Por Nicolás QuiñonesLas gestiones de Núñez para acelerar el proyecto que habilita sesionar en Santiago
La presidenta del Senado se propuso un desafío: lograr que esta corporación apruebe esta semana la iniciativa que nació en 2022. Para esto, tiene dos alternativas: recabar la unanimidad de la sala, o un acuerdo de comités que representen los 2/3 de esta corporación.

Era la primera vez que veían las caras. Y fue la última.
A pesar de que hace dos años y medio tenían la orden de constituirse, fue este lunes que la Comisión Mixta recién comenzó su trabajo.
La misión de esta instancia era simple: resolver las divergencias entre la Cámara de Diputados y el Senado en torno al proyecto de ley que habilita al Congreso Nacional a tener sesiones especiales y extraordinarias en Santiago tuvo una breve sesión.
Durante 34 minutos, senadores y diputados, acompañados por los secretarios generales de ambas ramas del Congreso -Luis Rojas, del Senado; y Miguel Landeros, de la Cámara- debatieron y votaron la iniciativa presentada en 2022 por la bancada de senadores del Partido Socialista.
“Sin perjuicio de lo establecido en el artículo anterior, excepcionalmente, el Senado y la Cámara de Diputados podrán celebrar determinadas sesiones extraordinarias o especiales en la ciudad de Santiago, previo acuerdo de los comités que representen, a lo menos, las tres cuartas partes de los integrantes de la respectiva Cámara”, decía la norma que debían votar los parlamentarios.
Con esta norma visada, la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN) se embarcó en la compleja misión política de recabar una amplia mayoría en la Cámara Alta para lograr que el proyecto sea ingresado a la tabla del miércoles.
La timonel de la corporación tiene dos alternativas: invocar el artículo 94 del Senado, que permite que con el acuerdo de los comités que representen los 2/3 de los senadores -es decir, 29 de 50- pueda alterar la tabla de esa jornada, que ya está zanjada desde el jueves pasado, y que la iniciativa sea incorporada.
La otra opción es activar el artículo 95, que permite que tras el acuerdo unánime de la sala, se pueden incorporar proyectos que no figuren en la orden del día.
En ese contexto, desde el entorno de Núñez aseguran que ese trabajo prelegislativo ya está hecho, por lo que no debería haber mayores inconvenientes para que su jugada tenga éxito.
Sin embargo, al final de la sesión de la comisión, a la misma Núñez se le escuchó decir que debía hacer esas gestiones.
Como sea el caso, a la presidenta del Senado le quedan exactas 48 horas para que su plan tenga resultado.
Si es que es así, le tocará la misma misión al presidente de la Cámara, Jorge Alessandri (UDI), en dicha corporación, pues la idea de reactivar este proyecto fue, en gran medida, producto de una alianza de ambos presidentes del Congreso.
La breve sesión
Al ser la primera sesión de la sesión de la mixta, los legisladores debían votar quién sería el presidente de la instancia.
Como regla general, el mandamás de estos espacios legislativos es el presidente de la comisión ad hoc del Senado. Por eso, ya existía un acuerdo tácito para que la senadora Danisa Astudillo (PS) -presidenta de la Comisión de Gobierno-, fuera la que encabezara la mixta.
A modo de broma, el diputado Raúl Leiva (PS) manifestó: “Debiéramos revolucionar y elegir a un diputado”. Sin embargo, la senadora socialista terminó siendo nombrada de forma unánime.
Luego de una ronda de intervenciones en que todos los parlamentarios intervinieron, a excepción de Leiva, Astudillo recabó el acuerdo de la mixta para que votaran en esa misma sesión, con el objetivo, según dijo, “de no seguir dilatándolo”.
A pesar de algunas aprensiones del senador Ignacio Urrutia (republicano), quien estuvo reemplazando a su par de bancada, Renzo Trissoti, respecto de la capacidad física que tendría la sede de Santiago para albergar las sesiones, la mixta aprobó el proyecto por unanimidad.
De hecho, una de las impulsoras de la iniciativa, la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), -que fue a la sesión sin ser parte de la mixta- le respondió a Urrutia, remarcándole que “se puede”.
Otro de los argumentos para defender la iniciativa vino del timonel de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri (UDI), haciendo alusión que la sede que tiene el Parlamento en la capital ya recibió a las dos convenciones constitucionales, además de defender que este poder del Estado “no puede estar amarrado a Valparaíso”.
El diputado Gonzalo Winter (FA), por su parte, remarcó que ante cualquier imponderable que pueda ocurrir en Valparaíso, el Congreso no podría quedar sin aprobar los nombramientos que aprueban a distintas institucionales -como el Poder Judicial- o renovar el estado de excepción constitucional que rige tanto en la Macrozona Norte como en la Sur.
Finalmente, los ocho parlamentarios miembros de la mixta, que además de los previamente mencionados, estuvieron el senador Miguel Becker (RN) y los diputados Bernardo Salinas (ind. -PC) y Claudia Mora (RN), aprobaron la iniciativa.
Con el texto despachado, desde la mesa del Senado aseguran que intentarán poner el proyecto en la tabla de este martes, para que continué con su tramitación, y votación final, en la Cámara de Diputados.
El ruido en la Cámara
Fue precisamente en esta rama del Congreso en que la iniciativa encendió la alertas.
La semana antes pasada, en medio de la discusión de del proyecto que amplía la hipótesis de tráfico de migrantes, el diputado Sergio Bobadilla (UDI) tomó la palabra, pero no para referirse a la iniciativa.
En una intervención que no estuvo amparada en el reglamento de la corporación, el parlamentario gremialista alzó la voz para mostrar su disconformidad.
“Este tema no es menor porque es un intento de trasladar este Parlamento a Santiago y me gustaría que usted, señor presidente, pudiera informarnos a la sala si es efectivo esto que me han comentado durante la mañana”, alegó Bobadilla, quien fue advertido por el vicepresidente de la Cámara -que en ese momento estaba conduciendo- Felipe Camaño (ind. -DC), que no era punto de reglamento, pero que de igual manera iban a revisar el punto hecho por el gremialista.
Sin embargo, Bobadilla encontró una aliada al interior de la sala: la diputada Pamela Jiles (PDG)
“Aquí parece haber una maniobra bajo cuerda sobre la cual yo creo que la mínima responsabilidad de la mesa, presidente, y de la Secretaría General sería que no nos informáramos por la prensa de una cuestión que tiene una importancia enorme para el país”, fustigó Jiles.
La diputada Emilia Schneider (FA), por su parte, cargó contra sus pares al interior de la sala.
Junto con alegar que las intervenciones no se ajustaban a reglamento, la jefa de bancada del FA apuntó contra los parlamentarios que representan a la Región Metropolitana.
“Yo no calificaría una operación política. Estamos hablando solamente de la posibilidad de sesionar un día en Santiago. Que, ojo, para mucha gente de regiones extremas también puede ser más beneficioso porque el aeropuerto, les cuento, está en Santiago y luego del aeropuerto hay que venirse a Valparaíso”, añadió Schneider.
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