Por Patricia MoralesLo probamos y nos gustó: EMFUSION y la idea de cuidar la longevidad de la piel
Más que borrar signos de la edad, este tratamiento busca acompañar a la piel en el tiempo, fortaleciendo su barrera natural para que se vea más sana y luminosa.

Apenas escuché la descripción de este tratamiento: ‘potencia la longevidad de la piel’, algo me hizo sentido de inmediato. No tanto por la palabra longevidad en sí, sino por el matiz: no hablaba de ‘devolver el tiempo’ ni de ‘borrar’ nada.
Hace rato que venimos conversando sobre la aceptación del cuerpo y el paso del tiempo. Y hay una obviedad que, aunque a veces se nos olvide frente al espejo, sigue siendo cierta: vamos a envejecer. Nuestra piel también. Intentar impedirlo nunca ha estado dentro de mis planes, porque es una batalla perdida.
Pero esto sonaba distinto. Una cosa es que la piel envejezca y otra es asumir que, porque envejece, tiene que verse opaca, inflamada o “cansada”. La idea de ‘potenciar la longevidad’ me hizo sentido como un acuerdo razonable con el ciclo natural de la vida: dejar que el tiempo haga lo suyo, pero darle una mano para que ese proceso sea sano. Que con los años, la piel no se apague, sino que siga viéndose fuerte, hidratada y luminosa.
Con esa expectativa llegué a probar EMFUSION, un tratamiento que se presenta como una tecnología enfocada en fortalecer la barrera cutánea y restaurar su función natural de protección, hidratación y luminosidad. La promesa es: una piel más resistente, menos reactiva y con mejor aspecto, sin necesidad de procedimientos invasivos ni peelings agresivos.
Según explican desde NCA, el centro donde se realiza el tratamiento, la clave está en su tecnología de resonancia DYNAMiQ, que trabaja sobre la epidermis para optimizar la absorción de activos y reactivar procesos vinculados a una barrera cutánea más sana.
Todo era bastante simple: una sala pequeña, una camilla, la máquina, y listo. Me acosté y el proceso empezó casi de inmediato. En total, dura entre 25 y 30 minutos y se organiza en cuatro etapas —exfoliar, activar, fusionar y sellar—, cada una pensada para ir preparando la piel, nutrirla intensamente y dejar una capa protectora final.
Lo que yo sentí, en palabras simples, fue algo parecido a una mini aspiradora que se desliza lentamente por el rostro. No duele. No quema. No hay esa sensación de “esto está funcionando porque está molestando”. El aparato pasa una y otra vez cambiando de función según la etapa.
El momento más impresionante llegó al final. Cuando terminó, la kinesióloga que me atendió dijo: “Ahora vamos a ver todo lo que salió”. Y sacó un recipiente con agua turbia, literalmente, lo que había salido de mi piel. Una suerte de evidencia visual (un poco brutal) de las impurezas y residuos que uno no imagina que están en tu cara hasta que los ve convertidos en agua opaca.
Ahora, un dato importante, de esos que uno agradece saber antes y no después: no es un tratamiento para hacerse el mismo día de un evento social, ya que quedas con una capa muy glow, pero también un poquito pegajosa, y esa película no se puede lavar en las próximas 24 horas.
Después de ese plazo, cuando finalmente te lavas la cara, pasa algo bastante satisfactorio: la piel se siente de inmediato más luminosa. Entiendo por qué EMFUSION se ofrece como opción “express” para épocas de celebraciones: es rápido, no es invasivo, no duele y no requiere tiempo de recuperación.
Yo, que soy mala para el skincare y los tratamientos de este tipo, al salir recordé lo rico que es sentir la piel limpia, luminosa, menos inflamada y más saludable. Así que me fui pensando que quizás, de cuando en cuando, vale la pena volver.
- Dónde: nca.cl
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