mil millones anuales en el PIB local estimado para el mismo año.
Pero las pérdidas no solo afectan al PIB, sino también a la autonomía económica de cada mujer. Debido a que enferman en mayor cantidad que los hombres, su capacidad de sostenerse y sostener a su familia disminuye, por lo que cerrar esta brecha también tendría efectos directos en la reducción de la pobreza femenina.“Cuando la mujer se enferma, no lo hace sola. La mujer acarrea un conjunto de elementos de los que el sistema de salud no se hace cargo”, explica Daniela Paredes. Esto significa que, además de su propia enfermedad, muchas mujeres deben seguir respondiendo por responsabilidades familiares y de cuidado, porque con mayor frecuencia son ellas quienes sostienen o lideran sus hogares.
La presidenta de la ISPOR destaca como un gran problema el presentismo laboral, es decir, la asistencia al trabajo a pesar de no sentirse en condiciones óptimas. Explica que “no es una solución que efectivamente contribuye a una productividad o a una fuerza de trabajo femenina sana”, por lo que hace un llamado a tener en cuenta ese dato, pues la asistencia al trabajo no siempre es sinónimo de productividad.
Por su parte, Javier Valenzuela, socio de McKinsey Health Institute Santiago asegura que es de suma importancia “mejorar el acceso a la atención adecuada según el sexo. Esto puede requerir nuevas políticas empresariales adaptadas a las necesidades de las mujeres”.
Qué hacer: el mapa para cerrar la brecha
Cerrar la brecha de salud femenina requerirá una gran inversión económica, reconocen los informes, pero no hacerlo también tiene un costo alto: vidas afectadas, economías estancadas y generaciones enteras arrastrando inequidades.
El problema parte desde la base ya que los sistemas de salud no fueron diseñados pensando en las mujeres, por esa razón persisten los diagnósticos tardíos, la poca formación en salud femenina y una investigación científica que históricamente ha excluido a mujeres y no ha considerado sus características biológicas particulares.
Para Valenzuela, un primer paso es generar conciencia. “Sin una conciencia social sobre el problema, difícilmente se pueda lograr la atracción necesaria para crear cambio”, dice. A esto suma la necesidad de eliminar la brecha en la investigación, y los informes refuerzan esa idea al insistir en la importancia de orientar los estudios hacia afecciones específicas de las mujeres o que las afectan de forma diferente o desproporcionada.
Al final, todo apunta a lo mismo: invertir en la salud de las mujeres ya sea en estudios, atención médica y/o servicios de apoyo social, puede mejorar su longevidad y calidad de vida. Y, al mismo tiempo, fortalecer la economía de un país.
__
*Contenido patrocinado por MSD Chile.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE













