Nuestras lectoras preguntan: Me pongo siempre en el peor escenario




LA PREGUNTA:

Tengo la mala costumbre de ponerme siempre en los peores escenarios y si bien me ha servido en ocasiones porque puedo zafar muy rápido ante las adversidades, hoy por hoy siento que me hace más mal que bien porque me estreso, me siento agotada y sufro.

Lola, 39 años

LA RESPUESTA:

“Muchas veces el desgaste y cansancio se originan por el exceso de pensamiento, lo que puede conducir a demasiada preocupación que drena la energía vital. Como estos pensamientos no incluyen acciones concretas que logren un resultado, se afecta la capacidad de resolución y eso conecta con una sensación de ineficacia y, en ocasiones, de impotencia por la falta de control en las situaciones que se enfrentan”, comenta la psicóloga interpersonal Claudia Pinto Rebello (www.claudiapintorebello.com).

Sostener estados de alerta permanente también repercute en el cuerpo, pues se eleva el cortisol (la hormona que se secreta en momentos de estrés) y se ve afectado el bienestar. Cuesta relajarse, descansar y recuperarse. “Cabe mencionar que esto ocurre más en personas perfeccionistas, detallistas, con estructuras de funcionamiento más rígidas y que necesitan tener todo bajo control. Estas personas tienden más fácilmente a pensamientos centrados en el futuro, fantasiosos e incluso más catastróficos”, contextualiza la psicóloga.

Volver al presente

Vivir en el futuro te desconecta inmediatamente de la realidad del presente. Inevitablemente se comienza a vivir una fantasía, aquello que no ha ocurrido y puede que nunca suceda. “Toda la energía de esta persona se centra en la ideación de este supuesto futuro, que existe solo en el pensamiento. La mente genera escenarios hipotéticos de aquello que podría llegar a suceder y como no hay certeza de la veracidad de estos eventuales escenarios, se activa la inquietud por sentir que no se tiene control al respecto y eso incrementa la ansiedad”, explica Claudia.

Una herramienta para salir del estado de sobre pensamiento y volver al momento presente es la respiración. “Cada emoción tiene un ritmo respiratorio asociado, entonces si me hago consciente de mi respiración, puedo regular mis emociones. Basta con realizar una respiración lenta, larga y profunda, donde la misma cantidad de aire que entra al inhalar, salga al exhalar, para lograr aquietar la mente. La respiración consciente permite reconectar con el cuerpo y el ahora”, concluye la especialista.

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